Tener huesos sanos y fuertes es indispensable para garantizar la movilidad y reducir el riesgo de fracturas graves. Sobre todo, al momento de recibir un golpe o a la hora de sufrir un accidente que podría dar paso a una potencial fractura del escafoides o de cualquier otra parte del cuerpo. Sin embargo, con el paso de los años factores como la edad y hábitos nocivos como fumar pueden contribuir con la pérdida de densidad ósea. Haciendo que el afectado sea más propenso a padecer de distintos tipos de lesiones.
La osteoporosis o la descalsificación progresiva de los huesos. Es una de las causas más comunes que desencadena la pérdida de minerales en las estructuras óseas. Pero, llevar un estilo de vida sedentario u adoptar una alimentación poco saludable, también hace que los huesos se tornen más frágiles, débiles y menos resistentes. Sigue leyendo este artículo si quieres saber cómo diagnosticar esta afección de forma oportuna y evitar o retardar la disminución prematura de la masa ósea.
¿Qué es la densidad ósea?

La densidad ósea es un indicador que da cuenta del grado de concentración de minerales que está presente en los huesos. Principalmente de minerales como el calcio y el potasio que son esenciales en la composición de las estructuras óseas. Sobre todo, cuando se trata de tener huesos mucho más sanos y fuertes. Esta variable se expresa en gramos por centímetros cuadrados y se considera alta cuando las cantidades de calcio y de fosfato son superiores al promedio.
Es decir que, si tras realizarte una densitometría ósea, la puntuación T es de -1 o más. Es posible hablar de una densidad ósea alta o de lo que también se traduciría en una persona con huesos sanos. Mientras que, en todos aquellos casos en los que la concentración de calcio y fósforo, está por debajo del promedio, en un volumen determinado de hueso. Podría significar que el paciente en cuestión cuenta con una baja densidad ósea.
Una condición a la que también se le conoce como osteopenia y que si bien constituye una pérdida menos grave de densidad mineral. Qué, por lo general, no genera mayores síntomas o complicaciones. Bien puede agravarse con el paso del tiempo y avanzar hasta convertirse en osteoporosis. En donde, la puntuación T o el porcentaje de masa ósea se ubica en -2.5 o menos.
Lo cual se traduce en un aumento del riesgo de fracturas y de sufrir muchas otras dolencias. Tales como dolor de espalda, curvatura de la columna, deformidad de los huesos, rigidez y muchas manifestaciones como pérdida de peso y de estatura.
¿Qué pruebas se emplean para medir la densidad ósea?

Determinar una pérdida de densidad ósea en sus estadios iniciales no siempre es una tarea fácil. Especialmente, por la ausencia de síntomas significativamente marcados. Sin embargo, si empiezas a notar dolores de espalda de forma recurrente e inusual. O si experimentas síntomas asociados a la desmineralización de los huesos en sus estadios intermedios. En los que el cuerpo deja de fabricar nuevo tejido óseo con la misma rapidez que reabsorbe el antiguo tejido.
Lo más recomendable es que acudas a especialista para una exhaustiva valoración física. En la que muy probablemente, se analice tu historia clínica y tus antecedentes médicos. Para luego solicitar la realización de otras pruebas y exámenes más especializados.
A continuación, te presentamos algunas de los análisis que contemplan las fases preliminares del diagnóstico de dicha patología:
Densitometría ósea

También conocida como DXA o DEXA, por sus siglas en inglés. La densitometría ósea es la prueba que se utiliza con mayor frecuencia para medir la cantidad de calcio y otros minerales que están presentes en áreas específicas de los huesos. Por lo que resulta un examen sumamente útil para el diagnóstico de enfermedades como la osteoporosis. Así como para predecir el riesgo de fracturas a la que puede enfrentarse una persona.
Además, destaca como el examen de referencia médica para determinar de manera temprana y oportuna diversos casos de osteopenia. Al igual que la pérdida de densidad ósea o de baja masa ósea en edades tempranas. Convirtiéndola en una excelente aliada para abordar, retardar y tratar eficazmente casos de osteoporosis.
Esta prueba es completamente sencilla, rápida e indolora. Y a diferencia de otros estudios, no requiere de ayunas, ni preparación específica para llevarla a cabo. Solo se recomienda ser mayor de 30 años y no estar embarazada.
Análisis de sangre

Como parte de los exámenes de rigor que deben efectuarse para descartar muchos otros trastornos y enfermedades de base. Tales como la diabetes, la artritis reumatoide y la enfermedad renal. Al igual que diversas deficiencias nutricionales que podrían estar favoreciendo la pérdida de masa ósea. Lo más ideal para comprender la causa de los principios de una osteopenia o de la osteoporosis, en cuestión. Es realizar unos análisis de sangre.
Sobre todo, para que el especialista analice y evalué cómo se encuentran los niveles de vitamina D y las concentraciones de calcio y de fosfato en el organismo del paciente. Pues todo esto incidirá significativamente en el desarrollo de la enfermedad.
Tomografía computarizada

Otra de las evaluaciones complementarias que ayudan a optimizar el diagnóstico de una pérdida de densidad ósea. Y que podrían considerarse como necesarias para los expertos en determinados escenarios. Son las resonancias magnéticas o las tomografías computarizadas. Debido a que con este tipo de estudios se obtienen imágenes más precisas del estado en el que se encuentran los huesos del paciente.
Además, resultan sumamente útiles en casos de fracturas. Pues ayudan a determinar con mayor precisión las características de la lesión y su impacto o incidencia en otras estructuras.
¿En qué casos se recomiendan los exámenes de este tipo?

