Las manos son una de las extremidades del cuerpo más propensas a fracturarse. Debido a que están constituidas por huesos frágiles y pequeños. Una característica ósea que aumenta las probabilidades de que los metacarpianos y falanges se lesionen y se rompan con mayor facilidad ante accidentes o caídas. Sobre todo, cuando se recibe un impacto energético o un traumatismo indirecto en torsión. De hecho, el 80% de las lesiones que suscitan en los huesos de la mano, están asociadas a este tipo de fractura.
Los metacarpianos son huesos largos y cilíndricos que se articulan con el carpo y con las falanges proximales de los dedos. La principal función de estas estructuras es permitir la movilidad y flexibilidad de la mano en toda su extensión. Por tanto, son esenciales para llevar a cabo acciones como sujetar, apretar o escribir. Así como para realizar muchas otras actividades que, ante una fractura de mano, pueden verse considerablemente limitadas.
Acompáñanos en el desarrollo de este artículo y descubre cómo identificar los síntomas de este tipo afección. Cuáles son los tratamientos indicados y las características propias del proceso de rehabilitación.
¿Qué es una fractura metacarpianos y falanges?

Como avanzamos en la introducción de este post. Los huesos metacarpianos y falanges son sumamente importantes y juegan un papel fundamental en los movimientos que realizamos a diario con las manos. Por ello, cuando alguno se fractura, se suscita una pérdida de continuidad en la estructura ósea. Y esto hace que se manifieste dolor y una visible dificultad para mover los dedos o para realizar acciones sencillas como apretar o sujetar un objeto.
Es tal el valor y la trascendencia que tienen dichos huesos que, dentro de la constitución del esqueleto de la mano. Solo 19 de los de los 27 huesos la conforman corresponden a los metacarpianos y a los falanges. Con 5 y 14 piezas calcificadas, respectivamente. Los primeros, después de los huesos del carpo, son más grandes, completos y gruesos.
Mientras que los 14 falanges destacan por ser más delgados y cortos a medida que se acercan a los extremos de los dedos. Dividiéndose en tres tipologías de huesos: proximales, medios y distales. Siendo el falange distal o la falangeta la más propensa a romperse y una de las fracturas más frecuentes de la mano junto al conocido quiebre del escafoides.
¿Qué tan peligrosa puede ser esta fractura?

La gravedad de la lesión, dependerá del número de metacarpianos y falanges que se hayan visto afectados durante el incidente. Al igual que en función del tipo de desplazamiento que presente el hueso. De este modo, si la persona experimenta una fractura estable, lo más probable es que solo manifieste dolor y edemas en los dedos. Al punto que, podría confundirse con un esguince en algunos casos.
Pero, si, por el contrario, la mano se hincha, se observan los dedos torcidos y la persona empieza a ver reducida la movilidad de los dedos. Se tratará seguramente de una fractura desplazada que claramente es más fácil de identificar y que demandará de un tratamiento más riguroso.
La mayoría de estos traumatismos suelen dejar algo de rigidez e hinchazón en las articulaciones y son más habituales entre la población masculina. En especial, entre los jóvenes que practican deportes. Sin embargo, en el grueso de los casos, se cura con el uso de una férula o escayola. Y solo en casos excepcionales demanda de cirugía. Por lo cual, con un tratamiento oportuno y adecuado, la recuperación puede concretarse en alrededor de unas 16 semanas.
¿Cómo identificar una fractura de este tipo?

Las fracturas de los metacarpianos y falanges son muy fáciles de identificar, sobre todo, cuando el sujeto presenta una lesión desplazada e inestable. En esos casos se evidencia una notable deformidad y una severa impotencia funcional para utilizar la mano. No obstante, en los escenarios más leves, en los que tampoco deben ser subestimados por el afectado. También se presentan claros indicios de malestar, inflamación e irregularidad al momento de observar y apoyar los dedos.
Por ello y a fin de minimizar los riesgos de futuras complicaciones y secuelas como rigidez metacarpofalángica, osteoartritis o daño de los nervios y vasos sanguíneos. Te revelamos algunos de los síntomas más característicos que suelen aparecer ante este tipo de quiebres:
Dolor intenso o dificultad para mover, cerrar o apretar la mano

Si tienes algún grupo de metacarpianos y falanges rotos. Lo normal es que los músculos que rodean la zona lesionada traten de mantener los huesos comprometidos en su lugar. Y esta respuesta instintiva del organismo generará espasmos musculares.
Aunado a ello, por esas mismas razones experimentarás significativas molestias al intentar realizar los habituales movimientos de la mano. Movimientos que, previo al accidente o la caída, de seguro te parecían sumamente simples y hasta automáticos debido a los impulsos canalizados por el cerebro.
Hinchazón

Ante una fractura de este tipo las células inmunitarias del cuerpo liberan una serie de sustancias que aumentan el flujo sanguíneo en la zona lesionada. Esto trae como resultado que la mano se torne inflamada, enrojecida y con mucha más sensibilidad de lo usual.
Básicamente porque ante una ruptura de falanges también se produce un sangrado y la coagulación de la sangre en esa área genera hinchazón. Un síntoma que indiscutiblemente delata una lesión.
Hipersensibilidad

De la mano con los espasmos musculares y el dolor. Al intentar apoyar la mano o al tropezar la zona lesionada, es lógico que se manifieste una mayor sensibilidad. Debido a que, como dijimos en líneas anteriores, la mano se encuentra inflamada, maltratada y atravesando por un proceso de sangrado interno.
Hematomas o moretones

