Romperse la muñeca por una caída, un accidente, una pelea o por recibir un fuerte golpe durante deporte. Puede ser un auténtico dolor de cabeza en términos de recuperación. En especial, si el afectado es un adulto mayor y si se trata de una fractura del escafoides. Uno de los huesos carpianos elementales que se encargan de brindarle movilidad y estabilidad a la articulación de la mano. Y que también ejerce una importante función biomecánica en la estructura de los pies.
Sin embargo, la buena noticia es que se trata de una fractura que si se detecta de forma oportuna tiene mayores probabilidades de curarse. Siempre y cuando el paciente reciba el tratamiento adecuado y siga al pie de la letra las recomendaciones del médico. Como inmovilizar la mano o el pie con una herramienta ortopédica por un mínimo de tres meses. De lo contrario, se hará más lenta y difícil la recuperación y la persona podría quedar padeciendo de rigidez o artritis a largo plazo.
Por ello, si quieres saber más sobre este tema e identificar con claridad los síntomas que se presentan ante este tipo de fractura. Sigue leyendo este artículo y descubre qué hacer y cómo abordar una lesión de esta naturaleza.
¿Qué es una fractura del escafoides?

El hueso del escafoides, también conocido como hueso navicular, es uno de los huesos más pequeños de la muñeca. Esto hace que sea uno de los más propensos a fracturarse entre las ocho estructuras óseas del plano carpiano. A diferencia del escafoides del pie o del escafoides tarsiano, que se fractura con menor frecuencia, pero a su vez conlleva una lesión más grave.
El hecho es que, el escafoides de la muñeca se encuentra articulado con el radio, el semilunar, el trapecio y el trapezoide. Haciendo parte importante de la función radio-carpiana y carpo-meta carpiana en la que también está implicado el pulgar. Y, como adelantamos en líneas anteriores, ejerce una trascendente labor biomecánica al estar ubicado en el área en el que se flexiona la muñeca.
Por tanto, se trata de una pieza esencial para poder llevar a cabo los movimientos de flexión, extensión y hasta de desviación cubital y radial de la mano. Es decir, que permite que los tendones se deslicen para que los dedos se doblen hacia el dedo meñique. Y al mismo tiempo hace posible que el pulgar se aleje de la línea media del cuerpo.
Una serie de funciones que se ven considerablemente limitadas cuando una persona sufre un esguince o cuando el escafoides se fractura. Bien sea a causa de una caída o de accidente automovilístico en el que se ve implicada la muñeca. Provocando así una menor movilidad de los dedos que, por lo general, viene acompañado por un intenso dolor.
Principales causas de una fractura del escafoides

El escafoides puede romperse por diversas causas, pero generalmente se fractura cuando una persona experimenta una caída con la mano estirada. Es decir, que este hueso tiende a romperse en circunstancias o escenarios en los que se imprime demasiada fuerza o peso sobre la mano. O cuando recibe un impacto muy fuerte con la muñeca extendida.
Así que son múltiples los ámbitos y eventos desafortunados en los que cualquiera corre el riesgo de quebrarse este hueso. Sin embargo, los más comunes y en los que más se registran incidentes de este tipo son en los siguientes contextos:
Prácticas deportivas
Encuentros durante deportes como el fútbol americano. En el que un jugador suele ser derribado por otro del equipo contrario para evitar que anote puntos. Es un escenario muy proclive para torcerse gravemente la mano. Debido a que dicha zona del cuerpo se encuentra completamente desprotegida.
Aunque también pueden suscitarse este tipo afecciones en partidos de fútbol convencional, de voleibol y de baloncesto. En donde las personas trabajan mucho con las manos extendidas y en donde son más propensos a caerse por un mal movimiento o por deslizamientos en la cancha.
Actividades al aire libre
Otro de los ambientes en los que existen altas probabilidades de que un niño o adulto sufra una fractura del escafoides. Es en el parque mientras maneja bicicleta o patina en rampas con patineta. Especialmente, cuando es novato y existe un mayor riesgo de caída.
No obstante, no deben subestimarse las edades, ya que los más experimentados tampoco están exentos de equivocarse o pasar por un percance en este sentido.
Accidentes automovilísticos
Los choques y accidentes de tránsito son otra de las potenciales causas de una fractura del escafoides. Básicamente, porque por instinto o como mecanismo de defensa. Algunos conductores a los que les da tiempo de reaccionar ante una colisión, suelen extender las manos por reflejo cuando se avecina el impacto.
Y esto hace que el cuerpo de los implicados, pueda experimentar diversas lesiones, de las que no escapan el cuello y las muñecas.
Caídas fortuitas
Los hechos inesperados también existen y se le presentan a más de una persona en la vida. Por tanto, independientemente de que se esté en casa o en el cuarto arreglando el closet. Cualquiera puede resbalarse por hacer un mal movimiento o por confiarse en el camino y caer al suelo involucrando las manos.
De hecho, un porcentaje significativo de las fracturas que sufren algunos adultos mayores se suscita en el hogar. Al igual que muchas de las travesuras de los bebés y los niños que no terminan nada bien cuando no están bajo supervisión en casas con patio
Peleas callejeras

