Limitar excesivamente la ingesta de calorías, vivir preocupado por el peso y tener una visión distorsionada sobre nuestra figura. Son claros indicadores de que podríamos estar atravesando por ciertos tipos de trastornos alimenticios. Independientemente del sexo o de la edad, la relación que establece el ser humano con la comida no debería ser conflictiva. Sin embargo, a raíz de una inmensa variedad de factores genéticos, biológicos, psicológicos y sociales. Se puede desarrollar algún tipo de conducta patológica asociada con la comida.
Los atracones, los vómitos inducidos, la obsesión por bajar de peso y el exceso de ejercicio. Al igual que la baja o nula ingesta de alimentos por largos periodos de tiempo. Pueden acarrear serios problemas de salud. En los que, por lo general, también suelen estar implicados sentimientos de depresión y de ansiedad. Quédate con nosotros y descubre cuáles son los principales síntomas que advierten hábitos alimentarios poco saludables.
¿Qué tipos de trastornos alimenticios existen?

Las conductas irregulares que se desarrollan en relación con la comida, son un problema de salud pública cada vez más preocupante. Y aunque ciertamente tienen una mayor prevalencia entre las mujeres de entre 12 y 36 años. Cada vez son más los casos de hombres y jóvenes afectados. De hecho, se estima que el bienestar de más de un 20% de niños y adolescentes en el mundo podría verse trastocado por la incidencia de diversos tipos de trastornos alimenticios.
Especialmente, por el carácter silente de muchas de estas enfermedades. Que además de minar la confianza y la autoestima. Ponen en riesgo la vida de quienes las padecen. Sobre todo, por los daños y el deterioro colateral que ocasionan en el funcionamiento de diversos órganos vitales. Tales como el corazón, el aparato digestivo, los dientes y la boca.
Aunado a ello y como parte de la excesiva restricción de alimentos. Este tipo de comportamientos puede terminar desencadenado un serio cuadro de desnutrición. El cual al mismo tiempo impactará de manera negativa sobre el estado de ánimo y la apariencia física del afectado. El cual por razones obvias se sentirá más débil de lo normal y lucirá un cabello y una piel poco saludable.
Así que como familiares y amigos no debemos dejar de estar atentos a las conductas inusuales de nuestros seres queridos. Sobre todo, con el objetivo de acelerar el diagnóstico del problema. A continuación, te presentamos los trastornos alimenticios más comunes y los síntomas que te permitirán identificarlos de manera oportuna:
Anorexia nerviosa

Se trata de uno de los de tipos de trastornos alimenticios más comunes entre las mujeres. En el que la persona afectada tiende a sobrestimar el volumen y la forma de su cuerpo. Debido una percepción distorsionada de su imagen que la lleva a restringir considerablemente la ingesta de diversos alimentos. Evitando comer a lo largo del día o tomando cantidades de comida muy pequeñas. Aunque, en ocasiones, también pueden llegar a sentir una obsesiva necesidad por pesarse.
De hecho, a raíz de estos hábitos, quienes sufren de esta patología suelen pesar menos de lo que deberían. Mostrando una apariencia excesivamente delgada y demacrada que ante sus ojos resulta completamente normal. Incluso en la mayoría de los casos pueden llegar a verse o a sentirse gordas a pesar de estar visiblemente delgadas.
Tipos de anorexia

La adolescencia y la adultez temprana, son las etapas en las que se presenta con mayor frecuencia este trastorno. Que se caracteriza por una desmedida restricción de calorías. Sin embargo, dentro del amplio espectro de la anorexia existen al menos dos variantes de la enfermedad.
La anorexia restrictiva en la que la persona limita severamente la cantidad de alimentos que consume. Y la anorexia de atracón-purgativa. En la que, como su nombre lo indica, se suscitan episodios de atracón seguidos por la toma de laxantes.
Por ello, los síntomas más recurrentes de la anorexia incluyen:
- Fuertes restricciones alimenticias.
- Extrema delgadez.
- Miedo a subir de peso.
- Practica de excesiva de ejercicio.
- Imagen corporal altamente distorsionada.
Adicionalmente y como parte de las consecuencias negativas de esta conducta sobre la salud. La persona podría llegar a experimentar otras afecciones secundarias. Tales como:
- Anemia.
- Uñas y cabello quebradizo.
- Piel seca y amarillenta.
- Estreñimiento.
- Presión arterial baja.
- Desmayos.
- Daño cerebral
- Y hasta insuficiencia cardíaca.
Bulimia nerviosa

