Las afecciones respiratorias son realmente molestas y suelen alterar significativamente nuestro ritmo de vida. Sobre todo, por la sensación de cansancio, la tos, el dolor muscular y la mucosidad que las acompaña. Pero también por los jadeos, la fiebre y la dificultad para respirar al momento de realizar ciertas actividades físicas. Todos esos síntomas son típicos de una bronquitis, sin embargo, algunas personas también pueden desarrollar bronquitis sin fiebre y es allí en donde debemos estar más alertas.
En sus estadios iniciales una bronquitis suele confundirse con los efectos colaterales de un resfriado. De hecho, existe una variante de esta inflamación que se origina por este motivo. No obstante, del otro extremo está el estrechamiento de las vías respiratorias que se va gestando de forma gradual y a consecuencia de hábitos nocivos como el tabaquismo. En estos casos, la persona debe tomar conciencia. En especial, si quiere evitar que el episodio escale a una neumonía y en aras de minimizar el riesgo de sufrir de cáncer de pulmón.
¿Qué es la bronquitis sin fiebre?

La hinchazón e inflamación de la tráquea y de los conductos que transportan el aire a los pulmones. Es una dolencia muy común que se presenta durante las épocas de frío, aunque también puede suscitarse a lo largo de todo el año. Cuando se trata de una bronquitis aguda o de un resfriado de pecho, por lo general, el origen de la afección suele residir en una infección vírica.
Sin embargo, cuando la bronquitis se manifiesta sin fiebre es muy probable que la enfermedad haya estado gestándose desde hace algún tiempo. Y más si la persona afectada es fumadora o ha estado expuesta a humos y a agentes contaminantes durante un largo periodo de su vida. Por lo que, dentro de la clasificación de la patología, esta variante de la obstrucción respiratoria, recibe el nombre de bronquitis crónica.
Una inflamación que se caracteriza por causar mucha tos y problemas respiratorios a raíz de una enorme acumulación y producción de moco. Además, es el tipo de bronquitis que dura alrededor de tres meses y luego reaparece. Generando episodios de esta naturaleza, al menos durante dos o más años consecutivos. Razón por la cual demanda de una revisión médica y especializada para determinar con precisión el agente que la está originando.
Especialmente, cuando la persona es sana, practica deporte y no tiene ningún vicio como el tabaquismo.
¿Quiénes son más propensos a desarrollar una bronquitis?

Todos en algún momento de nuestras vidas podemos atravesar por un cuadro de bronquitis. Sin embargo, como ocurre frente a cualquier otra patología. Algunos grupos etarios son más propensos a ver resentida su salud por esta problemática. Y en el caso de la inflamación de los bronquios, los adultos mayores, los bebés y los niños pequeños, hacen parte de la población más vulnerable.
Básicamente, porque la mayoría de las personas que pasan de los 50 años vienen con patologías de base. O con dolencias físicas que hacen que su cuerpo y su sistema inmunológico no trabaje al 100% para defenderse de los virus que circulan en el ambiente. Por tanto, constituyen uno de los principales grupos de riesgo ante enfermedades respiratorias como la bronquitis sin fiebre y la neumonía.
Mientras que, en el caso de los bebés, sus defensas están en pleno desarrollo. Un proceso de maduración inmune que los hace más susceptibles a enfermarse a la hora de entrar en contacto con virus o bacterias. Factores o puntos débiles que también los lleva a contraer con mayor frecuencia resfriados e infecciones.
Potenciales factores de riesgo
No obstante, al momento de desarrollar bronquitis quienes trabajan muy de cerca con agentes irritantes como el cloro, el azufre o el amoniaco. Al igual que aquellos que integran la mano de obra de industrias textiles, de granos o de productos químicos. Gozan igualmente de un riesgo más alto de padecer de afecciones respiratorias como la bronquitis sin fiebre, a corto, mediano y largo plazo.
De hecho, la bisinosis, es uno de las complicaciones de salud más comunes que pueden enfrentar estas personas por la sostenida inhalación de polvo de algodón. Aunado a ello, la genética o la deficiencia de alfa-1 antitripsina. Es otro de los factores que tiene cierto grado de incidencia a la hora de sufrir bronquitis crónica.
¿Cuántos tipos de bronquitis existen y en qué se diferencian?

Como asomamos en líneas anteriores existen al menos dos tipos de bronquitis: aguda y crónica. Estas se diferencian por su origen y duración, pero también en función de sus síntomas y tratamientos. Aunque en algunos estadios suelen asemejarse un poco.
Veamos en detalle cuáles son las características de cada una de ellas, a fin de identificarlas y tratarlas con mayor facilidad:
Bronquitis aguda

Por lo general, está asociada a infecciones virales o a resfriados comunes. Es decir, que los bronquios irritados en estos casos se enferman por vía aérea. Específicamente por la circulación de algún virus en el ambiente. Esto hace que se manifieste como una especie de resfriado en el que la persona experimenta fiebre, dolor de garganta, mucosidad incolora, dolores musculares. Y hasta congestión nasal, vómitos y diarrea.
Pese a ello, es una sintomatología que desparece por si sola y que, con frecuencia suele durar entre 10 a 20 días como máximo. De acuerdo con la Sociedad Española de Medicina Interna. Además, destaca por no generar mayores complicaciones. A excepción de las bronquitis agudas graves y de las de naturaleza bacteriana que vienen acompañadas con mucosidad verdosa o amarillenta.
De resto, el paciente queda con una tos seca, la cual irá cesando con el paso de los días y las semanas. Los silbidos al respirar y la ligera presión en el pecho, son otros de sus indicios distintivos.
Bronquitis crónica