Si un sujeto es agresivo y suele estar involucrado en riñas o en peleas callejeras. Aumenta la considerablemente la posibilidad de doblarse la mano o de sufrir una fractura de escafoides. Motivado a la fuerza que se imprime en las manos durante este tipo de desencuentros.
Una premisa que también aplica frente a peleas eventuales.
Tipos de fractura del escafoides

Dependiendo de la magnitud del daño, de la gravedad del desplazamiento, de los tejidos implicados y de los síntomas que presente la persona. Podemos identificar al menos tres tipos de fractura del escafoides. Estos de acuerdo a la clasificación de Herbert que combina la anatomía fracturaría con la estabilidad, para obtener un pronóstico más preciso de la lesión:
Estables
No presentan variaciones de forma, ni de volumen en el escafoides y por lo general mantienen su geometría espacial. Se trata de fracturas que aparecen incompletas y demandan de un tratamiento mínimo por ser de consolidación rápida.
Dentro de esta tipología se encuentran al menos un 8% de las fracturas del escafoides.
Inestables
Son aquellas que arrojan una fractura incompleta en las radiografías y a menudo reflejan un daño en ambas corticales. En estos casos el desplazamiento se pone de manifiesto, aunque no siempre aparezca. Pero en esencia son quiebres que alteran el equilibrio dinámico carpiano.
Inestables de origen mixto
Hace referencia a todas aquellas lesiones de alta energía y con luxaciones transescafoperilunares. Es decir, que son fracturas del escafoides en las que se registra una rotura de los ligamentos palmares radiolunares. Responsables de los movimientos articulares de la muñeca.
¿Qué síntomas advierten una fractura de este tipo?

La fractura del escafoides suele generar notables e inocultables molestias en quien la enfrenta. Sus principales síntomas se manifiestan en el dolor, pero también en la apariencia de la muñeca que puede empezar a lucir morada o hinchada tras recibir un fuerte impacto. Pese a ello, en algunos casos, se puede pecar de incauto y confundirla con un esguince. Debido a que las manifestaciones de ambas lesiones son similares.
No obstante, y en aras acortar los tiempos para el abordaje oportuno de esta dolencia. Es preciso acotar que cuando se rompe el referido hueso carpiano, el dolor es mucho más intenso y severo. Y suele ir acompañado de dificultades en la movilidad del pulgar y de la muñeca. Por ello, detallaremos a continuación los indicios más característicos de este tipo de fractura:
- – Dolor e inflamación en la muñeca
- – Deformidad anatómica del pulgar
- – Rigidez articular
- – Disminución de la fuerza muscular
- – Pérdida de sensibilidad en la zona del pulgar
- – Imposibilidad de apoyar la mano en diversas superficies sin sentir dolor
- – Hematomas inusuales
- – Hinchazón persistente aun después de las 48 horas
Si presentas todos o más de cuatro de estos síntomas, lo más probables es que estés ante un hueso fracturado. Sin embargo, para salir de dudas lo más recomendable es solicitar la valoración de un médico durante las primeras horas del incidente. A fin de recibir un diagnóstico y tratamiento oportuno para incidir positivamente en el pronóstico de curación.
¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico de una fractura de escafoides en principio se lleva a cabo mediante una revisión física por parte de un traumatólogo. Este valorará si la muñeca realmente está inflamada y si presenta pérdida de movilidad en la zona. Aparte de evaluar la apariencia de los hematomas y la sensibilidad que presente el paciente.
Posteriormente, para asegurarse o confirmar que en efecto se trata de una rotura, realizará una serie de pruebas complementarias. Tales como:
- – Radiografías. Para obtener imágenes claras y precisas de los huesos.
- – Resonancia magnética. Con la que podrá confirmar o descartar la fractura del escafoides, incluso antes de recibir los resultados de la radiografía.
- – Tomografía computarizada. En aras de precisar el grado de desplazamiento de los huesos y con el fin de terminar de prescribir el tratamiento más apropiado.
Tratamientos indicados

En función de la edad de la persona, de las características de la fractura, de la ubicación y del tiempo que lleve el paciente con la lesión. El médico traumatólogo determinará que tratamiento es más conveniente para bajar la inflamación y para reestablecer la sensibilidad y la movilidad de la muñeca en cada sujeto.
No obstante, en líneas generales, lo primero que se suele indicar en estos casos, son analgésicos para aliviar el dolor y la hinchazón. Aunque las compresas con hielo sobre la muñeca, también ayudarán en mucho. Acto seguido, dicho profesional sopesará entre optar por soluciones no quirúrgicas como férulas, yesos o tablillas a fin de inmovilizar la mano. O podría decantarse por sugerir procedimientos quirúrgicos cuando exista desplazamiento del hueso y cuando la fractura se encuentre en la zona proximal.
En estos últimos casos los cambios en la posición del hueso, la fijación interna con implantes metálicos y el injerto óseo. Con o sin fijación interna, constituirán excelentes alternativas para alinear, estabilizar y favorecer la sanación del hueso.
De resto, durante el periodo de recuperación, se le recomendará al paciente:
- – No levantar o manipular más de medio kilo con la muñeca
- – No participar en deportes de contacto
- – Suspender el consumo alcohol y cigarrillos para no entorpecer el tratamiento
- – Evitar lanzar objetos con el brazo lesionado

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