Si hay enfermedades virales que pueden llegar a confundirse a simple vista. Tanto por sus características como por su sintomatología en la piel. Esas son la varicela y el sarampión. Debido a que se trata de dos infecciones altamente contagiosas que generan una especie de sarpullido sobre la superficie cutánea. Sin embargo, una de las principales diferencias entre ambas es que la primera genera comezón. Mientras que la segunda solo da paso a una erupción que no pica.
Además, también encontramos una serie de distinciones o particularidades en las zonas en las que se desarrolla este tipo de sarpullido. Con una mayor prevalencia de cicatrices en una que otra. Especialmente, cuando la persona sucumbe ante el picor y empieza a rascar las ampollas. Sigue leyendo este artículo y entérate de todas las similitudes y diferencias de estas dos afecciones febriles que predominan en la infancia.
Diferencias entre la varicela y el sarampión

A pesar de que tanto la varicela como el sarampión se asocian con cansancio y malestar general. Estas dos patologías infecciosas son muy diferentes en términos de complicaciones y de gravedad. Sobre todo, en lo que respecta al avance de la enfermedad en niños sanos. Las tasas de muerte por sarampión aún siguen siendo un motivo de preocupación en diversos países de América Latina. Mientras que la varicela muy rara vez deriva en problemas graves o severos.
De hecho, siempre y cuando el niño o el adulto no tenga un sistema inmunitario debilitado. El virus varicela-zóster puede seguir su curso sin ocasionar mayores percances de salud. Mejorando por sí solo al cabo de una o dos semanas de la infección. Bien sea con el uso de antihistamínicos, con lociones de calamina para aliviar la comezón o sin ningún tipo de tratamiento.
Rasgos definidos

Lo cierto, es que la emergencia y el desarrollo de la erupción cutánea en ambos casos, es muy diferente. Y mientras que en la varicela el aspecto de las ampollas va cambiando a largo de los días. Hasta dar paso a la formación de ampollas llenas de líquido que deben evitar rascarse a toda costa. El sarpullido que aparece con el sarampión se presenta generalmente en el interior de las mejillas para luego ir extendiéndose hasta la cara y el resto de las extremidades.
Pero, a diferencia de la varicela. Las manchas de Koplik del sarampión, no generan ningún tipo de picor. Por lo que el riesgo de cicatrices tras la afección es mucho menor. Aunque el virus en sí mismo y sus síntomas asociados se relacionan con un mayor riesgo de tos, diarrea e infección en los pulmones. Que en el caso de la varicela no necesariamente se manifiesta.
Veamos más en detalle en qué consisten cada una de estas enfermedades.
¿Qué es la varicela?

También conocida como la lechina en diversos países de América Latina. La varicela es una infección viral sumamente contagiosa desencadenada por el virus de la varicela-zóster. De acuerdo, con la Asociación Española de Vacunología. Se estima que cerca de un 90% de los adultos mayores de 35 años han cursado por esta enfermedad. Que, por lo general se manifiesta antes de los 14 años. Incluso en pacientes vacunados que, si bien experimentarán síntomas más leves. No están exentos de enfermarse.
Los bebés, los adolescentes y los adultos con sistemas inmunitarios debilitados. Son los más propensos a de desarrollar las manifestaciones más graves de esta infección. Las cuales van desde fiebre, sarpullido y cansancio hasta deshidratación e infecciones bacterianas en la piel.
Por ello y en aras de prevenir estas y muchas otras complicaciones. Se recomienda cumplir con el esquema de vacunación a los 15 meses y a los 4 años. Con el fin de que el organismo tenga más herramientas para combatir el avance de los microbios.
¿Cómo se contagia esta enfermedad?

El virus de la varicela-zóster se propaga mediante el contacto directo con el sarpullido que presenta la persona infectada. Específicamente, con el líquido que emerge de las ampollas cutáneas. Aunque como ocurre con otros patógenos de esta naturaleza. La enfermedad también puede diseminarse mediante las gotículas de saliva que expide una persona enferma tras toser, hablar, cantar o estornudar.
Teniendo un mayor riesgo de contagio, todos aquellos individuos que trabajan en guarderías o en entornos escolares. Sin embargo, la buena noticia es que el grueso de la población solo contrae esta infección una vez la vida. A pesar de que también es cierto que el virus puede permanecer latente en el organismo del afectado. O reactivarse años más tarde para dar paso a otra erupción dolorosa que también se conoce como herpes zóster o culebrilla.
Todo dependerá de cómo responda el sistema inmunológico de cada paciente.
¿Cuáles son sus principales síntomas?

