El correcto funcionamiento del sistema digestivo es tan importante como la operatividad de cualquier otro órgano vital. No en vano desde la ciencia se han atrevido catalogarlo como el “segundo cerebro” del cuerpo humano. Básicamente porque ejerce un rol fundamental para la subsistencia del hombre. Al ser el responsable de garantizar la óptima absorción de los nutrientes que se encuentran en los alimentos que consumimos a diario. Sin embargo, como todo sistema no está exento de fallar, ni de enfermarse, especialmente por problemas intestinales como la motilidad intestinal.
El conjunto de órganos que hacen posible la eficiente descomposición de las comidas. Tales como la boca, el esófago, el páncreas, el intestino delgado, el hígado y el intestino grueso. Pueden sufrir múltiples alteraciones por diversas causas tanto internas como externas. La ingesta de alimentos mal lavados o de productos infectados o en mal estado, son algunas de ellas. Pero también existen ciertas patologías de base, de orden multifactorial, que impiden la apropiada digestión de grasas, proteínas y vitaminas.
Pese a ello, la mayoría de los problemas intestinales más comunes, tienen solución. Y suelen controlarse mediante pequeños cambios en los hábitos alimenticios. Así como con la toma de ciertos medicamentos para sanar el estómago.
¿Qué son los problemas intestinales?

A pesar de lo que se imaginan o suponen algunos. Los problemas intestinales en adultos y en personas mayores de 50 años, son comunes de lo que se cree. De hecho, se estima que más del 15% de la población en España padece de trastornos digestivos crónicos y que 4 de cada 10 adultos en el mundo sufre de enfermedades gastrointestinales. Este tipo de afecciones, por lo general, genera malestar estomacal y se manifiesta en forma de cólicos, hinchazón, dolores abdominales, diarrea e incluso estreñimiento.
Es decir, que se consideran problemas intestinales, todas aquellas dolencias de salud que tienen lugar en el aparato digestivo. Y que impiden la correcta descomposición de los alimentos y la consecuente expulsión de los productos residuales en periodos normales. Por ende, en estos casos suele presentarse un vaciado del estómago excesivamente rápido. O una expulsión de los desechos sumamente lenta que lleva a la persona a tener dificultades para evacuar.
En el primero de los escenarios, puede que alguna comida le haya caído mal a la persona. Que algún alimento tuviera una bacteria. O que el sujeto sufra de cierta intolerancia que habría terminado por desencadenar la excesiva relajación de los músculos intestinales.
Mientras que en el caso de la dificultad para evacuar el problema. Podría asociarse con obstrucciones en el colón, con una dieta baja en fibra o con efectos colaterales de otras patologías. Tales como el Parkinson, lesiones en la médula espinal, diabetes, accidentes cerebrovasculares, alteraciones de la tiroides o etapas como el embarazo.
El punto es que, en cualquiera de dichas circunstancias si las molestias intestinales persisten durante meses o semanas. Es preciso que acudas a un gastroenterólogo para saber que está pasando en tu organismo y abordar el problema en estadios tempranos.
Problemas intestinales más comunes

Son muchas las afecciones que pueden comprometer la normalidad del aparato digestivo. Pero seguro has oído hablar de unas más frecuentes que otras. O de algunas que se suscitan en un mayor porcentaje de la población con cierta regularidad. Generando desde acidez, náuseas y estreñimiento hasta dolor estomacal, hinchazón, malestar y diarrea.
Por ello y en aras de que nos familiaricemos un poco más con ellas. Te presentaremos en detalle diez de los problemas intestinales más comunes que se diagnostican en la actualidad. Empezando por aquellos de intensidad leve o moderada que, por lo general, son más fáciles de tratar. Hasta llegar a otros de naturaleza más rara y compleja.
Veamos pues qué factores aumentan el riesgo de padecerlas y cómo identificarlas.
Reflujo gastroesofágico

