El funcionamiento del corazón humano y la circulación sanguínea pueden verse alterados por múltiples factores de riesgo cardiovascular. Bien sea por llevar un estilo de vida sedentario o por abusar del consumo de grasas saturadas. Pero también debido a la adopción de hábitos nocivos como el tabaquismo y la ingesta excesiva de alcohol. Básicamente, porque estas conductas aumentan las probabilidades de sufrir un infarto al miocardio y de padecer cualquier otra enfermedad cardiovascular.
Más allá de las predisposiciones genéticas, de las anomalías congénitas y de los efectos de la edad. La hipertensión arterial, los paros cardiorrespiratorios, los aneurismas, la insuficiencia cardíaca, las arritmias, la pericarditis y la arteriopatía coronaria. Son patologías asociadas con la operatividad del corazón que, en la mayoría de los casos pueden prevenirse. O al menos tratarse de forma temprana para revertir la enfermedad y evitar consecuencias lamentables.
Por ello y aras de que tengas una mejor calidad de vida. En este artículo te daremos numerosos concejos para prevenir e identificar los hábitos y situaciones que te hacen más propenso a dichas afecciones.
¿Cuáles son los principales factores de riesgo cardiovascular?

Las enfermedades cardiovasculares son más comunes de lo que imaginamos. De hecho, constituyen la principal causa de muerte en el mundo. Con la cardiopatía isquémica y la hipertensión arterial, encabezando el ranking de las referidas patologías. Esto, de acuerdo a estadísticas de la Organización Mundial de la Salud. Que destaca la importancia de cultivar un estilo de vida saludable desde temprana edad y de ser más conscientes de lo que comemos a diario.
En España cerca del 60% de la población cuenta con dos o más factores de riesgo cardiovascular. Y al menos 10 millones de personas sufren de enfermedades relacionadas con el corazón. Para una tasa de mortalidad cardiovascular promedio que alcanza los 219,14 fallecidos por cada 100.000 habitantes. No en vano se dice que la hipertensión arterial es una asesina silenciosa. Una enemiga que, en ocasiones muchos padecen por años y que solo se percatan de su presencia cuando deriva en complicaciones serias.
Es por ese motivo que, aparte de cuidar la alimentación y hacer ejercicio con regularidad. Nunca está demás monitorear la fuerza con la que nuestro corazón está bombeando la sangre en el organismo. A fin de atajar cualquier anomalía de manera oportuna. Pero además es fundamental realizar ciertos cambios en otros ámbitos. Así que, para tengas más claros los desencadenantes de la hipertensión y de otros problemas de circulación. Te presentamos un listado detallado de los principales factores de riesgo cardiovasculares que suelen comprometer el bienestar:
Presión arterial alta

Como dijimos en líneas anteriores, la presión arterial alta, mejor conocida como hipertensión. Constituye una enfermedad sumamente frecuente, especialmente entre adultos mayores o en personas con más de 65 años. Es en esencia una afección que produce un flujo irregular de la sangre a través de las arterias. Haciendo que la presión sea más alta de lo normal. Por ende, se suscita un aumento de la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterías. Y mientras más alta este la tensión, más esfuerzo deberá hacer el corazón para bombear sangre.
Lo normal es que los valores de presión arterial se mantengan por debajo de los 120 o los 80 milímetros de mercurio (mm Hg). Así que cuando se registran lecturas de presión sistólica superiores a los 120 o a 129 mm Hg. Se puede hablar de presión arterial elevada y de hipertensión propiamente cuando se exceden los 130 o los 140 milímetros de mercurio. Sin embargo, es preciso acotar que la gravedad de esta patología es que en la mayoría de los casos no se evidencian síntomas.
A lo sumo quienes sufren de hipertensión pueden llegar a experimentar mareos, dolor de cabeza, visión borrosa y dificultad para respirar. Pero en el grueso de las circunstancias estos indicios no se manifiestan de forma inmediata, sino en estadios en los que se presentan complicaciones severas. Como infartos o accidentes cerebrovasculares. De ahí la importancia de reducir el consumo de sal y de llevar un estilo de vida saludable.
Colesterol elevado

