La principal función de los riñones es eliminar los desechos y las toxinas que se encuentran en la sangre. Así como el exceso de agua mediante la orina, en aras de mantener el equilibrio de las sustancias químicas que están presentes en el organismo. Por ello, cuando este par de órganos deja funcionar de manera adecuada. Bien sea por necrosis tubular aguda a raíz de ciertos medicamentos o por enfermedades de base como la diabetes y la hipertensión arterial. Es pertinente recurrir a tratamientos como la diálisis. Así que si estás atravesando por una situación como esta es indispensable que conozcas la diferencia entre diálisis y hemodiálisis.
Alrededor de un 10% de la población mundial o cerca de 850 millones de personas en el mundo padecen de insuficiencia renal crónica. Mientras que, en España, la prevalencia de esta enfermedad se ubica en torno a los 1.363 pacientes por millón de habitantes. Afectando principalmente a los hombres, a las personas de edad avanzada y a aquellos sujetos que sufren de alguna enfermedad cardiovascular. Con una tasa de complicaciones que, según estimaciones de la OMS, hará de esta patología la 5ta causa de muerte para el 2040 a nivel mundial.
Básicamente porque quienes sufren de insuficiencia renal crónica o aguda, son más propensos a padecer de presión arterial alta o a desarrollar problemas cardíacos. De ahí la importancia del diagnóstico oportuno para controlar la enfermedad. Así como para dar inicio a tratamientos que reemplacen la vital función de los riñones.
Diferencia entre diálisis y hemodiálisis

Una vez que se diagnóstica insuficiencia renal y se confirma un mal funcionamientos de los riñones. Mediante análisis de sangre, en los que se evidencia un aumento de la urea, de la creatinina y de electrolitos como el potasio. O mediante exámenes de orina, en los que se percibe una disminución del volumen orina, específicamente por debajo de los 5000 mililitros. No queda más remedio que intentar recuperar la función renal lo antes posible.
Aunque en algunas ocasiones, para tener un panorama más claro del estado en el que se encuentran los riñones y precisar el grado de daño que presentan estos órganos. Suele solicitarse y llevarse a cabo una ecografía abdominal e incluso una biopsia renal para determinar con mayor precisión la causa que esta originando dicha afección.
Esto, debido a que, en la mayoría de los casos, la incapacidad de eliminar los desechos de la sangre. Es una complicación derivada de otras enfermedades graves como la diabetes o la insuficiencia cardíaca. Que impide que el corazón bombee suficiente sangre hacia otras partes del cuerpo, ocasionado daños renales. Así que, a través de este último procedimiento, el médico o el nefrólogo podrá puntualizar cuál es el mejor tratamiento para cada paciente.
Prescripción del tratamiento en función del diagnóstico

En caso de un riñón dañado o seriamente afectado, lo más recomendable es apostar por un trasplante de este órgano. Sin embargo, como sabemos no existen suficientes riñones disponibles en el mundo para cubrir la demanda de esta enfermedad. Por ello, el grueso de las personas que sufren de insuficiencia renal, tanto crónica, como terminal. Se someten a sesiones de diálisis al menos tres veces a la semana para mejorar sus condiciones de vida, incluso previo a un trasplante.
Puesto a que la depuración artificial de la sangre es como una especie de terapia a largo plazo. Una medida temporal que urge adoptar, mientras se concreta la sustitución del riñón. Sobre todo, cuando la persona presenta trastornos graves como encefalopatía urémica, pericarditis, insuficiencia cardíaca o edema pulmonar. Y para llevar a cabo dicho tratamiento el sujeto puede decantarse por dos tipos de métodos o mecanismos. Lo cual nos lleva a ahondar en la diferencia entre diálisis y hemodiálisis.
Veamos cuáles son las particularidades de cada una de ellas.
Diálisis peritoneal

Este tipo de limpieza sanguínea empleada para cubrir la disfunción de los riñones, se lleva a cabo mediante un catéter peritoneal. Un tubo estrecho y flexible que es colocado en el abdomen por un cirujano para facilitar el ingreso del líquido de la diálisis. Que normalmente es una solución de 2 litros compuesta por sal y otros aditivos que se encuentra dentro de una bolsa. La cual se conecta al referido catéter y se deja durante unas horas en el abdomen. Hasta que el cuerpo absorba por completo el líquido.
Posteriormente, cuando la bolsa está vacía, se desconecta del tubo. Esto, en aras de que el paciente pueda moverse y realizar sus actividades cotidianas. Mientras la solución infiltrada absorbe las tóxinas y el exceso de líquido. Luego y una vez cumplida la estancia del líquido en la cavidad abdominal que, en promedio, concreta su labor entre 2 y 4 horas dentro del organismo. Se procede a conectar nuevamente la bolsa vacía para drenar los desechos y las toxinas.
Este ciclo de entrada y salida de líquidos se realiza varias veces al día de forma manual. Y los desechos que se extraen del cuerpo deben ser vaciados en el inodoro. Para volver a dar inicio al mismo procedimiento con una nueva bolsa de diálisis. Un proceso que se repite entre 3 y 4 veces al día y al cual se le denomina intercambio. Y que, por supuesto, ayuda a obtener mejores resultados.
Sin embargo, la eficiencia de la diálisis peritoneal es limitada. Aunque al llevarla a cabo de manera sostenida contribuye con el requilibrio en el organismo, al igual que la hemodiálisis.
Ventajas y desventajas del procedimiento