Se trata de uno de los trastornos digestivos más habituales en el embarazo. Aunque bajo ese contexto, es más un tipo de acidez temporal que, con frecuencia, desparece después del parto. Esta molestia se caracteriza por la devolución del contenido del estómago hacia el esófago. Específicamente mediante el ascenso de la bilis por el esófago, lo cual produce irritamiento considerable de su revestimiento.
Sin embargo, un claro indicio de que en efecto se está ante un problema por reflujo gastroesofágico. Es tener acidez estomacal al menos más de dos veces a la semana. Otro de los síntomas distintivos de esta patología es la sensación de ardor en el pecho que, a menudo aparece después de comer o al recostarse.
Los agentes que favorecen el surgimiento de este inconveniente son el consumo excesivo de alcohol y el hábito de fumar. Al igual que las hernias en el estómago, la obesidad y el acostarse casi de inmediato tras comer. Sin embargo, es una alteración que se resuelve con cambios en el estilo de vida y con la toma de antiácidos de venta libre en las farmacias.
Síndrome de intestino irritable

Si presentas inflamación abdominal, calambres, dolores en el estómago, cólicos, gases, diarrea o estreñimiento con relativa frecuencia. Existe una alta probabilidad de que sufras del síndrome de intestino irritable. Este trastorno tiene su origen en el colón y produce alteraciones de motilidad y de sensibilidad digestiva por factores predominantemente psicológicos. Como el estrés por motivos laborales, familiares o económicos.
No obstante, en algunos casos también guarda una estrecha relación con otras patologías. Como la gastroenteritis que genera una inflamación en los intestinos y en el estómago. Así como con ciertas intolerancias alimentarias y alteraciones de orden hormonal. Pese a ello, es un problema digestivo que, en esencia, se puede evitar o contrarrestar llevando una alimentación rica en fibras y en proteínas. Y reduciendo el consumo de frituras y gaseosas.
Solo un pequeño porcentaje de la población desarrolla síntomas graves asociados a esta enfermedad.
Colitis ulcerosa

Consiste en una patología de carácter crónica e inflamatoria y se distingue por la aparición de úlceras o llagas en el tracto digestivo. Una serie de lesiones que se detectan con claridad mediante una colonoscopia con biopsia. En busca de indicios de cáncer de colón. Por lo general, los síntomas visibles de esta enfermedad emergen con el paso del tiempo y llegan acompañados con sangrado rectal.
Aunque la pérdida de peso, la fatiga, la fiebre, la imposibilidad de defecar y la diarrea con sangre. También son señales de alarma que advierten el surgimiento y avance de esta dolencia de carácter inmunitario. Sin embargo, con un diagnóstico oportuno y llevando una estricta terapia farmacológica. Es posible aliviar los síntomas de problemas intestinales como este.
Enfermedad de Crohn

Es una grave afección de tracto digestivo de naturaleza crónica y autoinmune que causa intensos dolores abdominales, diarrea y hemorragia rectal. Afecta desde la boca del estómago hasta el ano y se suscita con mayor frecuencia en el intestino delgado. Es común que manifieste en personas jóvenes, aunque puede desarrollarse a cualquier edad.
La causa de esta enfermedad aún se desconoce. Pese a ello, se cree que factores como la predisposición genética y alteraciones de sistema inmunológico de orden bacteriano. Aumentan los riesgos de padecerla. Aunado a ello y al igual que otros problemas intestinales de este tipo. Su diagnóstico se lleva a cabo mediante exámenes endoscópicos, histológicos y radiológicos.
Mientras que su pronóstico de cura aún es incierto. Solo existen tratamientos farmacológicos con inmunosupresores o antibióticos, que ayudan a reducir la inflamación del tubo digestivo y a minimizar las complicaciones.
Enfermedad celíaca

Se trata de una reacción inmunológica adversa ante la ingesta de gluten. Un trastorno hereditario que hace que entre 1% y 2% de la población mundial. Sea alérgica o intolerante al consumo de trigo, cebada, centeno y otros cereales debido a su alto contenido en dicha proteína.
La hinchazón abdominal, la intolerancia a lactosa, los gases, la diarrea, el estreñimiento, las náuseas y la pérdida de pesos. Son indicios característicos de esta patología de la que aun se desconoce su causa exacta. Aunque se sabe que solo se manifiesta en personas con ciertos tipos de genes y existe una mayor probabilidad de padecerla cuando se es mujer o se tiene Síndrome de Down.
Gastritis

