Llevar una alimentación balanceada y adoptar un estilo de vida saludable es fundamental para preservar el bienestar físico, psíquico y emocional. A lo largo del día y durante diversas etapas de nuestro crecimiento y desarrollo personal. Son muchas las situaciones y los factores externos e internos que nos generarán estrés, angustia o ansiedad. Pero debemos aprender a canalizar todas esas emociones a través de vías sanas como la actividad física y no mediante la comida. Sobre todo, si se quiere minimizar el riesgo de trastornos alimentarios graves como la anorexia o la bulimia nerviosa.
La baja autoestima, el acoso escolar, los problemas familiares, el miedo a la obesidad y la búsqueda de identidad. Al igual que la obsesión por seguir los marcados patrones de belleza de la sociedad actual o el culto a la delgadez. Aunado a otras condicionantes biológicas y psicológicas de cada persona. Pueden favorecer la emergencia de conductas irregulares asociadas a la restricción o a la ingesta excesiva de alimentos en un determinado momento. Incluso hacer que el afectado recurra a purgas constantes. En un intento de aliviar la culpa que siente tras los típicos atracones.
Por ello y aras de que identifiques este tipo de comportamientos de manera oportuna en algún familiar o amigo cercano. Te contaremos todo lo que debes saber sobre la bulimia nerviosa y cuándo es pertinente buscar ayuda profesional.
¿Qué es la bulimia nerviosa?

La bulimia nerviosa es una enfermedad psiquiátrica que afecta a 4 de cada 100 adolescentes en el mundo. Se caracteriza por la necesidad desenfrenada de consumir grandes cantidades alimentos en ocasiones puntuales. Y aunque es más común en mujeres de entre 12 a 36 años. Cada vez son más los casos de varones y adultos mayores que se suman a estas estadísticas. Pero, sin duda, lo más preocupante es que menos de la mitad de quienes que sufren de este tipo trastorno buscan o reciben tratamiento. Obviando el hecho de que la práctica sostenida de esta conducta puede poner en riesgo la vida.
Incluso, se estima que entre todos los trastornos de conducta alimentaria que existen. Las complicaciones derivadas de la anorexia y de la bulimia nerviosa encabezan una de las tasas más altas de muertes y suicidios a nivel global. Básicamente, porque las restricciones dietéticas y las purgas a las que se someten estas personas para perder peso o conservar una esbelta figura. No solo tienen un impacto negativo en la apariencia física, sino también en el funcionamiento de otros órganos vitales. Como el hígado, los riñones y el corazón.
Aunado a ello, en términos psicológicos puede favorecer el desarrollo o agravar notablemente cuadros de depresión, de ansiedad y hasta de bipolaridad. Haciendo que el afectado se autolesione a si mismo o que caiga en el consumo de sustancias ilícitas para tratar de evadir la realidad. Y, por supuesto, la toma de laxantes, sin causa justificada, para deshacerse del exceso de calorías tras los atracones. También puede derivar en serios problemas gastrointestinales. O en el deterioro prematuro de los dientes cuando se recurre a los vómitos.
Tipos de bulimia

Llegados a este punto y teniendo en cuenta la incidencia y las consideraciones generales de este desorden alimenticio. Es preciso acotar que, en función de la conducta que tenga cada individuo frente a la comida y de los métodos a los que recurra para inducir su evacuación. La bulimia nerviosa se clasifica en al menos dos tipos:
Purgativa

Toda persona que experimente ganas insaciables de comer y que incurra en los atracones. Para luego optar por la toma de uno o varios laxantes. O de diuréticos que aceleren el desecho de calorías. Está cursando por una bulimia de carácter purgativo. Al igual que todas aquellas chicas o chicos que apelan a los vómitos tras el consumo excesivo de comida.
No purgativa

Pese a lo que el grueso de la población se imagina cuando se habla de trastornos alimentarios. No todas las personas que sufren de bulimia nerviosa vomitan o toman laxantes. Pero eso no quiere decir que la patología esté ausente.
Algunas personas asumen otro tipo de conductas compensatorias para bajar de peso que también pueden ser nocivas para la salud. Tales como la práctica de algún deporte o ejercicio en exceso o saltarse comidas esenciales como el desayuno y la cena. Todo con el fin de no engordar.
Síntomas del trastorno

Los síntomas de la bulimia nerviosa están estrechamente relacionados con los de la anorexia. Debido a que, en ambos casos, el sujeto tiene una percepción distorsionada de su cuerpo y de la forma en la que debe alimentarse para mantenerse delgado. Aunque las vías o métodos a los que se recurre para perder peso pueden variar y ser más o menos nocivas que otras.
Lo cierto es que, estos indicios irregulares se manifiestan en el aspecto físico, pero también en el temperamento y en las destrezas sociales del afectado. Veamos pues, algunas de las consecuencias más notables de esta patología y cuáles son las señales de alarma ante las cuales debemos estar alerta.
- Atracones o ingesta excesiva de alimentos.
- Preocupación desmedida por la apariencia y el peso.
- Uso de laxantes sin justificación.
- Vómitos.
- Baja autoestima.
- Impulsividad y bajo nivel de autocontrol.
- Cambios drásticos de humor, pasando de un aparente bienestar o la tristeza en poco tiempo.
- Dolores de cabeza y mareos recurrentes.
- Problemas en las encías y los dientes.
- Pérdida de cabello.
- Irregularidades menstruales.
- Promiscuidad sexual.
Principales causas y factores de riesgo