Los síntomas de la varicela se manifiestan entre los 10 y 21 días después de la exposición al patógeno. Pero las ampollas asociadas a la erupción pueden aparecer mucho antes con una duración de 5 a 10 días. Mientras que los síntomas del sarampión se suelen empezar a evidenciar desde los 3 a 5 días en contacto con el virus. Así que esta es otra de las diferenciaciones claves entre la varicela y el sarampión.
Debido a que el proceso de incubación del virus-zóster puede durar hasta 21 días y no necesariamente llegar acompañada con fiebre alta. Aunado a ello, otras de las señales distintivas que te ayudarán a identificar un brote de esta enfermedad son las siguientes:
- Malestar general.
- Cansancio.
- Pérdida de apetito.
- Dolor de cabeza.
- Y, por supuesto, la aparición de protuberancias que pasa por tres etapas. Emergencia de pápulas. Desarrollo de ampollas llenas de líquido que se rompen y gotean por sí solas. Y la formación de costras cuando la infección empieza a cesar y las lesiones empiezan a curarse.
Que es precisamente el momento en el que la enfermedad dejará de ser contagiosa al tacto. Debido a que las costras indicarán que las ampollas se secaron.
Tratamientos y medidas de prevención recomendadas

El diagnóstico de este virus se lleva a cabo mediante un examen físico en el que se constatan y enumeran los síntomas que presenta el paciente. Por tanto, si notas que tú o tus hijos presentan algunas de estas irregularidades. No dudes en consultarlo con el pediatra. Especialmente, si el niño sufre de alguna patología crónica de base o de una condición en específico.
De resto, la forma de abordar y tratar un caso de varicela. Es tomando ciertos fármacos para reducir los brotes de la erupción y dejar que la enfermedad siga su curso. Procurando no rascarte para evitar cicatrices y tomando duchas de bicarbonato de sodio y avena fría para aliviar la picazón y el ardor.
Adicionalmente, otras medidas que te pueden ayudar consisten adoptar una dieta blanda libre de condimentos. Y tomar acetaminofén en caso de presentes algún grado de fiebre. Evitando a toda costa el uso de aspirinas.
¿Qué es el sarampión y cuáles son sus síntomas característicos?

A la hora de profundizar en varicela y sarampión y en sus definidas diferencias. Es preciso acotar que el sarampión genera lesiones en la piel muy distintas a la varicela. Y aunque en algunos casos pueden compartir ciertos síntomas y ser catalogadas como dos enfermedades febriles con un alto grado de propagación. En el caso del sarampión los síntomas de estornudo, de conjuntivitis y de tos son los más comunes. Por lo que también se le conoce como “la enfermedad de los tres catarros”.
Los bebés y los niños pequeños que no han sido vacunados contra el virus. O que no han recibido la segunda dosis del esquema de inmunización que debe completarse entre los 4 y 6 años. Figuran como la población más propensa a contraer esta enfermedad. Que, como avanzamos en líneas anteriores da paso a la aparición de manchas blancas en la cara interna de las mejillas.
Las cuales con el paso de los días se presentan acompañadas por un sarpullido rojo en el rostro. Una manifestación que poco a poco se va extendiendo hacia otras zonas del cuerpo como el cuello, el pecho, la espalda y las pantorrillas.
Vías de propagación del virus

Otro de los puntos en común que existen entre varicela y sarampión al momento de ahondar en los mecanismos de contagio y de propagación. Residen en la forma en la que se diseminan o esparcen ambos virus. Pues tanto uno como en otro caso, las secreciones nasales u orales constituyen la principal variable de contagio entre el grueso de la población.
Especialmente, cuando el sujeto infectado tose o estornuda. Dejando que el virus permanezca activo en el aire por al menos 2 horas. Aunque cuando se trata de la varicela se suma el riesgo de contagio por contacto con el líquido de las ampollas.
Acciones puntuales y medidas para prevenir el contagio

Más allá de todas las diferencias que hemos enumerado entre la varicela y el sarampión a lo largo de este artículo. El principal mecanismo de prevención para ambas enfermedades es la vacunación oportuna. Que en el caso del sarampión debe llevarse a cabo en dos dosis. La primera entre los 6 y 12 meses y la segunda a partir de los 4 años.
Mientras que, en lo que respecta a la varicela, lo ideal es que se administre la vacuna al menos dos veces. Una primera dosis a los 15 meses y una segunda dosis a partir de los 4 años. Para que de esta manera la salud y el sistema inmunológico de los más pequeños, no se vea comprometido por la incidencia de ambos virus.
Aunado a ello y en aras de cortar con la propagación de la enfermedad. Te sugerimos usar tapaboca al menos hasta que se hayan terminado de formar las costras en las lesiones. Especialmente, en el caso de la varicela. Practicando activamente el lavado de manos y guardando reposo en casa en ambientes ventilados para que ambos virus sean eliminados por completo.

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