Otro de los trastornos alimenticios más graves y conocidos de los que seguramente has oído hablar. Es de la bulimia. Debido a que su tasa de incidencia en la adolescencia y a principios de la edad adulta, también es bastante común.
De hecho, de acuerdo con cifras de la Cruz Roja Española, se estima que 4 de cada 100 adolescentes sufren de bulimia nerviosa. Un desorden alimentario que a diferencia de la anorexia se caracteriza por episodios de atracones y vómitos inducidos.
Aunque en algunos casos quienes sufren de esta patología también suelen recurrir a diuréticos, a laxantes y a métodos de ayuno intermitente. Con el fin de deshacerse de las calorías y del remordimiento tras la ingesta de grandes cantidades de comida. Incluso pueden llegar a pasar horas en el gimnasio para tratar de redimirse de los excesos.
Síntomas de la enfermedad

Debido a los mecanismos que utiliza el afectado para purgarse en estos casos. Recurriendo a lavamanos o a inodoros para vomitar. Muchas veces algunas de las manifestaciones más características de este trastorno pasan desapercibidas ante el entorno de trabajo del individuo. Por lo que es preciso que, sus seres queridos más cercanos, estén atentos a los siguientes síntomas. Sobre todo, para evitar que la persona se autolesione o deteriore gravemente su salud.
En tal sentido, algunos de los signos y afecciones distintivas que advierten el paso por un cuadro de bulimia son los siguientes:
- Atracones o falta de autocontrol ante la ingesta de comida.
- Recurrentes e inusuales visitas al baño después de comer.
- Hacer ejercicio en exceso.
- Toma de laxantes o diuréticos sin razón aparente.
- Caries.
- Erosión irregular del esmalte dental.
- Dolor e inflamación crónica de la garganta.
- Boca seca.
- Ojos irritados por el exceso de vómitos.
- Inflamación de las glándulas salivales.
- Reflujo ácido y problemas gastrointestinales.
Trastorno por atracón

Los atracones en sí mismos. Constituyen uno de los tipos de trastornos alimenticios más frecuentes entre las personas que tienen una relación ansiosa con la comida. De hecho, quienes padecen esta afección suelen experimentar síntomas y emociones muy similares a quienes sufren de anorexia y de bulimia. Con la culpa, la depresión y el asco como sensaciones predominantes tras el curso por dichos episodios.
Sin embargo, a diferencia de las dos primeras afecciones que hemos descrito en líneas anteriores. En el trastorno por atracón, las personas no recurren a purgas, ni a ayunos intermitentes para deshacerse de la comida. Por ello, es muy común que quienes desarrollan este tipo de conducta sufran de sobrepeso o de obesidad. Pues, a pesar del malestar psicológico que pueden llegar a sufrir, en ningún momento limitan la ingesta de calorías.
A continuación, te presentamos algunas de las señales más características que te ayudarán a identificar este problema:
- Consumo de grandes cantidades de alimentos en muy poco tiempo. De manera secreta y en ocasiones hasta sin tener hambre.
- Pérdida de control al estar frente a comida chatarra o bollería.
- Esperar a que se vayan las personas cercanas para comer.
- Sentir vergüenza, angustia o culpa por comer.
- Hacer dietas frecuentes sin perder peso.
- Evitar el ejercicio y la toma de laxantes tras abusar de la ingesta de alimentos.
Trastorno por evitación o restricción