Como avanzamos en líneas anteriores las causas que desencadenan esta afección suelen ser diversas y multifactoriales. De hecho, hasta la fecha y pese a las investigaciones que se han realizado en este ámbito. Los médicos no han sido capaces de identificar un detonante exacto que aplique en todos los perfiles afectados. Esto, debido a que, en la mayoría de los casos, la bulimia nerviosa es el resultado de una confluencia de muchos factores. Entre los que destacan tanto la genética y la biología como las interacciones sociales y la salud emocional.
En tal sentido, cuando se pretende determinar quiénes son más propensos a desarrollar este tipo de trastorno. Y qué medidas tomar para minimizar el riesgo de que nuestro hijos, amigos o familiares lo padezcan. O simplemente con el fin de comprender mejor el problema que estamos enfrentando. Debemos tener en consideración los siguientes factores:
Alteraciones biológicas

La química del cerebro cambia con el paso del tiempo. Y en algunos estadios o etapas de nuestra vida por la acción de ciertos agentes externos o internos. Puede disminuir la segregación de ciertas hormonas que nos ayudan a preservar la confianza personal y a mantener equilibrado el estado de ánimo. Como es el caso de la serotonina y de las endorfinas que, en bajas cantidades, se asocian con una mayor insatisfacción y tristeza.
Aunado a ello, trastornos como la obesidad o el sobrepeso. Tanto en la infancia como en la adolescencia, suelen aumentar las probabilidades padecer bulimia nerviosa.
Antecedentes familiares

Tener padres, hermanos, hijos o familiares cercanos que hayan experimentado algún tipo de desorden alimenticio. O que tengan una relación problemática con la comida, incide significativamente en el riesgo de desarrollar esta enfermedad. Sobre todo, por un tema de herencia.
Adicionalmente y de acuerdo a diversos estudios científicos. Se ha descubierto que quienes sufren de bulimia nerviosa presentan una alteración en el cromosoma 10. Que impacta directamente en la producción de sustancias neurotransmisoras como la serotonina. Así quieran o no este tipo de información se transmite a través de los genes. Incrementando la predisposición a dicha patología.
Problemas psicológicos y emocionales

La depresión, la ansiedad y estadios incipientes de la bipolaridad, influyen notablemente en la emergencia de trastornos alimentarios. De hecho, buena parte de las personas que atraviesan por este trastorno tienen la autoestima muy baja y se muestran insatisfechos con su imagen corporal. Sensaciones que van muy de la mano con un negativo autoconcepto y con una marcada tendencia al perfeccionismo.
Sin embargo, algunos traumas o eventos en específico como la pérdida de un familiar, el divorcio de los padres o la sobreprotección familiar. Al igual que bullying por sobrepeso durante la infancia. Pueden contribuir con la manifestación de la bulimia nerviosa.
Dietas estrictas

Sumergirse en el mundo de las dietas desde temprana edad. O iniciar un programa de alimentación demasiado restrictivo por un periodo de tiempo prolongado. Potencia la fuerza de los atracones o de la ingesta excesiva de comida a ciertas horas del día. Debido a que el cuerpo ha sido sometido a más limitaciones de las que debería. Así que cuando la persona se estresa o se desequilibra en términos emocionales, el hambre se desata de una forma voraz.
Dando paso al resto del comportamiento compulsivo que caracteriza la enfermedad. Con una alta incidencia de las purgas.
Influencia social

El cine, la televisión y más recientemente las redes sociales. A la que un gran porcentaje de la generación actual está constantemente expuesta. Impacta directamente en la idea de belleza, de éxito y de felicidad que se plantean y desean conseguir muchos adolescentes hoy en día. Sin embargo, no todas las realidades, ni los cuerpos, que se exhiben en dichas plataformas son reales, ni naturales.
Pero el consumo sostenido de este tipo de contenido, los hace querer imitar a toda costa dichos estereotipos. Al punto de incurrir en dietas sumamente restrictivas o en métodos nada saludables para alcanzar los cambios que pretenden ver en su cuerpo. En busca de validación social.
¿Cómo se diagnostica y cuándo acudir al médico?
Los adolescentes, las mujeres y los hombres que sufren de bulimia nerviosa, por lo general, suelen ocultar este problema por cierto tiempo. Sin embargo, síntomas y conductas inusuales como ir al baño con demasiada frecuencia y la desaparición de comida de la cocina. Al igual que la continua necesidad de comer aparte, la evasión de los encuentros sociales y el deterioro del esmalte dental. Son indicios que delatan la presencia del trastorno.
Así que, si como padre notas algunas de estas señales en tus hijos. No las ignores, ni las dejes pasar. Particípaselas de forma oportuna a un profesional para que lo evalúe y reciba el tratamiento psiquiátrico y psicoterapéutico adecuado. La primera fase del diagnóstico de este desorden alimenticio se lleva a cabo mediante los síntomas. Y el paciente no siempre comparte como se siente de forma inmediata. Pero ante los ojos de sus seres queridos y de quienes le rodean de seguro que no pasarán desapercibidos.
Evita que se autolesione o que la enfermedad cause mayores estragos de salud.

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