En el cuerpo humano tenemos el orden de unas 360 articulaciones, algunas móviles, semimóviles e inmóviles. En algunas de ellas, podemos encontrar las bursas sinoviales, que son unas bolsas llenas de líquido sinovial. Estas reducen la fricción de los huesos con los tejidos blandos. Es a estas bursas a las que afecta la bursitis y de las que recibe el nombre. Siendo uno de los trastornos musculoesqueléticos más comunes.
Esta es una condición que se caracteriza por la inflamación de la bursa. Puede ocurrir en cualquier articulación del cuerpo, pero es más común en los hombros, codos, caderas, rodillas y talones. Afecta a personas de todas las edades, pero es más común en adultos mayores de 40 años. Cuando una bursa se inflama, puede causar dolor, hinchazón y rigidez en las articulaciones afectadas. En este artículo, conoceremos todo sobre la afección, para que puedas encontrar el tratamiento adecuado.
¿Qué es la bursitis?

La bursitis se produce cuando se inflaman o irritan las bursas de las articulaciones. Esto afecta tanto a los huesos como a los músculos, tendones y piel. Las zonas más propensas a sufrir la afección son:
1- Hombro: Es muy común en personas que realizan movimientos repetitivos con el brazo, como deportistas o trabajadores manuales.
2- Codo: También conocida como «codo de estudiante», suele aparecer por apoyar el codo sobre superficies duras durante largos periodos.
3- Cadera: Se presenta en la parte lateral de la cadera y puede ser causada por actividades como correr o caminar largas distancias.
4- Rodilla: Conocida como «rodilla de criada», se produce por movimientos repetitivos de flexión y extensión de la rodilla.
5- Talón: También llamada «talón de Aquiles», se presenta en la parte posterior del talón. Puede ser causada por el uso de zapatos inapropiados o por correr sobre superficies duras.

Es frecuente sufrir de bursitis en articulaciones que realizan el mismo movimiento con frecuencia. Ya que se propicia el desgaste, lo que deriva en la inflamación. Existen dos formas de clasificar las bursitis. La primera lo hace por su localización, una de las más conocida está en el hombro. Se asocia a la lesión del manguito rotador. La segunda las divide en bursitis crónica y aguda:
1- Crónica: Esta es una bursitis aguda que no se ha curado adecuadamente. También, se produce por la repetición de bursitis agudas. Usualmente dura más de 12 semanas.
2- Aguda: En este caso, los síntomas de inflamación y dolor aparecen bruscamente. Suele durar menos de 6 semanas.
Si experimentas dolor, hinchazón o enrojecimiento en alguna articulación. Es importante consultar al médico para un diagnóstico y tratamiento adecuado. La bursitis, si se trata a tiempo, puede resolverse de manera efectiva y prevenir complicaciones a largo plazo.
Síntomas

Los síntomas principales de la bursitis son la incapacidad para hacer ciertos movimientos cotidianos o ejercicios. Esto se acompaña por el dolor en las articulaciones. Los síntomas pueden aparecer de golpe o progresivamente. Esto puede notarlo el paciente al moverse y al tocar la piel que rodea la bursa. Además de encontrar la zona más sensible.
Los síntomas más comunes son:
1- Dolor: El síntoma más común es el dolor en la articulación afectada. Este dolor puede ser agudo o sordo, y puede empeorar con el movimiento, la presión o el roce sobre la zona.
2- Incapacidad para realizar movimientos: Puede dificultar o imposibilitar la realización de ciertos movimientos cotidianos o ejercicios debido al dolor y la rigidez.
3- Sensibilidad: La zona afectada por la afección suele ser sensible al tacto.
4- Hinchazón: En algunos casos, la articulación afectada puede verse hinchada.
5- Enrojecimiento: La piel sobre la articulación afectada puede enrojecerse.
6- Rigidez: Puede causar rigidez en la articulación afectada, lo que dificulta su movimiento.
7- Fiebre: En caso de infección de la bursa, el paciente puede experimentar fiebre.
Según la zona, puedes presentar los siguientes síntomas:
1- Hombro: Dolor al levantar el brazo, al alcanzar objetos por encima de la cabeza o al realizar movimientos repetitivos con el brazo.
2- Codo: Dolor al apoyar el codo sobre superficies duras o al realizar movimientos de flexión y extensión del codo.
3- Cadera: Dolor al caminar, correr o subir escaleras.
4- Rodilla: Dolor al arrodillarse, al correr o al subir escaleras.
5- Talón: Dolor al caminar o correr, especialmente sobre superficies duras.
Un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado son esenciales para aliviar los síntomas de la afección y prevenir complicaciones. El tratamiento suele incluir reposo, medicamentos antiinflamatorios, fisioterapia y, en algunos casos, inyecciones de esteroides o cirugía.
Causas

