La disfagia se la dificultad para tragar alimentos sólidos o líquidos de manera normal. Este proceso, que debería ser natural e involuntario, se ve afectado, convirtiéndolo en una experiencia incómoda, frustrante e incluso peligrosa. Las causas son variadas y pueden afectar diferentes partes del proceso de deglución. En este artículo, te contaremos todo sobre esta afección para que sepas cómo tratarla.
Hay muchos problemas que afectan al proceso de alimentación del cuerpo humano y la disfagia es uno de ellos. Casi el 1 % de la población sufre este problema anualmente, siendo los casos un 50 % más alto en los hombres. Los casos aumentan en personas con más de 70 años y es un problema muy grave para los pacientes.
¿Qué es la disfagia?

La disfagia es la dificultad o imposibilidad absoluta de poder tragar líquidos y alimentos sólidos. También podemos tener problemas para tragar, debido a que comemos demasiado rápido. También puede ser porque no masticamos lo suficiente la comida, estos casos no suelen ser motivo de preocupación.
Esto puede tener un impacto significativo en la calidad de vida de las personas que la padecen. Dificulta la alimentación, limita la elección de alimentos y puede provocar desnutrición, deshidratación y aislamiento social.
La deglución es un proceso complejo que involucra la boca, la faringe, el esófago y el estómago. Se divide en tres fases:
1- Fase oral: La comida se mastica y se mezcla con la saliva para formar un bolo alimenticio.
2- Fase faríngea: El bolo alimenticio se desplaza desde la boca hacia la faringe. La cual es la parte posterior de la garganta, por la acción de la lengua.
3- Fase esofágica: El bolo alimenticio viaja por el esófago hasta el estómago mediante contracciones musculares.
Sin embargo, la disfagia persistente puede llegar a ser una enfermedad grave que necesita tratamiento médico. Además, un diagnóstico y tratamiento temprano puede mejorar la calidad de vida y prevenir complicaciones. Existen dos tipos de disfagia y de las que hablaremos a continuación:
Disfagia orofaríngea

Algunas afecciones pueden debilitar la musculatura de la garganta. Dificultando el paso de la comida o de la bebida de la boca a la garganta y después al esófago. También podrías sufrir arcadas, toser la intentar tragar o atragantarte. Incluso tener la sensación de que los fluidos o alimentos bajan por la tráquea o ascienden por la nariz. Esta situación puede llegar a producir neumonía.
Estas son alguna de las causas de este tipo de disfagia:
1- Cáncer. Algunos tipos de cáncer y tratamientos oncológico pueden causar estas dificultades al tragar.
2- Divertículos faringoesofágicos. También conocidos como divertículos de Zenker. Son unas pequeñas bolsas que se forman en la garganta. Suelen aparecer justo encima del esófago y recogen partículas de comida. Generan dificultad para tragar, mal aliento, gorjeos y la necesidad constante de toser o aclarar la garganta.
3- Trastornos neurológicos. Enfermedades neurológicas que pueden causar disfagia. Algunos ejemplos son la enfermedad de Parkinson, la distrofia muscular o la esclerosis múltiple.
4- Daños neurológicos. Una lesión cerebral, de médula espinal o un accidente cerebrovascular pueden generar un daño neurológico. Este daño puede producir disfagia.
5- Infecciones. La infección por el virus del herpes puede causar úlceras en la boca y la garganta que dificultan la deglución. La candidiasis o infección por hongos pueden causar lesiones en la boca y la garganta.
6- Efectos secundarios de medicamentos: Medicamentos que se usan para tratar la incontinencia urinaria y la vejiga hiperactiva, como los anticolinérgicos. Además de los medicamentos que se usan para tratar la osteoporosis, como los bisfosfonatos.
Disfagia esofágica

Es la sensación tras haber comenzado a tragar, de que los alimentos se pegan a la garganta. También se produce la sensación de quedarse en el pecho o atascados en la base de la garganta. Estas son algunas de las causas:
1- Constricción esofágica. Es un estrechamiento del esófago, haciendo que grandes pedazos de alimentos queden atrapados.
2- Acalasia. Cuando el esfínter inferior del esófago no funciona correctamente, puede hacer que los alimento retornen a la garganta. Otra posibilidad es que la musculatura de la pared del esófago esté débil. Esto puede empeorar con el tiempo.
3- Tumores en el esófago. Estos estrechan el esófago, dificultando progresivamente la tarea de tragar.
4- Espasmos difusos. Los músculos involuntarios de parte inferior del esófago sufren contracciones de forma descoordinada, ejerciendo mucha presión tras tragar.
5- Esofagitis eosinofílica. Se relaciona con alergias alimentarias y se produce por la presencia excesiva de eosinófilos en el esófago.
6- Radioterapia. El tratamiento podría llegar a causar cicatrices e inflamación en el esófago.
7- Esclerodermia. Tejido cicatrizal que debilita el esfínter esofágico inferior, esto produce que el ácido se acumule en el esófago. Además de producir con frecuencia acidez estomacal.
El pronóstico de la disfagia esofágica depende de la causa y la gravedad de la condición. En general, la mayoría de los casos de disfagia esofágica se pueden tratar con éxito.
Síntomas de la disfagia