El consumo excesivo de grasas saturadas, la falta de actividad física, la obesidad y malos hábitos como fumar o beber alcohol en exceso. Favorecen la formación de depósitos de grasa que obstruyen las arterias y la circulación de sanguínea. Es decir, que son acciones que avivan la emergencia de otro de los factores de riesgo cardiovascular más comunes. Como lo es el colesterol alto.
Un problema de salud que afecta a entre un 5% y a un 20% de la población en el mundo. Y que, por supuesto aumenta las probabilidades de sufrir patologías cardíacas y cualquier otro tipo de complicaciones asociadas con los vasos sanguíneos. Es por ello que resulta indispensable incrementar la ingesta de fuentes de colesterol bueno. Presentes en alimentos como el pescado azul y en frutas y vegetales entre los que destaca la espinaca, el aguacate y la manzana.
Los niveles de colesterol malo en una persona sana deben estar por debajo de los 100 miligramos por decilitro. Mientras que los de colesterol bueno o HDL, aportarán grandes beneficios y ayudarán a bajar el LDL. Siempre que se mantengan por encima de los 40 o 50 mg/ dl. Los análisis de sangre periódicos son ideales para detectar cualquier desequilibrio en este aspecto.
Diabetes

Las enfermedades del corazón como la insuficiencia cardíaca en la que dicho órgano deja de bombear sangre rica en oxígeno de manera eficiente. A menudo guardan una estrecha relación con otras patologías de base y factores de riesgo cardiovascular como la diabetes. Debido a que a la larga los altos niveles de glucosa en la sangre provocan daños graves en el corazón y en los vasos sanguíneos. Específicamente induciendo el estrechamiento de las paredes de las arterias y disminuyendo el riego sanguíneo. Lo que da paso al desarrollo de afecciones como la aterosclerosis.
Aunado a ello, cuando la afectación se genera a nivel de las arterias es común que surjan cuadros y manifestaciones de cardiopatía isquémica. Al igual que una menor capacidad de contracción muscular en el corazón derivado de afecciones en el plano del miocardio. Favoreciendo la emergencia de insuficiencias cardíacas y de neuropatías. Asociadas a alteraciones del ritmo cardíaco y a daños en los nervios que irrigan el corazón.
De hecho, los problemas cardíacos son unas de las principales causas de muerte entre los diabéticos. Incluso pueden llegar a sufrir infartos silentes y sin dolor. Especialmente, cuando se trata de adultos con diabetes tipo II. En la que se ve afectada la forma en que el cuerpo usa la azúcar para obtener energía. Por tanto, resulta indispensable controlar esta enfermedad para reducir el riesgo cardiovascular.
La sensación de cansancio, la visión borrosa, la pérdida de peso sin causa aparente y el aumento de la sed. Son los síntomas de la diabetes. Así que, ante alguno de estos indicios, lo mejor será consultar a un médico.
Obesidad

De la mano con los altos niveles de azúcar en la sangre, con el alza del colesterol y con la escasa actividad física. El sobrepeso por motivos patológicos o alimenticios, destaca como otros de los más trascendentes factores de riesgo cardiovascular. Básicamente porque aparte de incrementar las probabilidades de padecer diabetes. La obesidad da paso a un amplio abanico de enfermedades cardíacas como cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca, arritmias ventriculares y accidentes cerebrovasculares.
Y es que los excesivos niveles de grasa corporal no solo inciden en la salud de las articulaciones y en los huesos. También tienen un impacto negativo en la circulación sanguínea y en las variaciones de la frecuencia cardiaca que se vuelve mucho más acelerada. Aumentado el riesgo de muerte súbita o de una interrupción inesperada de la actividad del corazón.
Los hombres y mujeres que poseen más de un 20% o un 30% de grasa corporal se consideran obesos. Sin embargo y pese a ser una problemática en alza. Se trata de una condición que se puede prevenir y revertir con llevando una alimentación balanceada y haciendo deporte.
Alcohol y tabaquismo

Beber alcohol de manera ocasional no acarrea mayores inconvenientes para la salud. Pero cuando el consumo de bebidas espirituosas se vuelve excesivo y sostenido. Generará efectos contraproducentes y se convierte en uno de los muchos factores de riesgo cardiovascular. Debido a que el alcohol es tóxico para el corazón y puede llegar a debilitarlo causando enfermedades como la miocardiopatía dilatada. O la fibrilación muscular. Sin contar con el hecho de que aumenta los niveles de grasa corporal.
Algo similar ocurre con el hábito de fumar que, aparte de ser el principal desencadenante de cáncer de pulmón. Supone un potencial enemigo del sistema cardiovascular, debido a que altera la frecuencia cardíaca y contrae las arterias. Especialmente por la acción de la nicotina que eleva los niveles de colesterol malo y produce alteraciones en la coagulación de la sangre.
Sedentarismo

