El cansancio y los altos niveles de estrés pueden hacer que nuestros músculos se tensen más de lo normal. Sin embargo, si experimentas algún tipo de dolor muscular en el cuello de manera prolongada y sin razón aparente. Es probable que sufras de distonía cervical. Una especie de espasmo inflamatorio que impide que tengas la cabeza derecha. Aunque también suele estar asociada con patologías como la esclerosis múltiple o una notable dificultad para mover o girar el cuello.
Lo cierto es que, se trata de una afección que genera rigidez en múltiples zonas cercanas al rostro e incluso alrededor de los ojos. Comprometiendo la calidad de vida y el desenvolvimiento regular de quienes la padecen. En este artículo te revelaremos cuáles son las principales causas de este trastorno. Cómo se diagnostica, qué particularidades tiene según su tipo y cuáles son los tratamientos más recomendados para aliviar sus síntomas.
¿Qué es la distonía cervical?

Más del 70% de la población mundial, al menos alguna vez en su vida. Ha sufrido de dolores en el cuello raíz de sobrecargas físicas o como consecuencia de la adopción de malas posturas. Sin embargo, cuando este tipo de molestias se presentan de la mano de contracciones musculares involuntarias, sostenidas e intermitentes. Que le dan un aspecto torcido al cuello. Se habla de distonía cervical o de lo que comúnmente se conoce como tortícolis espasmódica.
Una enfermedad de origen neurológica que suele manifestarse con mayor frecuencia en personas de edad adulta. Especialmente, después de los 30 años y con una alta prevalencia entre las mujeres. Aunque, en términos concretos, se trata de un trastorno que también puede desarrollarse a cualquier edad. Con síntomas que empiezan a asomarse de forma gradual, hasta alcanzar un punto de estabilidad en el que las dolencias se mantienen.
El cuello, por lo general, es la zona más afectada en quienes padecen de este tipo de afección. Pero, en ocasiones, los movimientos lentos o repetitivos comprometen la funcionalidad de otras partes del cuerpo. Impactando en los músculos que participan en el movimiento de los ojos y en los músculos orofaciales que intervienen en la masticación.
Por ello y en función de las zonas comprometidas. La distonía cervical se clasifica en al menos cuatro grandes variantes. La focal que afecta únicamente una sola parte del cuerpo. La segmentaría en la que dos o más áreas se ven trastocadas. La multifocal con alteraciones musculares en dos o más zonas de manera simultánea y la generalizada que, como su nombre lo indica. Tiene una marcada incidencia en diversas partes del cuerpo.
¿Cuáles son sus principales síntomas?

Como avanzamos en líneas anteriores, la tortícolis espasmódica se manifiesta en forma de contracciones musculares. Haciendo que la cabeza se tuerza hacia diversas direcciones. No obstante, dependiendo de las zonas afectadas por la evolución de este trastorno. Sus síntomas pueden ser más o menos intensos.
Provocando desde pequeñas molestias para mover el cuello. Hasta múltiples dificultades para llevar a cabo actividades sencillas como comer, caminar, hablar y hasta dormir. Siendo aun más complejo el pronóstico de la patología, cuando se detecta en edades tempranas.
Por ello y aras de que estés atento a sus indicios. Te presentamos algunos de los síntomas que te ayudarán a identificar de manera oportuna el desarrollo de esta enfermedad de índole genético y hereditario
- Inclinación o lateralización de la cabeza.
- Desviación hacia atrás o hacia adelante.
- Posturas anormales del cuello.
- Dolores al mover la cabeza de un lado a otro.
- Posicionamiento del mentón hacia el hombro.
- Oreja inclinada hacia alguno de los hombros.
- Mentón hacia arriba.
- Temblores.
- Dolores de cabeza reiterativos.
Tipos de distonía cervical

Más allá de la incidencia y propagación de los espasmos y contracturas musculares. O de las partes del cuerpo que se estén viendo alteradas por esta afección. La distonía cervical también puede clasificarse en función de las causas que la originan.
En ese orden, es posible identificar al menos otros cuatro tipos de manifestaciones dentro del amplio espectro del trastorno. Veamos pues, en qué consisten cada uno de ellos.
Distonía cervical idiopática

Hace referencia a todos aquellos casos en los que no se logra precisar una causa exacta de la tortícolis espasmódica. O de los dolores musculares que presenta la persona en el cuello. Sin embargo, estudios recientes suelen asociar esta variante de la enfermedad con trastornos funcionales en los ganglios del sistema nervioso.
Congénita

Tal y como su nombre lo indica guarda con estrecha relación con factores hereditarios. Debido a que diversos miembros de la familia del afectado han cursado por un tipo de distonía cervical similar.
Aunque también es posible que se trate de una anomalía de nacimiento, a raíz de una mala postura del feto durante el embarazo.
Psicogénica

Pese que los síntomas característicos de este trastorno suelen ser físicos. Se ha comprobado que la salud mental juega un papel determinante a la hora de padecer ciertas variantes de la enfermedad.
Es por ello que, estar constantemente expuestos a situaciones que nos generan estrés, ansiedad o depresión. Podrían dar paso a una manifestación psicogénica de distonía cervical.
De higiene postural

