Una de las enfermedades cutáneas que una persona puede sufrir es la dermatitis atópica. Es muy frecuente sobre todo en países desarrollados y zonas urbanas. La mayor parte de los pacientes desarrolla la enfermedad antes de cumplir los 5 años. Muchos de los enfermos sufren dermatitis atópica antes de cumplir 1 año. La dermatitis atópica se diagnostica anualmente hasta al 20 % de los niños y el 12 % de los adultos.
Esta enfermedad aumentó su incidencia entre un 100 % y un 200 % en los últimos 27 años. La enfermedad causa un gran impacto en la calidad de vida del enfermo y su familia. Algunos estudios apuntan a que este aumento de los casos se debe al modo de vida de países desarrollados.
¿Qué es la dermatitis atópica?

La dermatitis atópica es un tipo de eccema. Una afección que inflama la piel y la seca, está acompañado por un intenso prurito o picor. Además, es una enfermedad crónica y se manifiesta mediante brotes a lo largo del tiempo. Las personas que sufren dermatitis atópica corren riesgo de sufrir alergias alimentarias, asma y rinitis alérgica.
Aunque la enfermedad puede presentarse en personas de todas las edades. Los casos más comunes son los que se presentan en niños. Hasta el punto de que el 50 % de los casos lo hacen durante el primer año de vida del niño. También es la enfermedad crónica infantil más común. Además, esta enfermedad, a diferencia de otros eccemas, no es contagiosa.
El diagnóstico de la dermatitis atópica se basa en la evaluación de los síntomas del paciente. Así como su historial médico y un examen físico de la piel. En algunos casos, se pueden realizar pruebas adicionales para descartar otras causas de los síntomas.

Algunos de los factores desencadenantes de la enfermedad son:
1- Cambios bruscos de temperatura: El frío o el calor extremos pueden irritar la piel.
2- Jabones y detergentes agresivos: Algunos productos químicos pueden resecar la piel y empeorar los síntomas.
3- Tejidos ásperos: La lana o ciertos materiales sintéticos pueden irritar la piel.
4- Ácaros del polvo: Estos pequeños insectos que viven en el polvo doméstico pueden desencadenar brotes en personas sensibles.
5- Polen y caspa de animales: Los alérgenos ambientales pueden empeorar la dermatitis atópica en algunos casos.
6- Estrés: El estrés emocional puede desencadenar o empeorar los brotes.
Causa de la dermatitis atópica

Hay varios factores que pueden producir la dermatitis atópica. Entre los más comunes según las investigaciones son:
1- Predisposición genética: Hay determinados genes cuyas mutaciones pueden alterar la piel, produciendo una inflamación constante. Una de estas mutaciones es el del gen de la filagrina. Además, la predisposición se puede ver en los antecedentes de familiares, con alergias en los pacientes de dermatitis atópica. También, la predisposición es superior si es la madre en lugar del padre. Esta crece si son los dos los que tienes un historial con alergias.
2- Disfunción en la barrera cutánea: Esta se produce por el debilitamiento de la barrera dérmica. Al ser esta más débil, tiene problemas para retener la humedad y reduce la protección contra agentes externos. Estos agentes son las bacterias, los alergenos, factores medioambientales e irritantes
3- Factores ambientales: Los alérgenos como el polen, los ácaros del polvo, la caspa de las mascotas y ciertos alimentos. Pueden desencadenar o empeorar los síntomas de la dermatitis. Además de los irritantes como los jabones fuertes, los detergentes, los perfumes y la lana pueden causar picazón y enrojecimiento en la piel atópica. También el clima frío y seco puede resecar la piel y empeorar la dermatitis.
4- Factores inmunológicos: Un sistema inmunológico hiperactivo libera sustancias que provocan inflamación y picazón en la piel. También las alteraciones en la respuesta a ciertas bacterias o virus pueden aumentar la susceptibilidad a la dermatitis.
Es importante destacar que la afección no se debe a un único factor, sino a la interacción compleja de varios de ellos. La predisposición genética y la disfunción de la barrera cutánea. Crean una base sobre la cual los factores ambientales, inmunológicos y el estrés pueden desencadenar o empeorar la enfermedad.
Síntomas de la dermatitis atópica

Los síntomas de la dermatitis atópica están condicionados a la edad de la persona que la sufre. La enfermedad tiene dos fases:
1- Fase temprana o aguda: En esta fase aparecen áreas rojas, costras y supuración. Están acompañadas de un picor muy intenso. Además, la piel puede estar seca y agrietada, en casos extremos pueden aparecer ampollas. Suelen aparecer durante la infancia del paciente. Aparece en la cara extendiéndose al cuero cabelludo, cuello, brazos y piernas.
2- Fase crónica o tardía: Los adultos y niños mayores suelen desarrollar una erupción crónica. Esta puede desarrollarse en un único lugar o en zonas muy concretas, como los pliegues internos de los codos. También puede aparecer en el cuello y detrás de la rodilla.
Si bien la localización, intensidad y el color de la erupción es variable, el prurito es un síntoma constante. En niños mayores y adultos debe vigilarse y controlarse este picor. Ya que en caso de no hacerlo, se puede entrar en un ciclo de prurito, rascado, prurito. Este rascado continuado provoca liquenificación, que es un engrosamiento de la piel. La liquenificación puede ser difícil de tratar y puede persistir incluso después de que la dermatitis esté bajo control.
Tratamientos

