Los huesos del ser humano albergan en su interior un tejido esponjoso que cumple una función vital para el sistema inmunitario. Este material biológico flexible es lo que se conoce como médula ósea. Y es el encargado de producir las células esenciales para el buen funcionamiento del organismo. Básicamente porque se trata de una de las estructuras en las que se encuentran concentradas las células madres de la sangre. Por ello, resulta de vital importancia tomar medidas oportunas para preservar su integridad.
Los efectos de la radiación y tratamientos como la quimioterapia para tratar distintos tipos de cáncer. Pueden terminar por dañar o alterar parcialmente la médula ósea. Sin embargo, otros factores y agentes en desarrollo como algunas infecciones virales y la exposición sostenida a ciertos tipos de fármacos. También suelen contribuir con el surgimiento de enfermedades que trastocan las capacidades de este tejido rico en nutrientes.
Sigue leyendo este artículo y descubre qué acciones tomar para potenciar la salud del centro blando de los huesos.
¿Qué es la médula ósea?

El tejido blando y graso que se encuentra en las partes huecas de los huesos. Especialmente, en el interior de los huesos grandes y largos como el fémur. O en estructuras óseas planas como la columna vertebral, las costillas, la pelvis, el cráneo y el esternón. Es lo que técnicamente se denomina como médula ósea.
Un material biológico de naturaleza esponjosa que por sus características innatas representa alrededor del 4% de la masa corporal del ser humano. Cumpliendo un papel indispensable dentro de la operatividad del sistema linfático y del sistema inmunitario.
Y es que, a diferencia de la médula espinal, que se encarga de conducir y transmitir los impulsos nerviosos en el organismo. La médula ósea, también conocida como “el tuétano de los huesos”. Es la que se ocupa de producir todas las células de la sangre. Entre las que destacan los glóbulos blancos, las células mieloides, las células linfoides, los glóbulos rojos y las plaquetas.
Es decir que, sobre la función de este tejido recae el óptimo desempeño del sistema inmunitario. Tanto para combatir e identificar infecciones mediante los glóbulos blancos. Como para garantizar la óptima oxigenación de los órganos y la correcta coagulación de la sangre mediante la producción de los glóbulos rojos y de las plaquetas. Por ende, cualquier tipo de alteración en este sistema puede terminar por dar paso a numerosas enfermedades que ponen en riesgo la vida de cualquier individuo.
Tipos de médula ósea

Dependiendo de su ubicación y del tipo de células que se encargue de fabricar cada apartado de este tejido dentro del organismo. La médula ósea se puede clasificar en al menos dos tipos. Veamos pues, en qué se diferencian cada una de ellas y cuáles son sus principales atribuciones para preservar la salud.
Médula ósea amarilla
Es el tejido blando y esponjoso que está presente en el interior de huesos largos como la pelvis, el fémur y las vértebras. Sirve como almacenamiento de tejido adiposo y es relativamente inactiva. Sin embargo, también participa en la formación de los huesos. Especialmente, transformando las células madres en cartílagos o en células óseas.
Médula ósea roja
Se trata de la variante de la médula ósea que se encarga de llevar a cabo el proceso de hematopoyesis. Es decir, de fabricar el conjunto de células sanguíneas a partir de las células madres. Por lo que ejerce una función inmunitaria mucho más trascendental. Debido a que se ocupa de producir glóbulos rojos que transportan oxígeno al resto de los órganos.
Además, participa activamente en la segregación de glóbulos blancos o leucocitos. Defendiendo al organismo de diversas infecciones y enfermedades. Sin dejar de lado la fabricación de plaquetas que contribuyen con la correcta coagulación de la sangre.
Aunque, sin duda, ambas variantes de este tejido contienen vasos sanguíneos.
Razones esenciales para preservar las células madres

Cuando la médula ósea se encuentra dañada o enferma debe ser remplazada. Y para llevar a cabo este tipo de procedimiento, existen al menos cuatro tipos de trasplantes. El autotrasplante en el que se toman las células madres del mismo paciente para luego congelarlas y reinsertarlas en el organismo. El alotrasplante en donde las células se obtienen de un donante compatible.
El trasplante de sangre del cordón umbilical en el que se congelan y se guardan las células madres tras el nacimiento del bebé. Y el trasplante haploidentico que se realiza entre los miembros de una familia para reducir complicaciones.
Por tanto y en aras de contribuir con el desarrollo de un tratamiento eficaz para abordar alrededor de 80 enfermedades. En los últimos tiempos desde el ámbito de la medicina se ha promovido la preservación de las células madres del cordón umbilical. Mediante el congelado y almacenaje de dichas células en tanques de nitrógeno a -196° C.
Un procedimiento que, en líneas generales, brinda las siguientes ventajas:
- Mayores probabilidades de aprovechar el poder de dichas células desde el principio.
- Plan efectivo y contundente ante distintas eventualidades de salud.
- Mayores y mejores esperanzas de vida como parte de la medicina regenerativa.
- Aumento de la protección del bebé y de su salud en otras etapas de vida.
¿Cómo cuidar la médula ósea?

