Más allá de la incidencia de diversas bacterias o microrganismos en el sistema respiratorio. Los huesos del ser humano también pueden verse comprometidos por la propagación de múltiples gérmenes a través del torrente sanguíneo. Dando a paso a infecciones en los huesos o a la que también se le conoce como osteomielitis. Una inflamación irregular del tejido óseo que aumenta el riesgo de desarrollarse en personas con diabetes, pero también en otros pacientes con enfermedades crónicas o insuficiencia renal.
En este artículo te diremos en qué consiste esta enfermedad, cuáles son sus principales síntomas, cuándo acudir al médico y cómo diagnosticarla de forma oportuna. Sobre todo, para evitar complicaciones como muerte ósea, artritis séptica, crecimiento irregular de los huesos y hasta cáncer de piel. Así que toma nota de los factores de riesgo más comunes y de sus manifestaciones más características para recibir el tratamiento más adecuado.
¿Qué es la osteomielitis?

La osteomielitis, también conocida como la infección bacteriana más común de los huesos largos. Es una patología infecciosa de carácter inflamatorio que afecta con mayor frecuencia zonas como las piernas, los brazos y la columna vertebral. Específicamente, por la incidencia de múltiples hongos, gérmenes y bacterias que se propagan a través de la piel, los músculos o los tendones. Aunque la Staphilococcus aureus es, por lo general, la bacteria que origina esta afección.
Se trata de una enfermedad que se caracteriza por destruir de forma progresiva el tejido óseo, generando lesiones cutáneas con pus. Especialmente, en áreas puntuales en las que se ha propagado la infección. Los niños pequeños y las personas mayores con patologías de base como la diabetes suelen ser más propensos a contraerla. Sin embargo, ninguna persona está exenta de padecerla, ni de desarrollar problemas graves asociados.
De hecho, de acuerdo con el portal de Top Doctors en España. Se estima que esta patología afecta a entre 10 y 100 personas por cada 100.000 habitantes cada año. Con una mayor incidencia de osteomielitis aguda en niños menores de 13 años. En los que las potenciales secuelas tienen una gran relevancia a largo plazo. A pesar de que la prevalencia de esta infección sigue siendo relativamente baja.
Tipos de osteomielitis

En función de la evolución y del área en la que se produzca la infección, así como de los síntomas asociados. La osteomielitis puede clasificarse en al menos tres tipos. Veamos pues, en qué se diferencian cada una de ellas y cómo identificarlas de forma oportuna:
Aguda

Se trata de la inflamación del tejido óseo que evoluciona en menos de dos semanas y, por lo general, se presenta acompañada de pus. Además, se deriva de áreas previamente infectadas en el organismo. Es decir, que existe un foco primario que bien puede estar en el oído medio, en el intestino o en la piel. Para luego comprometer la parte blanda de los huesos.
Crónica

Es el tipo de osteomielitis que suele avanzar en más de cuatro semanas. Y que, debido a su carácter crónico no responde únicamente a la toma de antibióticos. Por lo que se requiere de una cirugía para conseguir su curación de manera eficaz.
De hecho, una vez que se ha atravesado por el estadio agudo de esta enfermedad con o sin tratamiento. La mayoría de los enfermos presentan fragmentos de hueso muerto, cavidades y fístulas.
No hematógena

Consiste en la infección bacteriana que se produce por inoculación directa. Especialmente, después de un traumatismo o cirugía. O a partir de un foco contiguo al que también se le conoce como celulitis.
Causas y factores de riesgo

Como avanzamos en líneas anteriores. La principal causa de la osteomielitis es la diseminación de hongos y bacterias que viajan por el torrente sanguíneo hasta alojarse en los huesos. Especialmente, por el impacto de gérmenes como los estafilococos que suelen encontrarse con relativa frecuencia en áreas como la piel y la nariz de muchas personas sanas.
Por tanto, es preciso acotar que esta tipología de bacterias pueden llegar al tejido óseo por diversas vías. Sin embargo, las formas más comunes en las que ingresan al cuerpo humano, son las siguientes:
- A través del torrente sanguíneo. Tal y como ocurre con los gérmenes que producen neumonía en los pulmones o infecciones en la vejiga.
- Mediante lesiones o heridas punzantes. Debido a que los cortes graves aumentan el riesgo de infecciones que pueden terminar diseminándose hasta los huesos.
- Tras someterse a una cirugía. A raíz de una contaminación directa por bacterias al momento de sustituir articulaciones o corregir fracturas.
Es decir que, a pesar de que los huesos normales sean sumamente resistentes a las infecciones. Existen factores que aumentan el riesgo de contraer o desarrollar osteomielitis. A continuación, haremos referencia a algunas de ellas:
- Procedimientos quirúrgicos. Con énfasis en aquellos que involucren heridas profundas o fracturas graves.
- Problemas de circulación. Tales como obstrucción en los vasos sanguíneos.
- Tratamientos o patologías que debilitan el sistema inmunitario. Entre las que destacan la diabetes mal controlada, la enfermedad arterial periférica y los trastornos hereditarios de glóbulos rojos.
- Uso de tubos o de dispositivos por vía intravenosa. Tales como catéteres urinarios o tubos asociados a las máquinas de diálisis.
- Y el consumo indiscriminado de drogas. Especialmente aquellas que son administradas por vía intravenosa mediante agujas no esterilizadas.
Síntomas característicos de esta infección