Las causas más comunes para el desarrollo de bursitis es la presión de las bolsas sinoviales que producen algunas posturas. Así como realizar movimientos repetitivos de forma continuada. Otras causas pueden ser traumatismos, heridas e infecciones. También, existen enfermedades como la artritis reumatoide o la gota que pueden causar bursitis.
Así, las causas más frecuentes son:
Presión y Postura

La presión y postura son factores que se pasan por alto cuando se trata de la salud articular. Sin embargo, su influencia en el desarrollo de problemas articulares es considerable. A continuación, te detallamos como pueden afectar negativamente a nuestras articulaciones:
1- Posturas prolongadas: Permanecer en una misma posición durante largos periodos. Como arrodillarse al rezar o trabajar en cuclillas. Esto genera una presión constante sobre las bolsas sinoviales, aumentando la fricción y el riesgo de inflamación.
2- Deportes con presión articular: Ciertas actividades deportivas, como la lucha libre o el fútbol americano. Estos implican un contacto físico intenso y una presión considerable sobre las articulaciones, lo que las hace más susceptibles.
3- Profesiones con movimientos repetitivos: Trabajos que exigen movimientos repetitivos de las articulaciones, como carpinteros, pintores o cajeros. Pueden generar microtraumatismos y desgaste en las bolsas sinoviales, desembocando en la afección.
Movimientos Repetitivos

Los movimientos repetitivos son aquellos que se realizan de forma constante y reiterada. Utilizando los mismos grupos musculares o articulaciones. Si bien son parte natural de muchas actividades diarias y deportivas, su ejecución excesiva o inadecuada puede acarrear consecuencias. Principalmente, se presentan en:
1- Actividades deportivas: Movimientos repetitivos en deportes. Como tenis, golf, ciclismo o remo que someten las articulaciones a un estrés constante, favoreciendo la inflamación de las bursas.
2- Ejercicios sin técnica adecuada: Realizar ejercicios con una postura incorrecta o sin la técnica adecuada. Esto puede generar una sobrecarga en las articulaciones y aumentar el riesgo de sufrir la inflamación.
3- Actividades cotidianas: Movimientos repetitivos realizados en el día a día, como escribir en el teclado o utilizar herramientas manuales. También, pueden contribuir a la afección si no se realizan con la ergonomía adecuada.
Otros factores de riesgo

Existen otros factores de riesgo que pueden jugar un papel importante en la aparición de la afección. Ya que por sí solos o en combinación, aumentan las probabilidades. Entre esos aspectos tenemos:
1- Traumatismos: Golpes, caídas o accidentes pueden causar inflamación y daño a las bolsas sinoviales, incluso si no hay una herida visible.
2- Heridas: Cortes, raspaduras o pinchazos en la zona de una bursa pueden aumentar el riesgo de infección.
3- Infecciones: Bacterias, virus o gérmenes pueden entrar en las bolsas sinoviales a través de una herida o por vía sanguínea. Causando una infección y la posterior inflamación.
4- Enfermedades: Algunas enfermedades reumáticas. Como la artritis reumatoide, la gota o la artritis psoriásica pueden aumentar la predisposición a la afección.
5- Edad: El desgaste natural de las articulaciones con el paso del tiempo aumenta la probabilidad de desarrollar la inflamación.
6- Factores genéticos: Ciertas personas pueden tener una predisposición genética a la inflamación de las bolsas sinoviales.
Diagnóstico y tratamiento