Más allá de las afecciones congénitas y progresivas como la osteoporosis que puede llegar a acentuarse a consecuencia de la edad. Preservar la salud de los huesos no tiene porque ser una tarea imposible y complicada. Sobre todo, en lo que respecta a medidas preventivas que involucran la alimentación y el estilo de vida.
Con el paso de los años y a raíz de la incidencia de diversos factores como la genética y desequilibrios hormonales. El tejido óseo empieza a desgastarse, haciendo que los huesos se tornen más frágiles y delicados.
Por ello y en aras de preservar el buen estado de la médula ósea y con el fin de retardar la pérdida de densidad de los huesos. Para vivir una adultez plena y llegar a la vejez en mejores condiciones. Te presentamos algunas recomendaciones indispensables para garantizar la integridad de tus huesos y minimizar el riesgo de fracturas.
Lleva una dieta rica en proteínas de origen animal y vegetal

Como ocurre con el cuidado de la piel y de los dientes. Nuestros huesos se ven ampliamente beneficiados de los nutrientes de calidad que recibe el organismo. Así que si quieres reducir significativamente el deterioro de estas estructuras. Lo mejor que puedes hacer es llevar una alimentación rica en proteínas y en vegetales.
Las sardinas, el salmón, la espinaca, el pollo, las almendras, las naranjas y las semillas de sésamo constituyen una excelente fuente de hierro y de vitamina de alto valor. No dejes de incluirlos en tus comidas para gozar de sus múltiples beneficios.
Haz ejercicio con regularidad

Llevar un estilo de vida sedentario aumenta el riesgo de que los huesos y los músculos se atrofien con mayor facilidad. Por tanto, si deseas tener estructuras óseas más sanas y fuertes. Procura practicar algún tipo de actividad física que te ayude a estar en movimiento de manera constante. Salir a trotar o a correr por las tardes. O simplemente hacer yoga, natación o spinning harán una gran diferencia en lo que respecta a la preservación de la médula ósea.
Aunado a ello, te permitirá gozar de una mejor salud cardiovascular. Aumentando las defensas, reduciendo el dolor articular y minimizando la aparición de lesiones y accidentes cerebrovasculares.
Aumenta el consumo de alimentos ricos en calcio

La descalcificación temprana es una de las principales causas de osteopenia y de osteoporosis. De ahí la importancia de garantizar el aporte de calcio necesario mediante el consumo de alimentos ricos en este mineral. De hecho, se estima que una persona adulta debería ingerir entre 1000 y 1500 mg diarios de calcio para preservar la salud de sus huesos.
Por lo que aumentar la ingesta de lácteos como el queso, el yogurt griego y de pescados azules. O de verduras de hoja verde entre las que destacan el brócoli, la espinaca y la col rizada. Contribuirá en gran medida con el fortalecimiento y el cuidado de la médula ósea.
Mantén un nivel adecuado de vitamina D

Si existe una vitamina indispensable para potenciar y mejorar la absorción del calcio en los huesos. Esa es la vitamina D. Uno de los nutrientes claves que procesa el organismo mediante la exposición solar y en menor medida mediante el consumo de ciertos alimentos. Así que si quieres prevenir la osteoporosis y conservar en buen estado las estructuras que albergan la médula ósea. No olvides tomar entre 10 a 15 minutos de sol al día.
Especialmente, en horas de la mañana y de la tarde, cuando la incidencia de los rayos UV es menos dañina. Aunque si te preocupa los niveles de este componente, también puedes optar por el consumo de suplementos bajo prescripción médica.
Evita el consumo de alcohol y cigarrillos

Los componentes que contiene el alcohol y el cigarrillo afectan de forma negativa el funcionamiento del sistema inmunitario. De hecho, estás sustancias pueden favorecen al desarrollo de distintos tipos de anemia. Dañando las células sanguíneas y disminuyendo el recuento de plaquetas. Lo que se traduce en problemas de sangrado y de coagulación a largo plazo.
En tal sentido, lo ideal para gozar de una buena salud y prevenir el adelgazamiento prematuro de los huesos. Es dejar de lado cualquier tipo de vicio de este tipo.
Acude al médico ante la sospecha de cualquier anomalía

Si de un momento a otro experimentas síntomas como cansancio excesivo, fatiga, dificultad para respirar. Sudoración excesiva, fiebre, dolor de huesos, anemia o tendencia al sangrado irregular. No dudes en ponerte en contacto con un profesional de la salud.
No es normal que sufras de infecciones constantes. Ni que tu organismo no logre defenderse con eficacia de los virus y las bacterias que circulan en el ambiente. Así que lo mejor que puedes hacer es realizarte un chequeo exhaustivo.
¿Cuáles son las enfermedades más comunes que afectan este tipo de tejido?

El diagnóstico de alteraciones o enfermedades en la médula ósea se lleva a cabo mediante una biopsia o aspirado medular. Un procedimiento mediante el cual se extrae una pequeña muestra del líquido o de las células contenidas en este tejido. Específicamente para determinar la causa de problemas asociados con la producción de glóbulos rojos, glóbulos blancos y el nivel de las plaquetas.
En ese orden, algunos de las afecciones y patologías más comunes que desencadenan el surgimiento de alteraciones en este material biológico. Comprometiendo desde su función hasta su estructura. Se resumen en los siguientes trastornos o enfermedades de base:
- Tuberculosis. Debido a la incidencia del bacilo de Koch. Infecciones bacterianas como la tuberculosis, pueden terminar provocando el surgimiento de algún tipo de anemia. Así como la diseminación de la enfermedad hacia otros órganos.
- Leucemia. Se trata de un tipo de cáncer crónico y agudo que impide que el cuerpo produzca glóbulos rojos, plaquetas y glóbulos blancos. Por lo que altera el óptimo funcionamiento de la médula ósea.
- Mieloma. Consiste en un tipo de cáncer que se forma en los glóbulos blancos. Dañando los huesos, el sistema inmunológico y los riñones.
- Inmunodeficiencias graves.
- Anemia aplásica.
- Distintos tipos de anemia.

Una respuesta para “Preservación de la médula ósea”
Jose Colon
19 Oct, 2025 at 1:53 AMSoy paciente de Mieloma multiples. Gracias por la información