El grupo de enfermedades que generan la inflamación del hígado. A raíz de una infección por la incidencia de diversos virus, por el abuso de sustancias como el alcohol. O por fallos en el funcionamiento del sistema inmunológico que ataca por error a las células hepáticas. Es lo que, en líneas generales, se conoce como hepatitis. Sin embargo, dentro del amplio espectro de factores que desencadenan esta inflamación existen diferencias que se evidencian de manera tangible en los distintos tipos de hepatitis.
En este artículo, te contaremos en qué consisten cada una de las variantes de esta enfermedad. Cómo se transmiten, cuáles son sus principales causas, qué síntomas las delatan y qué tratamiento y medidas preventivas se recomiendan en cada uno de los distintos escenarios. Sobre todo, para evitar daños graves en el hígado o complicaciones como la cirrosis y la insuficiencia hepática en estadios más avanzados de la infección.
¿Cuántos tipos de hepatitis existen y cuáles son sus síntomas?

El hígado es el encargado de transportar y de descomponer las grasas y los desechos que están presentes en el organismo. De hecho, es el órgano más grande del cuerpo humano y pesa alrededor de 500 gramos. Y entre sus tres principales atribuciones, también destaca la función de almacenar energía. Así como su capacidad de digerir los alimentos para extraer los nutrientes esenciales que hacen posible la digestión.
Por ello, cuando el hígado se hincha y deja de funcionar correctamente por los efectos de ciertas sustancias o a causa de múltiples virus. Se presentan diversas complicaciones y problemas de salud como fiebre, dolor abdominal, vómitos, náuseas y pérdida de apetito. Que son, en esencia, los síntomas más característicos de la hepatitis.
Una enfermedad que, si bien en sus versiones virales puede prevenirse mediante la vacunación. Aún siguen trastocando la salud de más 250 millones de personas en el mundo. Aunque la manifestación de esta enfermedad puede darse tanto de manera leve y asintomática como de manera aguda y crónica. Siendo su expresión más grave aquellos casos en los que la inflamación del hígado se prolonga por más de 6 meses.
De cualquier forma y en aras de tener un panorama más claro sobre las causas e indicios de esta infección. Te presentamos a continuación las principales diferencias y particularidades que existen entre los distintos tipos de hepatitis:
Hepatitis A

Se trata de una de las versiones más comunes de la hepatitis infecciosa. Sin embargo, a diferencia de la hepatitis B y C. Que, de acuerdo con estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, también tienen una alta prevalencia en el mundo. La hepatitis A por lo general no genera mayores complicaciones. De hecho, quienes contraen esta variante de la enfermedad suelen recuperarse por sí solas en el transcurso de unas pocas semanas. Únicamente bebiendo abundante líquido y guardando reposo en casa.
Su principal vía de transmisión o de contagio es través de la ingesta de alimentos o bebidas contaminadas. Las cuales en el caso de los entornos familiares suele estar muy relacionado con un deficiente lavado de manos por parte de las personas que cocinan. Aunque el consumo de agua con restos de heces también puede dar origen a una potencial infección.
No obstante, como avanzamos en líneas anteriores. Este tipo de hepatitis no suele ocasionar daños duraderos y, por lo general, se cura antes de los 6 meses. Sin necesidad de hospitalización o de la toma de medicamentos. Debido a que la fiebre, la diarrea y el malestar general, son los síntomas más comunes. Con una mayor prevalencia en adultos y en personas que viven en condiciones precarias o en regiones empobrecidas.
Hepatitis B

Es una de las inflamaciones del hígado más peligrosas y contagiosas que existen. Pues a diferencia de la hepatitis A. Quienes contraen hepatitis B, son más propensos a desarrollar una infección persistente y de naturaleza crónica en el hígado. Sobre todo, en los estadios más avanzados de la enfermedad. En los que se puede requerir desde la toma de diversos antivirales como entecavir, tenofivir, lamivudina y adefovir. Hasta trasplantes hepáticos en casos más graves.
Incluso, debido a que el virus de la hepatitis B se transmite a través de las relaciones sexuales. Mediante el contacto directo con fluidos infectados. También se le considera una enfermedad de transmisión sexual. Ante la cual corren un mayor riesgo de contagiarse los bebés de madres infectadas con el virus. Así como las personas que consumen drogas por vía intravenosa.
El dolor abdominal, la orina oscura, la fiebre, el color amarillento de la piel, la pérdida de apetito y el dolor en las articulaciones. Constituyen varios de los principales síntomas que desarrollan los pacientes bajo estas condiciones. Sin embargo, en un menor porcentaje de casos también se puede padecer de forma asintomática.
Hepatitis C

Al igual que la hepatitis B, la hepatitis C, es uno de los tipos de hepatitis más frecuentes. Pero a diferencias del resto de las versiones virales. Esta variante se transmite por contacto de sangre con sangre. Por lo que las personas que suelen compartir agujas o jeringas son más propensas a contraerla. Así como todas aquellas personas que suelen recibir transfusiones de sangre en servicios de atención sanitaria poco seguro. Sin análisis previos de la sangre que se está administrando.
De hecho, de acuerdo con cifras de la OMS, se estima que al menos 50 millones de personas desarrollan esta infección crónica a nivel mundial. Siendo el material médico no higienizado y las prácticas sexuales sin protección los principales factores de riesgo. Aunque las personas que practican el sexo anal o durante la menstruación también tiene una mayor probabilidad de enfermarse. Al igual que todos aquellos pacientes que sufran de VIH.
Hasta la fecha, no se cuenta con una vacuna eficaz para prevenir la hepatitis C. Por ello, la mayoría de los especialistas hacen especial hincapié en el diagnóstico precoz y en la práctica de relaciones sexuales con protección. Evitando compartir cepillos de diente, afeitadoras y diversos artículos de aseo personal. De la mano con la toma de medicamentos antivirales para eliminar el virus durante 8 o 12 semanas. En función de los síntomas o complicaciones que presente cada paciente.
Además, es preciso acotar, que entre las hepatitis de naturaleza viral. Esta es la más severa de todas. Debido a que conlleva un mayor riesgo de muertes y afecciones colaterales. Aunque el 95% de las personas se curan tras recibir tratamiento.
Hepatitis D