Esta es otra de las claras señales que se hacen notar en la superficie cutánea al sufrir un quiebre de metacarpianos y falanges. Y, por lo general, se deriva de una los vasos sanguíneos hueso afectado o de los tejidos circundantes.
Pero, en esencia, los moretones se producen a raíz de una coagulación de la sangre que se encuentra debajo de la piel.
Entumecimiento

El hormigueo o la pérdida parcial o total de la sensibilidad en la mano estropeada. Constituye otro de los síntomas característicos de una fractura, en especial, cuando ha pasado a un estadio más grave en el que el paciente podría requerir de una cirugía.
Las fases leves e intermedias de una rotura de huesos carpianos no pasan del dolor, inflamación o enrojecimiento. El entumecimiento, sin duda, está asociado a un nivel de daño o afectación superior que, ciertamente demanda de otras medidas.
Rotaciones o rigidez articular

Si tus dedos han cambiado ligeramente de orientación o te cuesta moverlos con normalidad y has experimentado un fuerte impacto recientemente. Enciende las alarmas y acude a un especialista.
La rigidez articular es uno de los signos y de las secuelas características de las fracturas en metacarpianos y falanges. Así que no le restes importancia a sus manifestaciones.
Deformación aparente de los dedos

Muy apegado a la emergencia de las rotaciones de los huesos y específicamente cuando se producen fracturas con desplazamiento inestables. Es muy común que se presenten algunas deformidades visibles en los dedos.
Y esto, solo quiere decir que la lesión es más comprometedora de lo que imaginabas. Por tanto, es muy probable que requiera de cirugía para realinear los metacarpianos y falanges de manera correcta.
¿Cuáles son las principales causas que la originan?

Las fracturas en metacarpianos y falanges pueden producirse por diversas circunstancias. Pero las causas más comunes por las que se originan se resumen en traumatismos por accidentes o caídas. Y en el debilitamiento de la estructura ósea a raíz de la formación de un tumor o quiste benigno en las manos.
Debido a que sólo por el hecho de ser una zona compuesta por piel, huesos, nervios, vasos sanguíneos, cartílagos, músculos y tendones. Las manos también son tejidos propensos a enfrentar la formación de este tipo de masas duras o gelatinosas.
No obstante, lo más frecuente es que la rotura de estos huesos se suscite por las siguientes razones y en los siguientes escenarios:
Caídas
Todos en algún momento, independientemente de la edad, podemos sufrir una caída fortuita o por descuido. Un percance en el que por instinto o reflejo extendamos las manos para tratar de hacernos menos daño en otras zonas del cuerpo, como la cara. Y, en ese proceso, los metacarpianos y falanges pueden llevarse la peor parte y el mayor impacto, haciendo que se fracturen.
Esto puede ocurrir mientras realizamos actividades al aire. Al tropezarnos con algún obstáculo por ir excesivamente apurados e incluso en la tranquilidad y aparente seguridad de nuestro hogar. Bien sea por confiarnos o enredarnos con un algún objeto al bajar las escaleras. O al tratar de alcanzar algún producto en lo alto de la despensa.
Traumas deportivos
Las lesiones y los traumatismos son sumamente comunes en todas aquellas personas que practican deporte. De hecho, en cada encuentro corren el riesgo de partirse algún hueso o de experimentar un desgarre muscular por un mal movimiento. O por el choque intencional o accidental de otro compañero en el campo.
En especial, cuando se trata de actividades como el voleibol, el básquet, el fútbol americano, el fútbol convencional, el boxeo, el rugby y el hockey. Donde las manos son la principal herramienta para jugar y tener un buen desempeño.
Accidentes de tránsito
Ante colisiones en la vía o durante choques inesperados. Al igual que el cuello, los huesos de las manos son unos de los más propensos a fracturarse. Y más en casos en los que el carro se voltea o es impactado de frente o de lado por otro conductor irresponsable.
Es una gran bendición, salir vivo e ileso de estos eventos. Pero, sin duda, lo mínimo que te llevarás son algunas fracturas o golpes si vas frente al volante.
¿Qué tratamientos se recomiendan en estos casos?

Los tratamientos más idóneos para las lesiones de este tipo están sujetos a los síntomas que presente el paciente. Y al tipo de desplazamiento en el que se inscriba la fractura. Una información que confirmará el médico tratante mediante una evaluación física y con el apoyo de una radiografía en tres planos de la mano afectada.
Aunque en algunos casos y a fin de precisar mejor el grado de desplazamiento, el especialista podría realizar una tomografía. Un examen que le brindará una perspectiva más clara del estado en el que se encuentran los fragmentos articulares.
De ahí en adelante y en base a todas esas condiciones, se decantará entre apostar por métodos ortopédicos. Usando férulas, ortesis, yesos o vendajes, en caso de fracturas de metacarpianos y falanges sin desplazamiento. O podría apelar a intervenciones quirúrgicas para estabilizar el hueso y realinear los dedos. Mediante agujas, tornillos o placas de acero inoxidable o de titanio, ante fracturas desplazables, inestables o articulares.
Mientras que en términos de rehabilitación el paciente deberá comprometerse a realizar los ejercicios que le indique el fisioterapeuta. A fin de recobrar el movimiento y la funcionalidad óptima de la mano en menor tiempo.

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