Como la disfagia puede ser la consecuencia de enfermedades sufridas por el paciente, esta aparece más lentamente. Así se dificulta que los pacientes diferencien sus síntomas de los de la enfermedad que la produce. Estos son algunos de los síntomas y signos que pueden identificar la disfagia:
1- Dificultad para tragar: Sensación de que el bolo alimenticio se atasca en la garganta, el pecho o detrás del esternón.
2- Tos o arcadas al tragar: El bolo alimenticio irrita la tráquea o provoca arcadas.
3- Sensación de que los alimentos se pegan en la garganta.
4- Dolor al tragar.
5- Atragantamiento: El bolo alimenticio se obstruye en la garganta.
6- Regurgitación: El bolo alimenticio regresa a la boca.
7- Imposibilidad de tragar: Incapacidad total para tragar alimentos o líquidos.
8- Pérdida de peso: Dificultad para ingerir la cantidad adecuada de alimentos.
9- Deshidratación: Disminución de la ingesta de líquidos.
10- Neumonía: Aspiración de alimentos o líquidos a los pulmones.
11- Acidez estomacal: Ascenso del ácido del estómago al esófago.
12- Ronquera: Afectación de las cuerdas vocales.
13- Babeo: Incapacidad para controlar la saliva.
14- Dolor de pecho: Sensación de presión o dolor en el pecho.
15- Sibilancias: Ruidos silbantes al respirar.
16- Distensión del cuello: Agrandamiento del cuello al tragar.
17- Regurgitación nasal: Salida de alimentos o líquidos por la nariz.
Tratamiento

Los tratamientos para la disfagia varían dependiendo de la causa o el tipo de trastorno. Si sufres un caso tan grave que no te permite comer o beber, el médico puede recomendarte una sonda alimentaria. En cambio, si la afección es leve, puede recetar cambios en la dieta, ejercicios de deglución y medicamentos. Veamos más tratamientos que pueden aplicarse los distintos tipos de disfagia:
Disfagia esofágica

Estas son las diferentes maneras de abordar el trastorno:
1- Alimentación. Dependiendo de la causa principal de la disfagia, el médico puede darte una dieta especial para ayudarte con los síntomas. La dieta juega un papel crucial en el manejo de la afección. Así se adapta la textura de los alimentos a una consistencia más blanda o líquida facilita la deglución
2- Dilatación esofágica. Para pacientes que sufren acalasia o una estenosis esofágica, el especialista puede seguir el siguiente tratamiento. Usando un endoscopio, conectado con un globo especial, puede expandir y estirar con suavidad el esófago. También, puede introducir uno a más tubos flexibles que le permitan dilatar el esófago.
3- Medicamentos. El médico puede recetar medicamentos para reducir el ácido estomacal. Esto ayudaría a tratar la disfagia que se produce por la enfermedad de reflujo gastroesofágico.
4- Cirugía. Esta intervención se realizaría en caso de necesitar despejar la vía esofágica por culpa de la acalasia. También, por tumores esofágicos o divertículos faringoesofágicos.
Disfagia orofaríngea

Para este tipo de disfagia, tu médico puede derivarte a un logopeda o a un terapeuta de la deglución. La terapia juega un papel fundamental en el abordaje de este trastorno. Así se proporciona al paciente las herramientas y estrategias necesarias para mejorar su capacidad de deglutir de manera segura y efectiva. Estas son algunas de las cosas que podrías aprender durante la terapia:
1- Ejercicios de estimulación y coordinación. La terapia se centraría en la realización de ejercicios para ayudarte a coordinar los músculos de deglución. Además de estimular los nervios que provocan el reflejo de deglución.
2- Técnicas de deglución. Aprenderás como colocar la comida en la boca. Así como formas de colocar la cabeza y el cuerpo para favorecer la deglución. Estos ejercicios y técnicas te ayudarán si el origen de la disfagia es causado por problemas neurológicos. Algunos ejemplos de estas enfermedades son el Alzheimer o el Parkinson.
Cirugía

En casos más graves, como la parálisis de las cuerdas vocales, las excrecencias óseas, los divertículos faringoesofágicos o cáncer esofágico. Además, el paciente podría necesitar de cirugía para tratar los problemas de deglución. Estas son algunas de las cirugías que podrían realizarse dependiendo del origen del trastorno:
1- Toxina botulínica A. Se inyecta en el esfínter al final del esófago, mejorando la deglución al relajarse el músculo. También se usa para enfermos de acalasia.
2- Uso de un estent. El estent es tubo de metal o plástico que el cirujano puede insertar en el esófago. Este permite abrir permanentemente una obstrucción o estrechamiento. Algunos estent son temporales, pero en caso de cáncer de esófago, el estent es permanente.
3- Miotomía laparoscópica de Heller. Esta cirugía corta el músculo en el esfínter, que se encuentra en el extremo inferior del esófago. Lo cual permite liberar alimentos del estómago en personas con acalasia.

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