Como su nombre lo indica se enmarca dentro de las enfermedades pulmonares de naturaleza crónica y se presenta habitualmente en fumadores activos y pasivos. El tabaco y el cigarrillo irritan la mucosa de los bronquios y hacen que estos se inflamen. Una situación que lleva a un alto porcentaje de los que desarrollan esta afección a requerir atención médica y hospitalización en múltiples ocasiones.
Además, a diferencia de la aguda, la bronquitis crónica tiene una duración más prolongada y tiende a empeorar con el paso del tiempo. Puede causar estragos en las vías respiratorias de una persona a lo largo de un periodo de tres meses. Y luego reaparecer con más fuerza en otro ínterin del año y prolongarse hasta por dos o tres años.
En ese periodo, el sujeto enfrentará dificultades para realizar actividades físicas, opresión en el pecho, tos persistente y con abundante mucosidad y notables silbidos al respirar. Aunque en casos severos también podría advertir pérdida de peso, debilidad muscular y hasta hinchazón en los tobillos, pies y piernas.
¿Cómo se diagnostica la bronquitis?

La bronquitis sin fiebre o con fiebre, suele diagnosticarse mediante sus inocultables síntomas. No obstante, cuando el médico desee indagar más en las causas que originan la alteración. Procederá a realizar preguntas referentes a las características de la tos. Haciendo especial hincapié en el tiempo que tiene el sujeto con la misma y en las peculiaridades del tipo de expectoración o secreción que la acompaña.
Aunado a ello, es muy probable que profundice en los antecedentes médicos del paciente y que le interrogue respecto a sus hábitos cotidianos. Así como en todo lo relacionado a la naturaleza de oficio vigente y pasado.
Además, aparte de examinar y escuchar el pecho de la persona con un estetoscopio en busca de silbidos. Y de medir la saturación de oxígeno en la sangre, mediante un oxímetro. De considerarlo pertinente, ordenará un estudio del esputo, exámenes de laboratorio y una radiografía de tórax. En aras de tener un panorama más claro del estado de salud del sujeto.
Tratamientos y medidas preventivas

En líneas generales, la bronquitis por refriado común, no demanda de tratamiento estricto, debido a que desaparece progresivamente. Sin embargo, en función de los síntomas que refiera el paciente, el médico recomendará algunos fármacos como analgésicos o antiinflamatorios para bajar la fiebre, aliviar el dolor y reducir la hinchazón.
Adicionalmente, en el caso de tos seca podría prescribir algún antitusivo como el dextrometorfano, el dimemorfano o la codeína. Mientras que si se presentan jadeos o sibilancias. Siempre que un profesional de la salud lo autorice. Los broncodilatadores figurarán como una alternativa ideal para relajar el músculo bronquial y facilitar el paso del aire a los pulmones.
De resto, es oportuno acotar que el afectado no debe automedicarse con antibióticos, ya que estos no son efectivos para tratar la bronquitis sin fiebre. Al menos que el médico a cargo lo considere pertinente.
En todo caso, el tratamiento más apropiado dependerá del tipo de bronquitis que tenga la persona y de las complicaciones que se susciten en relación a la enfermedad. Por tanto, otras de las tentativas soluciones por las que se puede apostar. Aparte de los respectivos cambios en el estilo de vida como dejar de fumar o cambiar de entorno. Son los siguientes:
Vacunas contra la gripe
En la actualidad existen muchos patógenos en el ambiente. Así que las vacunas son una excelente alternativa para protegernos de las amenazas virales y salvar muchas vistas. Una lección que aprendimos con creces ante la lucha contra el covid-19.
Terapia de oxígeno
La bronquitis sin fiebre o la bronquitis crónica genera dificultades para respirar y bajos niveles de oxígeno en la sangre. La oxigenoterapia puede ayudarte a restablecer esos valores y a mejorar considerablemente tu respiración. Esto la hace un recurso invaluable para personas que tienen muy comprometido sus tejidos y para quienes demandan de soporte vital.
Rehabilitación pulmonar
Ante problemas respiratorios severos, un programa de rehabilitación pulmonar diseñado por un neumonólogo o por un equipo de kinesiólogos. Podría ayudar en mucho a recuperar la normalidad en los bronquios. Sobre todo, porque las soluciones de este tipo incluyen ejercicios, adiestramiento respecto al manejo de la enfermedad, asesoría nutricional y orientación psicológica.
Este tipo de alternativa mejora de la calidad de vida y acelera los avances en pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva.
Trasplante de pulmón
Finalmente, y como último recurso en personas con complicaciones crónicas a nivel pulmonar. Y cuando todos los demás tratamientos han fallado. Un trasplante de pulmón puede la solución para los males más fuertes de esta naturaleza. Solo se debe procurar que el donante sea menor de 65 y que no haya fumado nunca.
La tasa de éxito de este tipo de intervención ronda entre el 62% y 81% de los casos.

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