Ahora que sabemos en qué consiste este método. Es preciso acotar que la diálisis peritoneal cuenta con ciertas ventajas y desventajas si la comparamos con la hemodiálisis. En ese orden y partiendo por sus aspectos positivos. Tenemos que, este tratamiento puede realizarse en cualquier lugar limpio o privado. Como la casa o el trabajo e incluso durante un viaje. Aunque el paciente deberá llevar consigo la máquina cicladora para llenar y drenar el abdomen.
Además, se trata de un mecanismo para el que no se requiere hacer ningún tipo de punciones en los vasos sanguíneos. Por lo que puede efectuarse de manera más autónoma tras una capacitación por parte del equipo médico. Y, por supuesto, es menos costosa que la hemodiálisis que necesariamente debe realizarse en una clínica u hospital.
No obstante, como todo tratamiento de esta índole, también tiene sus contras o desventajas. La primera de ellas y, sin duda, una de las complicaciones más preocupantes, son las infecciones en la cavidad abdominal. Debido a que la persona debe ser muy higiénica y cuidadosa con el manejo del catéter. Aunado a ello, con este tipo de diálisis, el paciente tiene un mayor riesgo de desarrollar una hernia. Por ende, si se nota alguna inflamación o bulto en el abdomen se debe consultar a profesional de la salud.
Hemodiálisis

Al igual que la diálisis peritoneal, la hemodiálisis es un tratamiento diseñado para sustituir la función renal. Sin embargo, este proceso de depuración asistida, no se realiza mediante el abdomen, sino a través del torrente sanguíneo. Específicamente, mediante la extracción y el filtrado de la sangre conducido por un dispositivo llamado dializador. También conocido como riñón artificial. Un mecanismo circular que, además de eliminar los desechos de la sangre. Ayuda a regular los niveles de presión arterial y a equilibrar los minerales importantes que requiere el organismo. Tales como el calcio, el sodio y potasio.
Debido a las características del procedimiento. Este tipo de diálisis debe llevarse a cabo en una clínica u hospital y únicamente en manos de personal sanitario plenamente capacitado. Para dar inicio a este proceso, un técnico o enfermera colocará dos agujas en el brazo del paciente. Las cuales estarán sujetas a un tubo blando que irá conectado a la máquina dializadora. Aunque si el sujeto está capacitado, puede hacerlo por sí solo y colocarse una crema o aerosol para adormecer la piel.
De este modo, el riñón artificial, empezará a bombear la sangre a través de un filtro y a devolverla al cuerpo completamente libre de desechos. Gracias al efecto del líquido dializante que absorberá las toxinas para facilitar su eliminación. Aunado a ello, cuando se trata de abordar la diferencia entre diálisis y hemodiálisis. También es preciso acotar que, las sesiones de este último método, por lo general, tienen una duración de entre 3 a 5 horas. Lo que obligará al paciente a pasar bastante tiempo en el hospital. Sobre todo, si se cuenta con un número limitado de equipos.
Ventajas y desventajas del tratamiento

Llegados a este punto, es pertinente destacar que la principal ventaja de la hemodiálisis, es que conlleva un menor riesgo de infecciones. Debido a que la persona afectada y su piel no tendrán que estar entrando constantemente en contacto con toxinas o desechos en el abdomen. Además, gracias a las características del dializador, el filtro de la sangre con este mecanismo es más a fondo. Por lo que el paciente solo deberá someterse a este procedimiento cada 2 días o entre 2 y a 3 veces a la semana. Dependiendo de la gravedad del daño o deterioro que presente sus riñones.
Sin embargo, la hemodiálisis, también tiene sus desventajas. Empezando por un tema de costos. Debido a que es más cara que la diálisis peritoneal por los equipos y el tipo de asistencia que demanda. Aunado ello, demanda necesariamente que sujeto se traslade hasta una clínica, en donde podría enfrentarse a problemas de saturación en los centros. Sobre todo, en los países subdesarrollados en los que la infraestructura hospitalaria en muy precaria.
Y, por último, se debe tener en cuenta que, en la depuración de toxinas por esta vía. Se presentan una serie de efectos secundarios que en ocasiones suelen ser bastante molestos e incluyen desde mareos y calambres. Hasta arritmias y descensos repentinos de la presión arterial.
Estas son las principales diferencia entre diálisis y hemodiálisis. Apostar por uno u otro mecanismo, dependerá de las condiciones médicas de cada paciente, de sus características, preferencias y necesidades. Así como de la red de apoyo familiar y de los recursos económicos con los que cuente para hacerle frente a la insuficiencia renal.

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