Son muchas las enfermedades e infecciones de transmisión sexual que pueden causar complicaciones y problemas de salud en la mujer. La clamidia y la gonorrea son algunas de ellas. Debido a que pueden llegar a alterar el funcionamiento de los órganos reproductivos femeninos. Ocasionando desde dolor crónico a la hora de sostener relaciones sexuales, hasta embarazos ectópicos e infertilidad. Especialmente, como parte de los efectos colaterales de la enfermedad inflamatoria pélvica.
En este artículo, te explicaremos en qué consiste esta infección. Cuáles son los principales hábitos o factores que aumentan el riesgo de contraerla. Y ante qué síntomas debes estar alerta para acudir a un especialista y recibir tratamiento de forma oportuna. Acompáñanos y descubre cómo se diagnostica esta afección y cómo protegerte ante estas y muchas otras amenazas llevando una vida sexual más segura y responsable.
¿Qué es la enfermedad inflamatoria pélvica?

También conocida como inflamación pélvica a secas. La enfermedad inflamatoria pélvica o EIP es una infección polimicrobiana que tiene lugar en los órganos reproductivos femeninos. Impactando específicamente, en órganos como el cuello uterino, el útero, los ovarios y las trompas de Falopio. En donde la incidencia de diversas bacterias suele desencadenar múltiples complicaciones. Especialmente, en los estadios más avanzados de la afección.
De hecho, de acuerdo con el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Se estima que una de cada 8 mujeres con antecedentes de EIP, presenta dificultades para quedar embarazada. Debido a que uno de los principales efectos colaterales de este síndrome clínico derivado de enfermedades de transmisión sexual como la clamidia, es la infertilidad.
Básicamente, porque las bacterias implicadas en esta infección pueden llegar a causar daños irreversibles en el aparato reproductor femenino. Especialmente, cuando la enfermedad inflamatoria pélvica no se diagnostica de forma temprana. Bien sea porque la mujer no experimenta síntomas en los estadios iniciales o por una manifestación relativamente leve del problema.
Lo cual termina haciendo que la afectada solo se percate de la irregularidad a largo plazo. Ante persisten dolores pélvicos o cuando se presentan complicaciones a la hora de intentar concebir un bebé.
¿Por qué se produce esta infección?

Existen muchas bacterias que pueden alterar el funcionamiento del tracto genital femenino. Tener relaciones sexuales sin protección o compartir la vida con una pareja promiscua. Constituyen dos de los principales factores de riesgo para contraerlas. Sobre todo, cuando se trata de enfermedades transmisión sexual altamente contagiosas como la gonorrea y la clamidia. Que, al no ser diagnosticadas y tratadas de manera oportuna, suelen desencadenar graves problemas de salud.
Aunque, el periodo de la menstruación, el trabajo de parto y la disposición de un dispositivo intrauterino. También son otros escenarios menos comunes en los que diversos patógenos pueden ingresar al aparato reproductivo femenino o al cuello uterino. Lo cierto es que, son muchos los factores de riesgo que aumentan las probabilidades de contraer una enfermedad inflamatoria pélvica.
A continuación, te presentamos algunos de los más comunes y recurrentes en la vida de muchas mujeres:
- Ser menor de 25 años y llevar una vida sexual activa.
- Tener una enfermedad de transmisión sexual y no recibir tratamiento en fases tempranas.
- Sostener relaciones sexuales sin protección y con múltiples personas en un corto periodo de tiempo.
- Compartir la vida sexual con una persona o pareja promiscua.
- Usar duchas vaginales o lavarse la vagina con excesiva regularidad.
- Llevar un dispositivo intrauterino como método anticonceptivo. Aunque el riesgo sea relativamente mayor únicamente las primeras tres semanas.
- Y, por supuesto, a raíz de haber tenido EIP más de una vez.
¿Cuáles son sus principales síntomas?

Si bien los signos de la enfermedad inflamatoria pélvica pueden variar mucho de una mujer a otra. O desarrollarse de manera sutil o moderada en diversos casos. Existen claros indicios que advierten una significativa anomalía en la operatividad del aparato reproductor femenino. Sobre todo, cuando la ETS de base no es atendida de forma diligente.
Veamos pues, cuáles son los signos y síntomas más frecuentes y característicos que te ayudarán a identificar el desarrollo de esta infección polimicrobiana:
- Dolor de leve a moderado en la parte baja del abdomen y la pelvis.
- Fiebre acompañada de escalofríos.
- Flujo vaginal inusual o abundante. Con un olor relativamente desagradable.
- Dolor y sangrado vaginal al tener relaciones sexuales.
- Sensación de ardor al orinar.
- Y sangrado excesivo durante los períodos menstruales.
¿Cuándo consultar al médico?

