Cuando se trata de identificar y comprender el por qué de un comportamiento irregular en niños o en adultos. En donde prevalece la impulsividad y la falta concentración. El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es uno de los problemas más comunes que presenta la población mundial. Esto, de la mano con la depresión y la ansiedad, que son otros de los síntomas característicos de dicha afección. De hecho, de acuerdo con reportes de las OMS, se estima que al menos un 8,8 % de la población vive con TDAH. Y solo un 3% de los casos es diagnosticado de forma oportuna, en lo que respecta a España.
Por ello, si eres padre y notas que tu hijo es demasiado inquieto o que tiene dificultades en su desempeño escolar. Que se manifiestan en problemas para relacionarse de manera asertiva con sus compañeros de clase. O en complicaciones para seguir las instrucciones que le da su maestra tanto en la escuela como en casa. Habla con un especialista y explícale todo lo que está ocurriendo para descartar o confirmar cualquier trastorno de conducta de forma temprana. Sobre todo, para que el niño reciba el tratamiento indicado y logre ser un adulto funcional.
Quédate con nosotros y descubre todos los detalles sobre esta condición que, si bien no tiene cura. Puede controlarse de forma eficaz y oportuna con la asesoría de profesionales de salud mental.
¿Qué es el TDAH?

Como su nombre lo indica el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, mejor conocido como TDAH. Es una afección neurobiológica que se caracteriza por generar problemas de concentración y de tranquilidad en los niños. Impactando de forma negativa en su proceso de aprendizaje, en su socialización y en su rendimiento académico. Aunque claramente, los adultos también pueden padecerlo en un estadio más avanzado. Enfrentando diversos inconvenientes en su entorno laboral por no atajar dicha complicación desde la infancia.
De hecho, este tipo de alteración, es uno de los principales motivos de consulta en psiquiatría infantil. Además, por lo general, es más frecuente en varones que en niñas. Debido a que alrededor de 9% de los casos confirmados con TDAH corresponde a perfiles masculinos. Mientras que solo un 3,3% se asocia con niñas o con perfiles femeninos. Sin embargo, en ambos casos, el afectado presenta dificultades para prestar atención e impulsividad. Dos patrones de conducta que le impiden hacerse cargo de las tareas que se le asignan en la escuela con normalidad.
Y, por supuesto, estos retos hacen que a la larga, el pequeño sufra de baja autoestima o de rechazo por parte de sus compañeros. Haciendo que experimente cambios constantes en su estado de ánimo que lo lleven a pasar del entusiasmo, a la tristeza o a la ansiedad de un momento a otro. Así como a adoptar comportamientos agresivos e irritables que solo le traerán problemas.
Síntomas de la afección

Identificar el TDAH no siempre es una tarea sencilla. Debido a que por ser la niñez la etapa en la que se manifiestan sus primeros síntomas. Específicamente, a partir de los 3 años en adelante. A menudo suelen confundirse los signos distintivos de dicha condición con las típicas travesuras de los niños. Aunado a ello, es preciso acotar que, no en todos los casos se presentan las mismas características. Algunos niños solo son más inquietos o desorganizados que otros. Mientras que otros pueden simplemente fantasear demasiado y ser algo olvidadizos.
Es decir, que las señales o indicios de TDAH pueden ser tanto leves como moderados. Por ello, es indispensable que los padres aúnen esfuerzos con los docentes y los psicopedagogos del colegio. Con el fin de confirmar o descartar dicho trastorno que, en líneas generales, se distingue por los siguientes síntomas:
- Dificultades para organizarse y establecer prioridades.
- Incapacidad para controlar ciertos impulsos y para respetar el tiempo de participación de sus compañeros.
- Hablar demasiado con otros, en lugar de enfocarse en sus tareas.
- Interrumpir constantemente a sus padres mientras hablan con otras personas sin pedir permiso o respetar el derecho de palabra.
- Experimentar baja tolerancia a la frustración.
- Dejarse llevar por arrebatos de último minuto.
- Sufrir de constantes cambios de humor. O pasar de la alegría al nerviosismo sin razón aparente.
- Dificultades recurrentes para terminar las tareas a tiempo.
- Problemas para llevarse bien con otros niños de su edad.
- Insomnio, impaciencia y estrés sostenido.
- Exceso de actividad y de energía a lo largo del día.
Estas, son tan solo algunas de las señales frente a las cuales debes estar pendiente. Teniendo en cuenta que, por lo general, los niños suelen ser más hiperactivos, mientras que las niñas tienden a ser menos atentas.
Tipos de TDAH

Aparte de las manifestaciones esbozadas en el ítem anterior. Debes saber que, en función de la gravedad de los síntomas y de la edad que tenga el paciente. El TDAH puede clasificarse en al menos tres subtipos:
Falta de atención predominante