Este otro de los problemas intestinales más comunes que enfrenta la población a nivel mundial. Y consiste en una inflamación del revestimiento del estómago por una infección bacteriana. Sin embargo, muchos especialistas aseguran que llevar una mala alimentación, fumar y beber alcohol en exceso. Son factores desencadenantes de esta patología, al igual que la edad, la toma de ciertos analgésicos y estrés.
Principales causas que originan estos trastornos

Las anomalías e irregularidades en el sistema digestivo y en las contracciones musculares del intestino. Se producen por una gran variedad factores que pueden ser tanto simples como complejos. Debido a que la flora bacteriana del estómago es muy propensa a sufrir alteraciones inducidas por agentes externos e internos. Además, entra en contacto con una gran diversidad de fluidos y sustancias químicas que segrega el organismo.
Sin embargo, existen variables generales que suelen avivar la emergencia de estos trastornos o agravarlos aun más, una vez diagnosticados. Estos, por lo general son una combinación de factores genéticos, inmunitarios y ambientales y se resumen en los siguientes puntos:
Infecciones bacterianas

Las infecciones en el estómago por el consumo de agua o alimentos contaminados que derivan en episodios de diarrea. Son una de las causas más comunes que generan alteraciones en los movimientos intestinales. Básicamente porque el exceso de bacterias en este entorno incide negativamente en el proceso de descomposición de los alimentos y en el trabajo que realizan los jugos gástricos.
Alteraciones en el sistema nervioso digestivo

Todo lo que ocurre en el sistema digestivo es regulado por el sistema nervioso entérico. El cual no es más que una subdivisión del sistema nervioso autónomo. Y está presente en todos los tejidos que recubre el esófago, el estómago, el intestino delgado y el colón. Es decir, que toda esa estructura está compuesta por neuronas y terminaciones nerviosas al igual que la médula espinal. Pero en este caso, son responsables de comunicar y hacer posible todo lo que conlleva el procesamiento de los alimentos.
Así que al igual que en otras instancias del organismo. Este sistema puede presentarse fallos en su funcionamiento y estas disfunciones trastocarán directamente el flujo intestinal. Provocando retortijones en el estómago e irregularidades en los movimientos que transportan el bolo alimenticio.
Altos niveles de estrés o ansiedad

Aunque parezca increíble la emociones y los pensamientos también tienen una incidencia en la salud digestiva. Por ello, estar sometido a sostenidas circunstancias de estrés y el llevar una vida excesivamente agitada. Impacta de manera negativa la actividad del intestino e incluso puede llegar a empeorar los síntomas de cualquier afección digestiva persistente.
Sobre todo, porque las situaciones de angustia y de presión hacen que el cuerpo se mantenga más alerta de lo normal y empiece a segregar más cortisol. Una hormona que como sabemos es nociva para la salud. Especialmente cuando se produce en exceso, generando irritación e inflamación en la mucosa intestinal y comprometiendo la absorción de los nutrientes.
Enfermedades gastrointestinales y reacciones del sistema inmunitario

Como parte de los factores genéticos e inmunitarios que avivan los problemas intestinales. No podemos dejar de hacer referencia a las patologías gastrointestinales. Debido a que estos trastornos son, en gran medida, una de las causas de mayor peso por las que una persona puede presentar prolongadas molestias abdominales y evacuaciones inusuales. Así como recurrentes flatulencias, hinchazón, vómito, malestar general y hasta diarrea. Ante el consumo de ciertos alimentos y en determinados estadios de la vida.
La intolerancia al gluten, la enfermedad de Crohn, el reflujo gastroesofágico, la isquemia intestinal y la dispepsia funcional. Son algunos de los mejores ejemplos de ello y deben ser tratadas por un profesional para mitigar sus consecuencias a corto, mediano y largo plazo.

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