Existen enfermedades de la sangre que comprometen o alteran la producción de glóbulos rojos, de glóbulos blancos y de plaquetas en el organismo. Una serie de células indispensables para garantizar el suministro de oxígeno que llega a los pulmones. Así como para combatir diversas infecciones que ponen en riesgo la salud. Sin embargo, a consecuencia de ciertos tipos de cáncer como la leucemia, el linfoma y otras patologías inmunitarias. Es posible que se requiera de un trasplante de médula ósea.
De hecho, gracias a los invaluables beneficios de este procedimiento que permite dar con la cura de múltiples enfermedades mortales. Se trata de uno de los tratamientos más eficaces para remitir los síntomas de diversas afecciones graves. Sobre todo, con la intención de prolongar la vida del paciente y de mejorar significativamente su calidad de vida.
En este artículo te explicaremos en qué consiste un trasplante de médula ósea y cómo prepararse para el proceso pre y postoperatorio de este tratamiento.
¿Qué es un trasplante de médula ósea?

Cuando el cuerpo no produce suficientes células sanguíneas sanas para garantizar el óptimo funcionamiento del organismo. Se planea la necesidad de llevar a cabo un trasplante de médula ósea. Un procedimiento mediante el cual son reemplazadas las células madres defectuosas que comprometen la salud de un individuo. Sobre todo, en casos de pacientes que padecen de enfermedades graves como la leucemia.
La médula ósea es un tejido esponjoso que está presente en huesos como el fémur y las caderas. Los cuales contienen una alta cantidad de células madres. Y estás a su vez suelen ser realmente útiles para fabricar tanto glóbulos rojos como glóbulos blancos y plaquetas. Una serie de componentes que desempeñan un papel trascendental en el bienestar del cuerpo humano. Debido a que se encargan de proveer tanto el oxígeno que demandan los pulmones. Como de favorecer el proceso de coagulación y el fortalecimiento de las defensas del sistema inmune.
Por ende, extraer e inyectar células madres sanas que bien pueden obtenerse del mismo paciente o de un donante. Para luego ser administradas a través de una sonda intravenosa, mediante un proceso muy similar al de una transfusión de sangre. Permitirá requilibrar la producción y el número de células que requiere el organismo de una persona para operar en perfectas condiciones.
Esto hace del trasplante de médula ósea uno de los tratamientos más indicados para salvar la vida de millones de pacientes con cáncer.
¿En qué casos se recomienda?

Debido a la incidencia positiva de este procedimiento en la reposición de glóbulos blancos, glóbulos rojos y de plaquetas. El trasplante de médula ósea está especialmente recomendado para todas aquellas personas que, por diversos tipos de afecciones. Ven alterado el funcionamiento su sistema respiratorio e inmunitario. Haciendo que les resulte mucho más difícil combatir los efectos negativos de infecciones y de virus o bacterias que circulan en el ambiente.
Por ello, constituye una de las soluciones más contundentes para destruir las células cancerosas. Pero también para mejorar la calidad de vida de personas con enfermedades graves de otra índole. Así que algunos de los perfiles en los que más pueden contribuir las bondades de este tratamiento se resumen en las siguientes patologías:
- Diversos tipos de cáncer de Tales como linfoma, leucemia y mieloma.
- Anemia aplásica.
- Anemia de células falciformes por enfermedades inmunes o genéticas.
- Síndromes de insuficiencia de la médula ósea. Caracterizados por producir escasa cantidad de sangre.
- Errores congénitos del metabolismo.
- Síndromes mielodisplásicos.
- Trastornos de las células plasmáticas.
- Inmunodeficiencias.
- Amiloidosis primaria.
- Neuroblastoma.
- Y síndrome de POEMS.
Aunado ello y aunque, por lo general, tiende a ser menos frecuente. En ocasiones también puede ser utilizado para el abordaje de enfermedades autoinmunes. Entre las que destacan la esclerosis sistémica, la esclerosis múltiple y la enfermedad de Crohn.
No obstante, al final de cuentas la respectiva viabilidad del tratamiento deberá ser confirmada por un hematólogo. Debido a que no todos los tipos de neoplastias hematológicas demandad de un trasplante de médula ósea.
Tipos de trasplante de médula ósea

En la actualidad, existen diversos tipos de trasplante de médula ósea o de células madres. Sin embargo, en función de la forma en la que se obtiene o extraer dicho tejido. Se pueden clasificar e identificar al menos de dos tipos esenciales.
Veamos en qué consisten y en qué se diferencian cada uno de ellos.
Trasplante autólogo

Se trata del procedimiento curativo en el que las células madres se extraen del mismo cuerpo del paciente. Y, por lo general, suele estar más indicado para personas que sufren de linfoma o de miolema múltiple.
La quimioterapia que se aplica para tratar ciertos tipos de cáncer puede llegar a dañar las células y el sistema inmunitario. Por lo que la infiltración de células madres sanas, ayudarán a restaurar y a fortalecer notablemente las defensas del organismo.
Trasplante alogénico