Tiene que ver con todas aquellas contracciones musculares del cuello. O de zonas y músculos cercanos a la cara que se derivan de la adopción de una mala postura. Bien sea mientras estamos sentados, mientras dormimos o mientras realizamos cualquier tipo de actividad física.
Los movimientos bruscos que experimenta el cuello durante cualquiera de estos escenarios. Son cruciales a la hora de enfrentar una tortícolis espasmódica de este tipo. Por ello, es de vital importancia cuidar nuestra postura cuando estamos sentados o practicando algún deporte.
No obstante, y de acuerdo a la distribución corporal en la que se presenta la afección. También es posible identificar otras dos grandes vertientes de la distonía cervical:
- Focal. En donde solo una parte del cuerpo se vea afectada por la enfermedad. Teniendo como subvariantes la distonía laríngea y las distonías ocupacionales que afectan directamente la musculatura de la mano. Siendo más frecuentes en adultos, en músicos y en tenistas.
- Y generalizada. Con una mayor prevalencia en niños y con una tendencia a iniciarse por las piernas para luego progresar hasta el tronco.
Causas y factores de riesgo del trastorno

En la mayoría de los casos, las causas que desencadenan la distonía cervical se desconocen. Sin embargo, se sabe que está enfermedad se produce a raíz de una alteración en el sistema nervioso central. Lo cual se traduce en un mal funcionamiento de los circuitos cerebrales que controlan el movimiento. Por ello, el origen primario de las diversas manifestaciones de este trastorno se asocian con la genética y los antecedentes familiares.
Mientras que, en un segundo plano, se encuentran las distonías secundarias. Derivadas de otros factores como fármacos, alteraciones metabólicas y lesiones estructurales en el cerebro, en el cuello o en los hombros. Incluso como consecuencia de ciertas patologías hereditarias como la enfermedad de Wilson y la esclerosis múltiple.
Por ende, los principales factores de riesgo que aumentan las probabilidades de padecer este trastorno, se resumen en los siguientes puntos:
- Edad. Pese a que la distonía cervical puede padecerse a cualquier edad. Todas aquellas personas de entre 30 y 50 años, tienen un mayor riesgo de sufrir de este trastorno.
- Sexo. Si bien los hombres no están exentos de padecer de tortícolis espasmódica, las mujeres suelen tener mayores probabilidades de desarrollar la enfermedad.
- Antecedentes familiares. Tener un familiar cercano al que se le haya detectado este tipo de dolencia, duplica las posibilidades de experimentar distonía cervical. O alguna de sus múltiples variantes.
Complicaciones derivadas

Las contracciones involuntarias de los músculos que ocasiona este trastorno pueden ser realmente dolorosas. Sobre todo, cuando se extienden hacia otras partes del cuerpo comprometiendo las capacidades de deglución y del habla. De hecho, es bastante común que dichas molestias impacten en zonas como el rostro, la mandíbula, los brazos y el tronco.
Es por ello, que las personas que padecen de esta enfermedad tienen un alto riesgo de desarrollar espolones óseos. O protuberancias a lo largo de los bordes de los huesos. Además de enfrentar muchas otras molestias como entumecimiento, hormigueo y debilidad en los brazos, en las manos y en las piernas.
Sin embargo, cuando la enfermedad en cuestión sigue un curso benigno, los síntomas tienden a estabilizarse al cabo de pocos años.
Diagnóstico y tratamientos recomendados

Hasta la fecha no existen pruebas específicas o especialmente diseñadas para detectar este tipo de trastorno neurológico. Debido a que, en la mayoría de los casos, los médicos llevan a cabo una especie de diagnóstico diferencial. Con el cual, en lugar de confirmar la distonía cervical, descartan la presencia de otras enfermedades de base. Para luego analizar en detalle los síntomas que presenta el paciente. Y ver, si en efecto, coinciden o no, con las dolencias típicas de la tortícolis.
Sin embargo, como parte de los exámenes más útiles dentro de este escenario. La resonancia magnética y los análisis de sangre. Suelen brindarle al especialista un panorama más claro sobre el estado de salud de la persona. Especialmente, cuando los síntomas son persistentes.
Pero, desafortunadamente y más allá de las terapias y fármacos que ayudan a ralentizar los síntomas. La distonía cervical no tiene cura. En los casos más optimistas, el trastorno desparece por sí solo. Aunque en la mayoría de los diagnósticos se suele apelar a tratamientos paliativos. Todo dependerá de la causa que origine la afección.
No obstante, algunos recursos empleados para mejorar la calidad de vida de las personas con esta condición. Son las siguientes:
- Inyecciones con toxina botulínica. Aplicadas directamente sobre los músculos afectados del cuello, cada tres o cuatro meses.
- Terapias y masajes relajantes. Con el fin de suspender temporalmente los espasmos y ayudar a relajar los músculos. De la mano con ejercicios para aumentar la fuerza y la flexibilidad.
- Cirugías. Únicamente en casos de distonía cervical grave que requiera de una denervación periférica selectiva.
- Otros procedimientos de estimulación cerebral.

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