Existen diversos tipos de cáncer, pero sin duda, el cáncer de huesos es uno de los más letales cuando se ha diseminado hacia otras partes del cuerpo. El ser humano cuenta con alrededor de 206 huesos que dan soporte al esqueleto en condiciones normales. Sin embargo, cuando las células cancerígenas empiezan a multiplicarse sin control pueden dar paso a múltiples dolores y fracturas a raíz de una metástasis ósea. Especialmente, en zonas como la pelvis, los huesos de los brazos y en las piernas, provocando significativas alteraciones en el tejido óseo.
En este artículo te revelaremos cuáles son las principales causas y síntomas de este tipo de tumores. Cómo diagnosticarlos de forma oportuna, cuáles son las tipologías o variantes más comunes que existen. Qué tan alta es su prevalencia en el mundo y cuáles son los tratamientos más recomendados para retrasar el avance de esta afección y minimizar el agravamiento de sus dolencias físicas. Sobre todo, para mejorar el pronóstico de vida de millones de pacientes.
Sigue leyendo y descubre todo sobre este tema.
¿En qué consiste el cáncer de huesos?

El cáncer huesos, también conocido como cáncer primario del tejido óseo. Es una alteración de carácter biológico y genético que representa menos del 1% de todos los tipos de cáncer. De hecho, es considerada una enfermedad bastante rara y poco común con una mayor prevalencia en niños y adolescentes o en personas menores de 20 años. Los cuales, por lo general, abarcan alrededor del 25% de los casos diagnosticados.
Esta patología se produce cuando las células cancerígenas de un órgano afectado se diseminan hacia una determinada zona de los huesos. Es por ello que quienes sufren de cáncer de próstata o de cáncer de mama, tienen una mayor probabilidad de desarrollar cáncer de huesos. Debido a que aumenta el riesgo de que la enfermedad haga metástasis o que se propague hacia otras áreas del organismo. Generando un proceso irregular de inflamación y una destrucción progresiva de los tejidos.
Aunque, en términos concretos, los tumores no cancerosos, suelen ser mucho más frecuentes que los cancerosos. Comprometiendo en mayor medida estructuras óseas como la columna vertebral, la pelvis y los muslos. Haciendo que los huesos se debiliten y que el paciente padezca de persistentes molestias y dolores.
Tipos de cáncer de huesos

Dependiendo del tipo de células que originan la enfermedad y del lugar en el que se suscita de forma inicial. El cáncer de huesos puede clasificarse en al menos cuatro tipos. Veamos en qué consisten cada uno de ellos, qué partes del cuerpo comprometen con mayor frecuencia y quienes son más propensos a padecerlo.
- Osteosarcoma. Se trata del cáncer de huesos más común de todos. Adultos jóvenes y adolescentes son los más propensos a padecerlo. Sin embargo, también puede desarrollarse a cualquier edad. La parte inferior del muslo, la espinilla y la parte superior de los brazos, son las áreas en las que tiene una mayor incidencia.
- Condrosarcoma. Figura como el segundo cáncer óseo con mayor número de casos. Cuando se trata de esta tipología las células cancerígenas impactan en el área de las articulaciones. Especialmente, en el cartílago. Aunque los huesos de las costillas, de los muslos y del omoplato, también suelen verse seriamente afectados. Los adultos mayores de 40 años son los más propensos a padecerlo.
- Sarcoma de Ewing. Hace referencia a los tumores cancerígenos que crecen en zonas como la pelvis, las piernas o en los brazos de diversos niños y adultos. Pero a diferencia de otros tipos de cáncer de huesos, tiene un mayor riesgo de presentarse en los tejidos blandos del cuerpo.
- Sarcoma de tejido blando. Se trata de una de las variantes del cáncer óseo que a su vez se clasifica en otras cuatro tipologías. Como lo son el sarcoma indiferenciado del hueso, el histiocitoma fibroso maligno óseo, el fibrosarcoma y el leiomiosarcoma. Los cuales más allá de sus particularidades generan alteraciones similares al osteosarcoma. Con una mayor incidencia en adultos mayores de 40 años.
¿Cuántas etapas tiene esta enfermedad?

Por regla general, la evolución del cáncer de huesos se enmarca en al menos cuatro etapas. En las que mientras más bajo sea el número, menos se habrá propagado la enfermedad. La etapa IV es la más alta de todas y da cuenta de una mayor diseminación de las células cancerígenas. Esta estadificación le permite al especialista determinar qué tan avanzada está la enfermedad en la fase de diagnóstico. Así como precisar que tan grave es la alteración para hallar la mejor forma de tratarla y prolongar la vida del paciente.
No obstante, es preciso acotar que cada persona vive la experiencia del cáncer de distintas maneras. Por lo que más allá del pronóstico y de los tratamientos implementados. La recuperación y el pronóstico de supervivencia dependerá de cómo responda o evolucione el organismo de cada paciente en cada fase.
Principales causas y factores de riesgo