Es el trasplante de médula ósea que procede de un donante. Específicamente de un donante sano y compatible que en la mayoría de los casos es un familiar cercano. Como es el caso de una madre, de un padre o de un hermano. Aunque el grado compatibilidad de los hermanos no siempre es el más alto y por lo general, tiene una probabilidad de 25 % en este sentido.
Por ello, en caso de que la persona no cuente con un hermano compatible. Se iniciará la búsqueda de un donante externo en base a los distintos registros relacionados. Priorizando que las proteínas del colaborador coincidan con la del paciente. Así que la rapidez o demora del proceso podría variar en función de cada persona.
Sin embargo, si el equipo médico no logra dar con un donante compatible en poco tiempo. Otras dos opciones a las que se puede apelar son las siguientes:
- Trasplante de sangre de cordón umbilical. En el que las células madres se obtienen del cordón que conecta al feto con la madre durante el nacimiento. Siendo una de las alternativas más explotadas por diversos centros de cáncer en todo el mundo.
- Trasplante de padre/ hijos. Donde el porcentaje de compatibilidad aumenta hasta más de un 50%. Haciendo que los médicos recurran con mayor frecuencia a esta vía por su alta tasa de éxito en numerosos pacientes.
¿Cómo prepararse para el procedimiento?

Lo primero que se realiza previo a un trasplante de médula ósea. Son una serie de pruebas que ayuden a determinar qué tipo de procedimiento es el más adecuado para el paciente en cuestión. Es decir que, mediante esta etapa el médico sopesará si es más conveniente llevar a cabo un trasplante autólogo o un trasplante alogénico. Y de ahí en adelante ir avanzando en la búsqueda de un donante compatible en caso de que las células del paciente no resulten funcionales.
Además, esta revisión de rigor le permitirá al especialista conocer a cabalidad el estado de salud del sujeto. Especialmente, para garantizar que esté físicamente apto para el trasplante. Por lo que este periodo de evaluación detallada podría demorarse varios días. Mientras que, en caso de que se planee el uso de las células madres de la persona. Se procederá a recolectarlas con anticipación, en aras de resguardarlas de manera segura en un congelador.
Posteriormente, el paciente se someterá a un tratamiento de condicionamiento. Que podría incluir tanto quimioterapia como radiación. Con el fin de destruir las células cancerosas y evitar su diseminación hacia otras partes del cuerpo. Pero también para inhibir el sistema inmunitario y evitar que el cuerpo rechace el trasplante de médula ósea.
De ahí en adelante el sujeto deberá permanecer al menos 1 o 2 semanas en el hospital. Mientras se prepara para la transfusión o administración de las células madres. La cual se realizará mediante un catéter intravenoso. Así que además de asistir con un familiar. Lo más recomendable es que se lleve una buena provisión de ropa y de artículos de aseo personal.
En qué consiste el postoperatorio de este tratamiento

La recuperación de un trasplante de médula ósea, por lo general, es un proceso largo. Qué demanda de mucha paciencia, de pruebas y de revisiones constantes durante un largo periodo de tiempo. De hecho, suele estar estructurada por etapas, que incluyen desde un monitoreo diario después del día del trasplante. Hasta un programa de chequeos médicos periódicos en los meses y años sucesivos.
Pero, sin duda, uno de los aspectos más importantes a monitorear durante el periodo inicial. Serán los indicios de infección. Debido a que la incidencia de tratamientos intensivos como la quimioterapia podrían aumentar la probabilidad de cursar por algún proceso bacteriano. Sin embargo, con la toma de ciertos medicamentos y antibióticos prescritos por el médico tratante. Se podrá reducir considerablemente el riesgo de cursar por inconvenientes de este tipo.
De resto y con el paso de los días, se harán pruebas para corroborar que, en efecto, el número de células sanas sigue creciendo. Y de tener éxito el trasplante el recuento de glóbulos blancos empezará a aumentar. Lo cual quiere de decir que el cuerpo está empezando crear su propia sangre en óptimas condiciones.
Aunque, en términos concretos el periodo de recuperación dependerá de las condiciones de salud de cada paciente. Así como del tipo de trasplante que se realizó y de muchos otros factores. Como la zona que demandaba el procedimiento, la compatibilidad del donante y la incidencia de otras enfermedades subyacentes.
Riesgos y complicaciones asociadas

Si bien el trasplante de células madres es recurso altamente favorable para mejorar el pronóstico de vida de persona con cáncer. Se trata de un tratamiento intravenoso que no está exento de riesgos, ni de complicaciones. Sobre todo, por la naturaleza del procedimiento. Sin embargo, estos efectos secundarios pueden ser muy variados y están sujetos a factores como la edad, la salud del paciente y el motivo del trasplante.
A continuación, te presentamos algunas de las complicaciones más comunes que se podrían presentar en estos casos:
- Infecciones.
- Náuseas y vómitos.
- Inflamación o dolor de garganta.
- Menopausia precoz.
- Infertilidad.
- Cataratas.
- Daños en los órganos.
- Sangrado en los pulmones o en el cerebro.
- Y enfermedad de injerto contra huésped, en donde las células del donante atacan el organismo receptor.
El médico tratante se encargará de precisar con mayor detalle los riesgos y beneficios del procedimiento en cada caso. De manera que cada persona tome la decisión que más le convenga. Haciendo un balance realista de los pros y los contras.

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