Los indicios o síntomas típicos de la osteomielitis dependen en gran medida del tipo de infección que desarrolle cada paciente. Así como de cuánto ha avanzado la bacteria en la parte blanda de los huesos y en el interior del organismo. Esto hace que sus manifestaciones no siempre sean las más específicas, además pueden llegar a variar en mucho según la edad.
Sin embargo, algunos de los signos indiscutibles y más característicos que advierten una afección en este sentido son los siguientes:
- Fiebre y escalofríos.
- Sudoración excesiva.
- Calor, inflamación y enrojecimiento local.
- Malestar general.
- Formación de heridas con pus.
- Dolor óseo.
- Fatiga y cansancio excesivo.
Aunque en algunos casos, la enfermedad también puede presentarse de manera asintomática en sus estadios iniciales. Especialmente, en bebés y en adultos mayores con sistemas inmunitarios debilitados.
¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico oportuno de esta afección consiste en una evaluación física y exhaustiva por parte de un traumatólogo. El cual se centrará en ahondar en el historial clínico del paciente y en la sintomatología que presente. Además, se cerciorará de indagar en el grado de sensibilidad y de hinchazón que se evidencia en zonas contiguas al hueso. Para luego proceder a efectuar pruebas más específicas que ayuden a determinar que tipo de bacteria está desencadenando la infección.
En ese orden, algunos de los análisis y exámenes más idóneos que podría solicitar el especialista. Sobre todo, para tener un panorama más claro del grado de afección que está comprometiendo la salud ósea, son los siguientes.:
- Radiografías o resonancias magnéticas.
- Hemocultivos.
- Biopsia del hueso.
- Gammagrafía del hueso.
- Conteo sanguíneo completo. Con fin de determinar la cantidad de glóbulos rojos que están presentes en la sangre.
- Aspiración por punción del punto del hueso comprometido o biopsia de la médula ósea para extraer una muestra del tejido inflamado.
¿En qué casos se recomienda acudir al médico?

La mayoría de los casos de osteomielitis pueden ser tratados con eficacia si se diagnostican de forma oportuna. Sin embargo, si empiezas a notar que el dolor en los huesos y la fiebre empeoran. No dudes en acudir a un especialista. Aunado a ello, en caso de que padezcas de diabetes o de cualquier otro tipo de patología, particípaselo a tu médico antes de cualquier operación o cirugía.
Aunque si después de tomar todas las precauciones presentas signos o síntomas inusuales como inflamación o enrojecimiento localizado. Tampoco lo dejes pasar.
Tratamiento sugerido

La forma más efectiva de prevenir infecciones en los huesos por bacterias como el Staphilococcus aureus. Consiste en mantener la piel limpia después de sufrir cualquier tipo de corte o herida profunda. Así como por mantener bajo control todas aquellas enfermedades que debilitan el sistema inmunológico. No obstante, si por una u otra razón desarrollas este tipo de afección. La forma más frecuente de abordarla es mediante la prescripción de antibióticos.
Especialmente, para destruir o eliminar por completo las bacterias que causan dolores o disminución del riego sanguíneo en las estructuras óseas. Por lo que la toma de antibióticos por vía oral o intravenosa. Bastará para neutralizar la enfermedad en sus estadios incipientes.
Aunque en caso de que la patología este más avanzada y se determine la presencia tejido óseo muerto. Se requerirá una cirugía localizada para extirpar las partes infectadas. Mediante un procedimiento que también se conoce como desbridamiento.
Lo mismo ocurre en el caso de personas con problemas de riesgo sanguíneo que podrían requerir de una cirugía para mejorar la circulación de sangre en la zona.
Pronóstico

El mayor porcentaje de casos de personas con osteomielitis aguda. Se recuperan de forma satisfactoria tras seguir al pie de la letra el tratamiento con antibióticos. La única circunstancia bajo la cual podría ser menos alentador el pronóstico es en casos de personas con osteomielitis crónica o prolongada.
Así como en el diagnóstico clínico de personas con diabetes y mala circulación que adquieran algún tipo de bacteria de la familia de los estafilococos. De resto, todo dependerá de que tan buena sea la salud de la paciente, del tipo de infección que presente y de las complicaciones asociadas.

Deja un comentario