La causa que da pie a los distintos tipos de cáncer óseo aún es desconocida. Sin embargo, se cree que un pequeño porcentaje de los casos guarda una estrecha relación con factores genéticos y hereditarios. Así como con la exposición a agentes radioactivos.
En tal sentido, los expertos han identificado una serie de factores que podrían aumentar el riesgo de desarrollar esta enfermedad. A continuación, te presentamos algunos de los más comunes:
Edad

Como avanzamos en líneas anteriores los niños y adolescentes son más propensos a sufrir de cáncer de huesos. Así que la edad constituye uno de los principales factores de riesgo ante esta alteración.
Radioterapia para el cáncer

A pesar de ser uno de los tratamientos más implementados para contrarrestar las células cancerosas. Las terapias con radiación aumentan el riesgo de desarrollar diversos tipos de cáncer. Debido a que los rayos gamma y los neutrones pueden llegar a dañar significativamente el ADN.
Quimioterapia

Dependiendo del tipo de droga y de la dosis que se emplee. Los fármacos que configuran el tratamiento de quimioterapia, podrían favorecer la diseminación de las células cancerígenas hacia otras áreas del cuerpo.
Síndromes hereditarios

Algunas alteraciones de carácter genético que pasan de generación en generación. Como es el caso del síndrome de Li-Fraumeni o el retinoblastoma hereditario. Elevan el riesgo de desarrollar enfermedades de este tipo.
Enfermedad de Paget

Debido a su impacto en los huesos y a la interrupción del reemplazo del viejo tejido óseo. El trastorno crónico de Paget hace que las estructuras óseas se vuelvan mucho más frágiles y propensas a fracturas. Por lo que se estima que una de cada 10 personas con esta enfermedad desarrolla cáncer de huesos.
Tumores benignos previos

Muchos de los tumores benignos que se forman en los huesos se propagan hacia otras áreas del cuerpo. Así que este tipo de masa de tejido anormal constituyen otro inminente factor de riesgo.
Síntomas característicos

Los síntomas propios del cáncer de huesos están muy sujetos al lugar en el que se localiza el tumor. Pero a su vez, también responden a la severidad de la enfermedad en sí misma. No obstante, existen manifestaciones generales que bien pueden dar cuenta de diversas anomalías en este sentido. Aunque en algunos casos lleguen a confundirse con artritis. Sobre todo, a raíz de la indiscutible hinchazón en el área afectada.
Veamos pues, cuáles son los indicios más característicos de esta patología, en aras de que logres identificarlos de forma temprana:
- Cansancio.
- Fiebre.
- Sudoración nocturna.
- Dolor de huesos.
- Pérdida de peso.
- Inflamación parcial en puntos de brazos o piernas.
- Problemas de movilidad.
- Y dolor articular.
¿Cómo se diagnostica esta enfermedad?

Confirmar o descartar un caso de cáncer de huesos pasa por llevar a cabo diversas pruebas o exámenes radiográficos. Sobre todo, para determinar en qué punto se encuentra localizado el tumor. Así como para precisar que tan grande es el mismo y en qué medida se ha diseminado hacia otras partes o áreas del cuerpo.
En ese orden y más allá de los síntomas presentados, algunos de los estudios que se recomiendan para agilizar y optimizar el diagnóstico de este tipo de enfermedades son los siguientes:
- Resonancia magnética.
- Exploración ósea.
- Tomografía computarizada.
- Radiografía.
- Y biopsias, en todos aquellos casos en los que el oncólogo lo considere pertinente.
¿Cuándo acudir a un especialista?

Si presentas cualquiera de los síntomas que hemos referido en líneas anteriores y estás dentro del rango de edad con mayor riesgo a desarrollar esta enfermedad. Lo mejor será que acudas a un especialista para concretar los diversos análisis de rigor. Y en caso de confirmarse la presencia de un tumor en los huesos, este te remitirá al oncólogo.
Así que si el dolor en los huesos se torna persistente o empeora durante la noche. Incluso con la toma de analgésicos. No dudes en solicitar la valoración de un experto. Especialmente, si se trata de niños o de jóvenes en edad adolescente.
Tratamientos implementados

El tratamiento indicado para abordar y aliviar los síntomas del cáncer de huesos depende de que tan avanzada esté la enfermedad y del estado de salud del paciente. Así como del área en la que se ha desarrollado y de las causas que potencian la diseminación de las células cancerosas. En tal sentido, algunos tipos cáncer podrían ameritar solo una cirugía. Mientras que otros deben complementarse con radioterapia y otros medicamentos como quimioterapia.
Por ende, al momento de abordar estos casos, existen al menos tres métodos y mecanismos esenciales por los que se puede apostar:
- Cirugía. Recurriendo al reemplazo artificial o al injerto óseo para evitar amputaciones mediante el uso de tecnología de punta.
- Quimioterapia. Como parte de las drogas anticancerígenas más usadas para destruir las células cancerosas.
- Radioterapia. En casos de que el cáncer se encuentre en una zona recóndita o de difícil acceso para llevar a cabo una operación.
Aunado a ello, resulta de vital importancia que el paciente reciba un genuino apoyo de familiares y amigos. Sobre todo, para sobrellevar mejor los sentimientos asociados al diagnóstico de la enfermedad.

Deja un comentario