Dentro de esta clasificación, como su nombre lo indica, el fallo de conducta que prevalece es la falta de atención. En donde al niño o al adulto se le hace mucho más difícil centrarse en los detalles. Por lo que comete errores en la realización de los diversos trabajos escolares. Debido a que está más pendiente de juegos y de lo que ocurre a su alrededor, que de las labores que se le asignan.
Aunado a ello, en lo concerniente a este patrón, el individuo parece no escuchar lo que se le dice. Incluso cuando las instrucciones son claras y personalizadas. Además, evita cumplir con actividades que demanden de un mayor esfuerzo mental. Optando por distraerse con juguetes o elementos innecesarios.
Hiperactividad e impulsividad

El TDAH que se inscribe en este apartado, es el típico niño inquieto que no se mantiene tranquilo ni un solo instante en el asiento. Básicamente porque le cuesta mantenerse sentando en un solo sitio. Y necesita estar en constante movimiento para drenar la sobre carga de energía que tiene en su interior. Además, destaca por ser sumamente hablador, por treparse de los árboles, por dar respuestas apresuradas y por interrumpir a otras personas en las conversaciones.
Es decir, que tiene marcadas dificultades para esperar su turno y se entromete sin previo aviso en temas que no le corresponden.
TDAH combinado

Se trata de un mix en lo que respecta a dicha alteración. Así que en estos casos el niño presenta tanto problemas de atención como de hiperactividad. Aunque claramente, los síntomas pueden cambiar con el paso del tiempo y agravarse más un patrón que otro. Sin embargo, bajo ambas consideraciones traerá inconvenientes para quien lo padezca.
Causas y factores de riesgos

Las razones por las que se produce esta afección aún están en estudio y continúan las investigaciones para dar con las causas exactas. Así como con los mecanismos que ayuden a mejorar la formas de manejar el TDAH. O de reducir las probabilidades de padecerlo. Sin embargo, se tienen plenamente identificados ciertos factores de riesgos que favorecen su desarrollo. Especialmente, los genéticos.
Por ello y en aras de que trabajes en la prevención, evitando el contacto con dichos agentes. Te presentamos los detonantes más comunes de este trastorno:
- Predisposiciones genéticas por familiares directos que padezcan o hayan padecido de esta alteración en la niñez.
- Lesiones cerebrales, a raíz de un traumatismo o accidente.
- Excesiva exposición a toxinas ambientales como el plomo, presente en pinturas y en las tuberías de edificios antiguos.
- Tabaquismo o consumo de drogas o alcohol durante el embarazo.
- Nacimiento prematuro o bajo peso al nacer.
Es decir que, llegados a este punto, podemos descartar por completo mitos populares. Sobre todo, aquellos que le adjudican el origen de este problema al consumo de azúcar. O a la excesiva exposición a las pantallas que, si bien son perjudiciales. No son la causa del TDAH.
Complicaciones propias de esta condición

Aunque a simple vista parezca un trastorno natural de la infancia. Diagnosticar, atender y controlar el TDAH desde temprana edad, es fundamental para evitar problemas mayores a largo plazo. Debido a que sus síntomas pueden agravarse y trastocar el normal desenvolvimiento de cualquier persona. Al punto de perjudicarle en su entorno laboral y en su desempeño académico a lo largo de toda su vida.
Así que para que estés consciente de la magnitud de la alteración y de los inconvenientes que podría acarrear. Te presentamos las complicaciones más comunes que genera el TDAH:
- Bajo rendimiento académico y malas relaciones con otros niños.
- Mayor riesgo de accidentes y lesiones por hiperactividad e incapacidad de quedarse quieto en un solo lugar.
- Tendencia a desarrollar baja autoestima.
- Mayor riesgo de caer en consumo de drogas o en alcoholismo.
- Mayores probabilidades de rechazo entre compañeros y adultos.
¿Cuál es el tratamiento indicado en estos casos?

Como avanzamos en líneas anteriores, el TDAH es una alteración neurobiológica que no tiene cura. Sin embargo, con la ayuda de los padres, los docentes y los expertos en salud mental. El niño puede mejorar y aprender a sobrellevar la condición. Por lo que es indispensable controlar las emociones y comportamientos asociados al trastorno en sus estadios iniciales.
En ese orden, algunos de los recursos que podrían servir para controlar los niveles de hiperactividad y para revertir el déficit de atención son los siguientes:
- Medicamentos. Existen fármacos que ayudan a agudizar o a activar la capacidad de cerebro para prestar atención. Así que, en casos en los que predomina el patrón de falta de concentración, serán sumamente útiles. Debido a que también favorecen la calma y el autocontrol.
- Terapia conductual. Acudir a sesiones con el psicólogo o con el terapeuta. Es un requisito indispensable para que este tipo de niños aprendan a manejar y a canalizar mejor sus emociones. Además, les permitirá desarrollar mejores habilidades sociales.
- Asesoramiento a los padres. La implicación de los padres constituye la piedra angular en todo este proceso. Por ello, apenas sospechen que sus hijos pudieran estar cursando por algún tipo de TDAH, deben buscar asesoría profesional.
- Apoyo en la escuela. Los maestros también son una pieza clave en todo este proceso. Por ello, su colaboración, supervisión y acompañamiento es vital, para encarrilar las dinámicas de aprendizaje.

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