La dermatitis atópica puede llegar a ser persistente. Suele ocurrir que debas probar varios tratamientos a lo largo de meses o años para poder llegar a controlarla. Debes tener en cuenta que, aunque el tratamiento sea efectivo, los síntomas pueden volver a aparecer.
El tratamiento puede iniciarse con un proceso de humectación regular de la piel, además de otros hábitos de cuidado personal. Si esto no funciona, tu médico puede recomendarte el uso de medicamento y otras terapias. Veamos algunos ejemplos:
Medicamentos

1- Medicamentos para combatir la infección. Tu médico puede recetarte antibióticos para combatir la infección. Se administran por vía oral o tópica. Entre ellos se encuentran la amoxicilina, cefalexina y mupirocina.
2- Píldoras para ayudarte a controlar la inflamación. En los eccemas más graves, el médico puede que te recete ciertos medicamentos para tratar los síntomas. Algunas opciones pueden ser prednisona, azatioprina, ciclosporina, micofenolato y metotrexato. Aunque son medicamentos efectivos para estos casos, no pueden usarse durante mucho tiempo. Esto se debe a la posibilidad de desarrollar efectos secundarios.
3- Medicamentos de uso tópico. Existe una gran variedad de productos que pueden ayudarte a reparar la piel y controlar el prurito. Pueden ser cremas, ungüentos y geles con distintas concentraciones. Debes evitar la exposición directa al sol mientras usas estos productos. Entre ellos se encuentran los corticosteroides tópicos, inhibidores de la calcineurina, emolientes y antihistamínicos.
4- Productos biológicos inyectables. Estos productos con anticuerpos monoclonales, como el dupilumab o el tralokinumab. Se pueden usar para pacientes que no responden bien a otros tratamientos. El dupilumab se indica para mayores de 6 años y el tralokinumab se receta a los adultos.
Consulte con su médico para determinar el tratamiento adecuado para su caso. Siga las instrucciones de uso de cada medicamento. Informe a su médico sobre cualquier otro medicamento que esté tomando y controle los posibles efectos secundarios de los medicamentos.
Terapias

1- Fototerapia. La fototerapia se utiliza con pacientes que no sufren mejoría con los tratamientos tópicos. También, en los pacientes que después de recibir tratamiento vuelven a sufrir brotes rápidamente. La terapia más sencilla es la exposición controlada del área afectada a la luz solar natural. Además, puede usarse luz ultravioleta A y B de banda estrecha. A veces de manera única y otras veces con medicamentos.
Este tratamiento no se administra a bebés y no es muy frecuente en niños pequeños. Se debe porque a largo plazo la fototerapia tiene efectos perjudiciales para la piel. Estos son el envejecimiento prematuro de la piel, aumento del riesgo de padecer cáncer de piel e hiperpigmentación.
2- Vendajes húmedos. Para los casos de eccemas graves, se utiliza un tratamiento intensivo y eficaz con corticoides. Se aplica un ungüento con corticoides en la zona afectada, se envuelve con una gasa húmeda y después con otra seca. En casos de pacientes con lesiones con una gran superficie de extensión, esto se hace en el hospital. Es un trabajo intenso que necesita de la experiencia del personal médico.
3- Modificación de la conducta y relajación. Se usa para ayudar a los pacientes con el mal hábito de rascarse. Se aplican técnicas cognitivo-conductual, técnicas de respiración y relajación, mindfulness y entrenamiento en el manejo del estrés. Así se reduce el picor, la inflamación y mejora la calidad de vida de los pacientes.
4- Otras terapias. Los baños en aguas termales con propiedades antiinflamatorias pueden mejorar los síntomas del eccema. También, los probióticos pueden ayudar a mejorar la salud intestinal y la función del sistema inmune. Lo que puede tener un efecto positivo en el eccema.
Eccema en bebés

El tratamiento para los bebés tiene los siguientes puntos:
1- Evitar temperaturas extremas. El calor y el frío pueden resecar la piel del bebé y empeorar el eccema. Use ropa transpirable y holgada para el bebé. No exponga al bebé al sol de forma directa. Use protector solar con factor de protección solar (FPS) de 30 o más.
2- Limite la frecuencia de los baños. Darle un breve baño con agua tibia cada dos o tres veces por semana. Use un jabón suave sin fragancia ni colorantes. Seque la piel del bebé con palmaditas suaves, no frotando.
3- Hidratación. Es fundamental hidratar la piel del bebé con un ungüento suave y sin fragancia después del baño. Busque un ungüento que contenga ingredientes como vaselina, aceite mineral, manteca de karité o ceramidas. Aplique el ungüento en una capa gruesa sobre la piel húmeda.

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