Si presentas cualquiera de los síntomas que hemos referido en el apartado anterior. O si sospechas que tú o tu pareja han sostenido relaciones sexuales con personas portadoras de una enfermedad de transmisión sexual. No dudes en ponerte en contacto o en hacerte examinar por un profesional de la salud. Especialmente, si notas la aparición de llagas inusuales o de secreciones vaginales con mal olor. Pues estas dos manifestaciones, son claros indicios de que algo no anda bien en la estructura pélvica.
Además, otras de las señales frente a las cuales debes solicitar con urgencia la asistencia de un especialista. Se resumen en los siguientes escenarios:
- Náuseas, vómitos e incapacidad de retener líquidos.
- Fiebre superior a los 38 °C.
- Dolor intenso y persistente en la parte baja del abdomen.
- Y micción dolorosa o excesivo sangrado menstrual.
¿Cómo se diagnostica?

Hasta el momento no existe una prueba en específico para diagnosticar con precisión la enfermedad inflamatoria pélvica. Sin embargo, en base a la sintomatología que refiera el paciente y teniendo en cuenta los resultados de diversos análisis de sangre y de orina. El ginecólogo podrá confirmar o no, la presencia de una potencial infección por una subyacente enfermedad de transmisión sexual.
Aunado a ello, otros datos y exámenes que serán de gran valor para determinar el desarrollo de cualquier irregularidad en este sentido. Son los siguientes:
- Revisión de la historia clínica y de antecedentes familiares. Mediante los cuales el médico ahondará en los hábitos sexuales de la paciente y en los métodos anticonceptivos que ha utilizado. Así como en las infecciones de transmisión sexual que ha padecido en años anteriores.
- Examen pélvico. Como parte de las pruebas físicas que le permitirán al especialista detectar cualquier sensibilidad e hinchazón en la región pélvica. A través del empleo de hisopos de algodón para extraer una muestra de los fluidos de la vagina y del cuello uterino.
- Ecografía transvaginal. Con el fin de obtener imágenes más claras del estado en el que se encuentran los órganos reproductivos como los ovarios, las trompas de Falopio y el cuello uterino.
- Como parte de los recursos quirúrgicos por los que podría apostar el médico para observar el interior del abdomen y la pelvis. En casos de que las pruebas anteriores no ofrezcan resultados suficientes para emitir un diagnóstico concluyente.
- Y una biopsia endometrial. En todos aquellos casos en lo que se requiera extraer una muestra del tejido que recubre el útero. Con el fin de determinar si existen signos de infección o de inflamación.
¿Es posible prevenirla?

Al ser uno de los efectos secundarios más graves y comunes de enfermedades de transmisión sexual sin tratar. Claramente la enfermedad inflamatoria pélvica es una infección polimicrobiana que se puede prevenir. Especialmente, siendo más selectivos y tomando medidas de protección contundentes a la hora de tener relaciones sexuales.
Por ello, algunas de las precauciones y consideraciones que te sugerimos tener en cuenta para reducir el riesgo de padecer de este síndrome clínico, son las siguientes:
- Usa preservativo y reduce el número de parejas con las tengas encuentros casuales.
- Conversa con tu médico sobre el uso de los métodos anticonceptivos de barrera.
- Hazte exámenes y análisis de sangre ante la sospecha de cualquier anomalía.
- Pídele a tu pareja que se haga estudios para descartar ETS.
- Descarta el uso de duchas vaginales que alteran el equilibrio bacteriano de la vagina.
¿Cuáles son los tratamientos más indicados en estos casos?

Las infecciones que tienen lugar en los órganos reproductivos femeninos. Por lo general, se tratan con una combinación de antibióticos y periodos de abstinencia sexual temporal. Sin embargo, hasta la fecha no existe una forma de revertir los daños ocasionados por las bacterias en el aparato reproductor femenino. De ahí importancia de apelar a un diagnostico temprano.
Debido a que mientras más tiempo se tarde una paciente en recibir tratamiento, más probabilidades tendrá de desarrollar complicaciones asociadas. Los antibióticos empleados en estos casos deben ser tomados de forma inmediata tras la prescripción médica. En base a la lectura de los análisis de sangre y tras haberse identificado de forma precisa la causa o el origen de la infección.
De hecho, después de varios días de haber iniciado el tratamiento es muy probable que el médico le de seguimiento a tu evolución. Con el fin de asegurarse de que los fármacos estén haciendo efecto y cumpliendo con su función. Por lo que seguramente te empezarás a sentir mejor al cabo de unas semanas. Aunque la duración de la terapia farmacológica la indicará el estado de salud y el avance que presente cada paciente.
Por otra parte, ante la sospecha de un embarazo estando enferma. O tras una respuesta fallida por parte del organismo ante los medicamentos. Los profesionales de salud podrían evaluar la posibilidad de hospitalizar a la afectada para que reciba antibióticos como la cefoxitina, la ceftriaxona, la doxiciclina o la clindamicina por vía intravenosa.
La mayoría de los pacientes responden bien a esta combinación de pastillas y rara vez se requiere de una cirugía para eliminar la bacteria.

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