De forma general, los médicos diagnostican la bursitis por la exploración física y el historial clínico del paciente. En algunos casos donde estos medios no son suficientes, el médico puede realizar otras pruebas. Estas pueden ser las siguientes:
1- Análisis de laboratorio: El médico podría pedir unos análisis de sangre o del líquido sinovial de la bursa inflamada. Esto permitiría identificar la causa del dolor articular y la inflamación.
2- Pruebas de diagnóstico por imágenes: Aunque las imágenes de rayos X no pueden asegurar el diagnóstico de una bursitis, si puede descartar otro malestar. Una ecografía o una resonancia magnética son otras pruebas que pueden realizarse para ayudar a diagnosticar la afección.
En la gran mayoría de los casos diagnosticados de bursitis, esta puede desaparecer sola sin aplicar un tratamiento específico. Algunas medidas para aliviar las molestias que se sufren son descansar, tomar analgésicos o poner hielo en la zona. En casos más graves, habrá que seguir otros tratamientos:
1- Terapia: Los ejercicios físicos y la fisioterapia pueden fortalecer la musculatura de la zona afectada. Esto aliviará el dolor además de prevenir la reaparición.
2- Medicamentos: Ante una infección que es la causante de la inflamación de la bolsa sinovial, el médico puede recetar unos antibióticos.
3- Dispositivos de asistencia: El uso de una muleta u otros dispositivos ortopédicos te ayudarán a suavizar la presión de la articulación afectada.
4- Cirugía: En algunas ocasiones, la bursa inflamada puede ser drenada de forma quirúrgica. Muy pocas veces se necesita extirpar quirúrgicamente la bolsa sinovial afectada.
5- Inyecciones: A veces, es necesario inyectar corticoides en la bolsa de la cadera o el hombro para aliviar el dolor y la inflamación. Generalmente, el tratamiento actúa con mucha rapidez. Solo suele necesitarse una inyección en la mayoría de los casos.
¿Cómo sobrellevar la bursitis?

La bursitis puede convertirse en una verdadera pesadilla si no se le da el cuidado adecuado. Afortunadamente, existen diversas estrategias que puedes implementar para sobrellevarla y recuperar tu calidad de vida. A continuación, te dejamos algunos consejos que pueden servirte para aliviar los efectos de la enfermedad:
1- Protege las zonas afectadas: Puedes usar almohadillas para proteger las zonas afectadas por la bursitis. Esto te ayudará a rebajar la presión mantenida por ciertas tareas. Recuerda parar la actividad que afecta a esa zona cada cierto tiempo, para relajar la presión de la bursa.
2- Elige bien y cuida el calzado: Elige con cuidado el calzado deportivo si corres o caminas largas distancias. Que sea cómodo y suavice el impacto al correr. Deberás usar protectores, plantillas o almohadillas en el calzado si sufres una bursitis del tendón de Aquiles.
3- Evita el esfuerzo manual usando dispositivos eléctricos: Especialmente, a la hora de tener que realizar movimientos repetitivos con las manos. Procura usar aparatos eléctricos acordes a la actividad. Un ejemplo pueden ser los abrelatas y picadoras en la cocina, o los destornilladores eléctricos en el bricolaje.
4- Cuida los movimientos realizados con el hombro: Si sufres o has sufrido una bursitis en el hombro, deberás tener mucho cuidado con ciertos movimientos. Presta mucha atención cuando levantes los hombros por encima de la cabeza, sobre todo con peso.
5- Sigue el tratamiento médico a rajatabla: Cumple todas las indicaciones medicas sobre el tratamiento farmacológico. Ya sea con los antinflamatorios o los antibióticos.

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