Consiste en aquellos de patrones de alimentación en los que la persona limita la ingesta de cierto tipo de alimentos. Por motivos que tienen más que ver con disgusto o rechazo hacia ciertos olores, colores, sabores y texturas. Y no por un tema de miedo a engordar o por distorsiones de la percepción corporal. Se trata más bien de un trastorno de consumo selectivo en el que el sujeto evita comer diversos productos de manera consiente.
Diversas investigaciones sugieren que este tipo de conducta se desarrolla desde la infancia. Específicamente, ante de los 7 años cuando el niño está aprendiendo a comer y a distinguir entre lo que le gusta o disgusta en términos alimentarios. Por ello, se dice que este uno de los tipos de trastornos alimenticios más antiguos. Que se ha rebautizado con este nombre para traerlo nuevamente al tapete.
Aunque su antigüedad no implica que no pueda llegar a alterar el estado de nutrición y de salud de cualquier sujeto. Sin embargo, está más relacionado con la falta de interés por comer o con comportamientos quisquillosos, que con una alteración psicológica. O de origen postraumático tras un desencuentro social.
Más no por ello, deja de tener un efecto negativo sobre las funciones del organismo. A continuación, te presentamos parte de sus signos más distintivos:
- Falta de apetito o desinterés por la comida.
- Pérdida de peso.
- Debilidad.
- Baja cantidad de nutrientes en el organismo.
- Malestar estomacal y problemas gastrointestinales.
- Predilección por un grupo reducido de alimentos.
Pica

Si tú o alguno de tus conocidos o seres queridos sienten la extraña necesidad de ingerir cosas o sustancias que no comestibles. Tales como jabón, tiza, hielo, polvo, tierra, papel, cabello, tela o lana. Así como almidón de maíz o detergente de ropa. Muy probablemente estas padeciendo o has padecido del trastorno de pica, que claramente no es nada saludable para el organismo.
Tanto por los daños colaterales que puede provocar la naturaleza de estos productos en la boca y en el estómago. Como por las consecuencias a largo plazo que suele ocasionar el consumo de estos tejidos. Los cuales seguramente terminarán dando paso a serios problemas de salud. O hasta poniendo en riesgo la vida de la persona por intoxicaciones, infecciones o lesiones intestinales.
Los niños y adolescentes, al igual que las mujeres embarazadas y las personas con discapacidades mentales. Suelen ser los propensos a desarrollar este tipo de trastornos alimenticios.
Mericismo

Como parte de los desórdenes alimentarios de data más reciente. El mericismo se trata de un trastorno de motilidad intestinal en el que el afectado regurgita los alimentos que ha masticado previamente para luego volvérselos a tragar o a escupirlos. Esta alteración ocurre justamente 30 minutos después de haber comido y a diferencia de afecciones como el reflujo. En este caso la persona lo hace de manera voluntaria.
La infancia y la edad adulta son los periodos en los que se desarrolla con mayor frecuencia este tipo de conducta. Mientras que en los bebés suele manifestarse entre los 3 y los 12 meses, aunque en ese estadio, la anomalía suele desaparecer por sí sola. Sin causar mayores inconvenientes.
No obstante, si este tipo de conducta persiste en los primeros años de la infancia o en la adultez. Podría llegar a provocar una significativa pérdida de peso e incluso poner en riesgo la vida del sujeto por desnutrición.
Por ello, la mejor forma de abordar todos los tipos de trastornos alimenticios que hemos enumerado en este artículo. Es buscando atención psicológica, asistencia médica y asesoría nutricional. Especialmente, para dar con la causa exacta del problema. O con los factores de riesgo que podrían estar avivando dicho comportamiento. Lo cual, sin lugar a dudas, ayudará a impedir que sus síntomas y consecuencias se agraven.
El estrés, antecedentes de acoso escolar por sobrepeso en la infancia, la adopción de dietas en tendencia y otros problemas de salud mental. Podrían estar detrás de muchos de estas conductas irregulares.

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