La inactividad física impide que nuestro cuerpo se mantenga sano y 100% activo. Además, contribuye a la acumulación de grasa y calorías en exceso que podrían llevarnos a tener sobrepeso. Por ello, si quieres prevenir este y muchos otros factores de riesgo cardiovascular. Es fundamental que hagas ejercicio al menos 1 o 2 horas al día. Sobre todo, si tienes un trabajo de oficina en el que permaneces mucho tiempo sentado.
Con estos simples cambios, logrará regular los niveles de colesterol y de presión arterial.
Salud emocional

Aunque no son una causa directa, el estrés, la depresión, la ansiedad y muchos otros cambios emocionales intensos. Constituyen indiscutiblemente factores de riesgo cardiovascular que pueden ser perjudiciales para el funcionamiento de órganos como el corazón. Sobre todo, por la liberación de ciertas hormonas como el cortisol que eleva los niveles de azúcar en la sangre. Así como la presión arterial, alterando el ritmo y la frecuencia cardíaca.
De hecho, estar sometido a constantes situaciones de estrés, suele asociarse con un mayor riesgo de infarto al miocardio. Motivo por el cual, se recomienda realizar actividades que nos hagan felices y que ayuden a liberar la presión. El yoga, la natación, el baile o salir a correr, son excelentes alternativas.
Sexo y edad

Si bien tanto hombres como mujeres pueden padecer enfermedades cardiovasculares. Cuando se trata de patologías cardiacas, los hombres son más propensos a sufrir ataques al corazón. Mientras que las mujeres corren un mayor riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca. Según múltiples investigaciones, esto se debe a que, durante la menopausia, hormonas como el estrógeno ayudan a proteger al corazón.
Sin embargo, también es cierto que los infartos al miocardio, por lo general, son más graves en las mujeres. Además, existe un mayor número de personas del sexo femenino que padecen de algún tipo de afección cardiovascular. Es decir, que en cualquiera de los casos ninguno debe descuidarse. En especial, si ya han cruzado la barrera de los 65 años. Debido a que la actividad del corazón empieza a deteriorarse y las paredes de las arterias ya no son tan flexibles.
Además, en lo que respecta a los medicamentos, es preciso tener cuidado con la toma de anticonceptivos orales. Pues este tipo píldoras se asocia con una mayor formación de coágulos sanguíneos.
Consejos para contrarrestar factores de riesgo cardiovascular

Muy pocas de las variables que hemos referido hasta ahora son de carácter inevitable. De hecho, la mayoría de los factores de riesgo cardiovascular que deterioran el funcionamiento del corazón y del organismo en general. Pueden prevenirse adoptando hábitos más saludables, sustituyendo o descartando el consumo de ciertos alimentos y practicando alguna actividad física.
Es decir, que más allá de los antecedentes familiares, del sexo y de la edad. Proteger el aparato circulatorio y el corazón, es una decisión que está en las manos de cada persona. En tal sentido, te presentamos varias recomendaciones puntuales que te ayudarán a preservar tu salud cardiovascular y a gozar de una mejor calidad de vida:
- – Suspende el consumo de tabaco y cigarrillo en cualquiera de sus presentaciones. Incluyendo los vapers o cigarrillos electrónicos con sabores añadidos.
- – Realiza ejercicio diario, especialmente actividades anaeróbicas que te permitan mantenerte activo y mejorar tu resistencia. Trotar, nadar o hacer ciclismo, son parte de los planes por los que puedes apostar.
- – Evita el consumo de grasas trans y lleva una alimentación rica en pescados grasos, en fibra y en carnes magras. El salmón, el atún, las sardinas, la espinaca, el brócoli y los frutos secos harán tus comidas más saludables.
- – Reduce la ingesta de sal, de azúcar y de alcohol.
- – Dale a tu cuerpo horas de sueño de calidad. Dormir ocho horas al día es una necesidad y tu corazón y el resto de tu cuerpo sabrá agradecértelo.
- – Monitorea tu salud con exámenes sanguíneos regulares.

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