Consiste en uno de los tipos de hepatitis más inusuales del mundo. Pues la persona en cuestión solo puede infectarse cuando ha adquirido previamente el virus de la hepatitis B. Por lo que podría decirse que la hepatitis D, es como una especie de doble infección que desencadena daños o inflamación en el hígado. Su mecanismo de transmisión o de contagio es muy similar al de la hepatitis B. Así que el contacto directo con sangre o los fluidos corporales de una persona infectada es la principal forma en la que se propaga el virus.
Todas estas consideraciones, hacen que se le catalogue como un caso de sobreinfección. En el que complicaciones como la cirrosis. En donde el hígado experimenta una significativa lesión hepática de carácter crónico que deja notables cicatrices. Se hace más frecuente. Lo cual puede llegar a favorecer el desarrollo de cáncer de hígado.
De acuerdo con portales de salud como Medline Plus. Se estima que alrededor de 15 millones de personas en el mundo contraen esta enfermedad viral. Sin embargo, siguiendo al pie de la letra un tratamiento con interferón alfa por un periodo de 12 meses. Esta variante del virus, antiguamente conocida como agente alfa, también puede cesar.
Hepatitis E

Al igual que la hepatitis A, la hepatitis E es uno de los tipos de hepatitis que se transmite por vía fecal-oral. Especialmente, mediante el consumo de agua contaminada. No obstante, a diferencia de la variante más común de esta enfermedad. Hasta la fecha no existe una vacuna para prevenir el contagio por el virus de la hepatitis E. Por lo que extremar las medidas de higiene y evitar el consumo de alimentos no contaminados. Es lo más recomendable para evitarla.
Este tipo de inflamación en el hígado tiene una mayor prevalencia en zonas del mundo como Asia oriental y meridional. Y en la fase inicial de la enfermedad genera náuseas, fiebre leve, dolor en las articulaciones y dolor abdominal. Pero, tal y como ocurre con la hepatitis A, su contagio, no genera una afección crónica en el funcionamiento del hígado.
Así que más del 50% de los afectados se recupera satisfactoriamente de manera espontánea y en un plazo de dos a seis semanas.
Hepatitis F

Es la infección del hígado más infrecuente de todas. De hecho, solo se ha documentado en la India, en Reino Unido, en Italia y en Francia. Es decir, que los registros epidemiológicos de esta enfermedad son relativamente escasos. Sin embargo, al igual que otras variantes del virus, se sabe que la hepatitis F se transmite a través de la exposición a sangre y a hemoderivados contaminados. Aunque inicialmente se llegó a confundir con una variante más del virus de la hepatitis B.
La ictericia, el dolor abdominal, la fatiga y la falta de apetito. También de destacan como los signos más distintivos de esta afección.
Hepatitis G

Como parte de una de las últimas clasificaciones de los tipos de hepatitis de naturaleza viral. La hepatitis G también conocida como virus GB-C. Es otra de las variantes de este largo listado de infecciones que comprometen el óptimo funcionamiento del hígado. Pero, a diferencia de la A, la B y la C entre las que se contabiliza el mayor porcentaje de los casos. Esta manifestación del virus es escasa y se desconoce aun buena parte de sus efectos en el organismo.
No obstante, se sabe que se presenta como agente coinfeccioso de la mano con otros virus. Como el VHB, el VHC, el VIH y muchos otros patógenos.
Hepatitis alcohólica

Se trata de la hepatitis que es provocada por la ingesta excesiva de alcohol. Es decir, que no se concibe como un único cuadro clínico. Sino que presenta diversos estadios y niveles de afección dependiendo del grado de alcohol que consuma cada paciente en un tiempo o momento dado. Sin embargo, debido a la tendencia al alza que tiene la población masculina en este sentido. Se estima que los hombres son quienes encabezan este tipo de casos.
No obstante, es en esencia una inflamación o daño inducido. Así que tras interrumpir o suspender la adicción hacia este tipo de sustancias la mayoría de las personas logran recuperarse. Aunque la ictericia, la inflamación abdominal y la pérdida de la función cerebral. Suelen persistir durante varios meses o semanas. Debido a que el hígado no logra eliminar las toxinas de manera eficaz.
Los tratamientos en estos escenarios pasan por la abstinencia total. Hasta el uso de corticoides y hospitalizaciones en los casos más graves. Pues la hepatitis alcohólica aumenta el riesgo de cirrosis y de muchas otras complicaciones hepáticas.
Hepatitis tóxica

Es una afección en el hígado que se produce por la inhalación o exposición a sustancia o productos químicos. Tales como insumos industriales, venenos, hierbas, medicamentos y suplementos prescritos o adquiridos como parte de la venta libre. Básicamente, porque el hígado es el encargado de descomponer todas esas toxinas. Y al no poder hacerlo por la exposición constante o excesiva a dichos productos, deja de operar correctamente.
Este es uno de los tipos de hepatitis que puede detectarse mediante análisis de sangre. Aunque en algunos casos también aparecen síntomas clínicos muy parecidos a los que hemos referido a lo largo de este artículo.

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