Como avanzamos en líneas anteriores la densitometría ósea es ideal para precisar que tan frágiles o propensos a quebrase son los huesos de una persona. De hecho, los huesos que se analizan con mayor frecuencia ante este estudio son la columna vertebral, la cadera y el antebrazo. Especialmente, para confirmar un diagnóstico de osteoporosis y prescribir el tratamiento más adecuado para controlar la enfermedad.
En tal sentido, mientras más alto sea el contenido mineral de un segmento óseo, mayor será la densidad de los huesos. Y a mayor densidad, mayor fuerza y menor riesgo de fracturas experimentará el sujeto.
Sin embargo, independientemente del género o la edad y más allá de que las estadísticas de mujeres con osteoporosis sean mucho más altas. Lo más probable es que los especialistas sugieran la realización de una densitometría ósea si:
- Presentas pérdida de estatura. De al menos 1,5 pulgadas o 3,8 centímetros por fracturas y compresión en la espina dorsal.
- Fracturas comunes y recurrentes en los huesos. Especialmente durante tos o estornudos muy fuertes, de la mano con fragilidad ósea.
- Disminución en los niveles hormonales. A raíz de procesos como la menopausia o la disminución de los niveles de estrógeno por el efecto de ciertos tratamientos oncológicos. Como la quimioterapia para el cáncer de próstata.
- Y en pacientes sometidos a la toma de ciertos fármacos y medicamentos. Como el consumo prolongado de esteroides. Entre las que destaca la prednisona que interfiere con el proceso de reconstrucción ósea.
Causas y factores que aceleran la pérdida de densidad ósea

Si bien la concentración mineral de los huesos cambia con el paso del tiempo. Promoviendo la reabsorción y el reemplazamiento del calcio a medida que envejecemos. Y haciendo que la composición de los huesos y de las sustancias que los conforman vayan ganando más fuerza. Es finales de los 20 años que la mayoría de las personas alcanzan su máxima masa ósea.
De ahí en adelante, el proceso de renovación ósea se va volviendo mucho más lento y menos progresivo. Incluso en algunas ocasiones la causa de la pérdida de densidad ósea es de origen desconocida. Aunque en la mayoría de los casos guarda una estrecha relación con variables de orden hereditario. Al igual que con procesos fisiológicos naturales como la menopausia en el caso de las mujeres.
En tal sentido, algunos de los principales factores que aceleran la pérdida de masa ósea, son las siguientes:
- Edad. A partir de los 50 años, las mujeres tienen un mayor riesgo de sufrir de fragilidad o debilidad en los huesos. Mientras que, en el caso de los hombres, los 70 años es una edad clave en la que toca a la puerta la descalcificación.
- Osteoporosis. Como parte de las características de esta enfermedad esquelética, la osteoporosis aumenta la probabilidad de que los huesos se debiliten y se fracturen. Debido a que el tejido óseo deja de reemplazarse de forma constante.
Igualmente, otras variables que inciden en los problemas de este tipo se resumen en los siguientes aspectos:
- Bajo peso al nacer.
- Disminución de la testosterona.
- Fumar y beber alcohol en exceso.
- Llevar una alimentación baja en calcio.
- Deficiencia de vitamina D.
- Afecciones de base como diabetes tipo 1.
- Tratamientos de bloqueo hormonal.
- Fibrosis quísticas.
- Secuelas de la anorexia y la bulimia.
Recomendaciones y tratamientos indicados

En caso de que se presenten síntomas de baja densidad ósea. Lo ideal es que se acuda al traumatólogo a la brevedad posible. En especial, cuando se manifiesta un persistente dolor de espalda que no cesa con cremas o relajantes musculares. De ahí en adelante y tras someterse a las pruebas de rigor para determinar en qué estado se encuentran los huesos del paciente. Se prescribirá el tratamiento más adecuado que, en la mayoría de los casos se centra el consumo de suplementos de calcio y en la toma de vitamina D. Con el fin de mantener en óptimo estado los índices de dichos minerales y nutrientes.
Adicionalmente, de acuerdo con el portal de salud Cigna. Otros medicamentos que pueden usarse para frenar o mitigar el avance de la baja densidad ósea, son los bisfosfonatos, el raloxifeno y el reemplazo hormonal. Al igual que otros tratamientos basados en inhibidores de la resorción ósea. Y, por supuesto, todas las medidas preventivas pertinentes que incluyen los siguientes hábitos:
- Aumentar la ingesta de alimentos que contengan calcio y vitamina D. Tales como quesos, yogures y vegetales de hoja verde.
- Hacer ejercicio con regularidad. O realizar actividades como trotar, bailar, nadar, jugar tenis, padel o subir escaleras.
- Mantener un peso saludable y evitar el sobrepeso.
- Comer más alimentos ricos en ácidos grasos y en omega 3.
- Reducir el consumo de carbohidratos y grasas trans.
- Limitar la ingesta de bebidas alcohólicas.
- Y suspender el consumo de tabaco o cigarrillo.

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